EN DIÁLOGO CON GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA


Fuente: Revista Espacio Laical, Año 9, número 1, 2013

EN DIÁLOGO

La sociedad cubana: algunos retos y perspectivas desde la situación actual

Guillermo Rodríguez Rivera (1943-2017, Cuba) Fotos: ManRoVal

Conferencia impartida el 15 de febrero en el Centro Cultural Padre Félix Varela, de la Arquidiócesis de La Habana, por Guillermo Rodríguez Rivera, ensayista, profesor universitario, filólogo y poeta, en un encuentro auspiciado por la revista Espacio Laical.

Los compañeros de la revista Espacio Laical, con la que en varias ocasiones he tenido la satisfacción de colaborar, me han solicitado que exponga ante ustedes algunas ideas sobre el actual acontecer cubano. Luego vi que a esta charla se le dio el título mucho más formal de “La sociedad cubana hoy: retos y nuevas perspectivas” No sé hasta qué punto cumpla con ese mucho más comprometedor propósito, pero sí voy a hablar de algunos problemas que nos interesan a todos y a presentarles mis ideas sobre ellos. Ya algunas las he expresado en varios medios digitales, como es “Segunda Cita” el blog de mi fraternal amigo Silvio Rodríguez; también lo he hecho en La Jiribilla, en la página web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y en la propia revista Espacio Laical.

Aunque yo no soy católico —una vez lo fui y perdí la fe en algún vericueto de la vida—, creo que no únicamente por fe religiosa está el hombre obligado a creer en ciertas normas que hacen solidarias las relaciones con sus semejantes. “Ama a tu prójimo como a ti mismo; es una exigencia a cuyo acatamiento se puede llegar por muchas vías.

Les llamo compañeros a los amigos de Espacio Laical no porque compartamos el mismo credo filosófico, sino porque, más acá o más allá de ello, compartimos la idea de procurar el mejoramiento de la sociedad en la que vivimos. Por ello me he sentido honrado cada vez que han procurado mis criterios sobre diversos y complejos problemas que nos ocupan y preocupan a todos.

Muchos cubanos quisiéramos que los cambios de los que se ha hablado y sobre los que se ha legislado, y otros que todavía se han callado pero que tendrán que asomar en algún momento, sobrevinieran con la urgencia con que queremos ver el mejoramiento de la vida cubana.

Hace poco le he escuchado a Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, una frase sobre algo que todo gobernante debía tener el deber de procurarle a su pueblo. Es lo que él llama “el buen vivir; que comienza por garantizar los requerimientos de salud del ser humano y sigue con satisfacer las más perentorias necesidades de la vida. Hay un objetivo que la Revolución Cubana cumplió en alta medida: el de eliminar la pobreza, pero nuestra particular crisis de los años noventa y las globales que sobrevinieron después, nos apartaron de ese objetivo que creo que debemos recuperar y explicitar, y concentrarnos mucho menos en eliminar la riqueza, sobre todo cuando no es mal habida. La riqueza controlada no debe ser preocupante, y puede ayudarnos a conseguir el siempre pendiente despegue económico de Cuba.

Hace apenas unos días estuvo aquí en La Habana, el ex presidente Luis Inacio Lula da Silva, cuya gestión de gobierno ha sido crucial para convertir la economía de ese gigante que es Brasil, en una de las emergentes en el mundo de hoy. Lula nos ha dicho que no es imprescindible que la economía crezca para mejorar el bienestar de las personas, porque ese propio bienestar resulta capaz de estimular el crecimiento de la riqueza del país.

Creo que ese concepto restablece una unidad dialéctica que alguna vez se quiso ignorar. Se nos pidió tener mentalidad de productores y no de consumidores. Lula nos está diciendo que no hay producción sin consumo; es este el que energiza a aquella. Otra cosa es el consumismo, que ya no pertenece a la esfera del sano “buen vivir”

La aparición de la CELAC, de la que Cuba está ejerciendo la presidencia en el año que corre, nos ha colocado donde siempre debimos estar: trabajando con nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños en la consecución del proyecto bolivariano, que no es otro que el proyecto que retomó Martí casi un siglo después, y el que estamos reencontrando ahora, a más de doscientos años del Libertador y más de cien del Apóstol.

Parodiando a Martí, cabría decir: cuanto hicimos y quisimos hacer era para esto. Lo hicimos como pudimos o como la historia nos dejó hacerlo; también equivocándonos, sí, pero con la bendita equivocación que nos permitió llegar hasta aquí, sin bajar la cabeza, preservando nuestra dignidad y nuestra independencia.

A los que crean que no fue así, que pregunten a nuestros hermanos latinoamericanos. Cuba fue, con sus errores, con sus carencias, con sus penurias, la luz a la que miraron los pueblos hermanos y se dijeron: Si Cuba pudo, nosotros también podemos. Y están pudiendo y lo están haciendo en paz, o con la relativa paz que les permiten unas oligarquías que empiezan a advertir que el tiempo de la injusticia ha comenzado a pasar para siempre en América Latina y el Caribe. Ya son varios los países nuestros que han emprendido esa marcha y, luchando todos a la vez, será imposible vencerlos, como no pudo España vencer a las huestes de Bolívar, de Sucre, de San Martín, de O’Higgins, de Artigas, cuando se lanzaron a la vez a luchar por la independencia americana. ¿No era lo que demandaba el Che cuando pedía crear dos, tres, muchos Vietnam? Muchísimo mejor si esos Vietnam están en paz.

Lo están haciendo, además, mejor que nosotros. Pero no habrían podido hacerlo sin nosotros. Hay una anécdota preciosa, y es cuando alguien le dijo a Newton que él era más grande que Galileo, y el sabio respondió: “Sí, porque yo estoy sobre sus hombros”. Un amigo me decía, un tanto dolido: “Todo el mundo se quita el sombrero ante Cuba, pero nadie se pone el sombrero de Cuba” Y hacen bien en no ponerse un sombrero que a nosotros mismos ya no nos sirve.

Nuestro modelo económico estuvo lleno de los errores que las circunstancias y la soledad provocaron o nos impusieron, y por la inevitable acción de sumarnos al mundo dentro del cual pudimos sobrevivir.

Sabemos que otros cubanos no quisieran que esos cambios fueran adelante: algunos, porque quieren el fracaso del proyecto cubano; otros porque acaso se habituaron a actuar de una manera y no les parece serio que hoy los llamen a cambiar la mentalidad con la que han actuado en todos estos años, que abarcan ya más de medio siglo. Un tercer grupo, es verdad, porque se han beneficiado y se benefician de ese inmovilismo. Lo cierto es que esos cambios van llegando y van viendo llegar otros problemas a los que ellos mismos van abriéndole sitio.

Al fin ha entrado en vigor la reforma migratoria que había sido solicitada por muchos, y que el presidente Raúl Castro había anunciado en diversas ocasiones. Me parece como un despertar del mal sueño del asedio, que el cubano pueda viajar sin solicitar un permiso que lo devolvía a la minoría de edad y simplemente con su pasaporte, pueda llegar hasta el país que le concede la visa, que es el derecho a entrar en él.

Hace unos días leí que Yoani Sánchez, nuestra multipremiada disidente, tenía en sus manos el pasaporte que solicitó y que hasta ahora le habían negado. Podrá viajar a donde quiera y regresar si así lo desea. Estoy seguro de que volverá, porque si no, perderá la corresponsalía en La Habana del diario El País. ¿Alguien duda de que España le otorgue el visado?

Pero me contó una amiga que, con su pasaporte, fue al consulado español para solicitar la visa que le permitiera visitar a su hija, quien vive y trabaja desde hace 15 años en España, donde se ha casado y donde ha adquirido la ciudadanía del país. En esa legación consular, además de pedirle inesperados documentos como la propiedad de su casa y una fotocopia de su libreta de abastecimiento, le han exigido que su hija le entregue un cheque por varios miles de euros, certificado por el banco español que lo emita, que ella debe presentar antes las autoridades consulares de España. Le informaron que esta exigencia se hacía por si, una vez ella en España, su hija decidía echarla a la calle.

Es, sin duda, una grosera manera de humillar al cubano que desea viajar, a la vez que le impide o por lo menos le entorpece enormemente, el camino para hacer la visita que planea. Al lado de estos obstáculos, era una bicoca el permiso de salida que Cuba otorgaba. Los obstáculos que ponía Cuba, parece que ahora van a ser ampliamente multiplicados por los gobiernos que los impugnaban.

Se dice que los Estados Unidos estudian mantener o no la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano, que no solo ajusta lo que fue, sino que ajusta lo que va a ser, lo que todavía no existe. El presidente Obama ha dicho hace unas semanas, que su gobierno tuvo el gesto de permitir los viajes de los cubanoamericanos a su país de origen, y les ha permitido también el libre envío de remesas a sus familiares en Cuba.

Pero ello no fue una concesión original de este presidente norteamericano, sino apenas el acto de restituir las relaciones al modo en que existieron antes del gobierno de George W. Bush, lo que estuvo muy bien. Creo que, en verdad, el primer beneficiado por esas medidas fue el propio Obama, quien logró con ellas que, por primera vez en muchos años, un candidato presidencial demócrata se hiciera con la victoria electoral en el condado Dade de Miami.

Una vez más, el presidente proclama que es el encarcelamiento de Alan Gross el principal obstáculo para la mejoría de las relaciones con Cuba, pero ocurre que ese obstáculo ha mutado muchísimas veces: pudo ser el apoyo de Cuba a movimientos revolucionarios; pudo ser la relación de Cuba con la desaparecida Unión Soviética; pudo ser el enfrentamiento de Cuba a los soldados del apartheid en África. Pero esas realidades cambiaron o desaparecieron, y los Estados Unidos demostraron —lo siguen demostrando— su poca voluntad para deponer su orgullo de gran potencia y transformar su fracasada política cubana.

Cuba no aceptó correr el destino que la administración Eisenhower-Nixon le fijó a Guatemala por haber hecho una reforma agraria y el pueblo cubano debe seguir pagando ese agravio que la soberbia imperial no le perdona.

Hace un par de días escuché la noticia de que varias organizaciones internacionales llaman la atención sobre la desnutrición de los niños campesinos guatemaltecos, que han reducido su talla e incluso presentan síntomas de retraso mental. Lo atribuyen a que la inmensa mayoría de los campesinos de ese país carecen de tierras para cultivar sus alimentos y faltan el frijol y el maíz. Sesenta años después, Guatemala está “cosechando” todavía la obra de la CIA cuando derrocó al gobierno democrático de Árbenz y echó abajo la reforma agraria que perjudicó al gran latifundista de Centroamérica (que no centroamericano): la United Fruit Company.

La resistencia de la Revolución cubana y su perdurabilidad han permitido la existencia de los gobiernos democráticos y populares de Chávez, en Venezuela; de Lula y Dilma Rousseff, en Brasil; de Néstor y Cristina Kirchner, en Argentina; de Rafael Correa, en Ecuador; de Daniel Ortega, en Nicaragua; de Evo Morales, en Bolivia; de José Mujica, en Uruguay, y hasta de los depuestos José Manuel Zelaya, en Honduras, y Fernando Lugo, en Paraguay. Las cosas ya cambiaron demasiado como para hacer fácilmente reversibles esos cambios.

Es poco realista el presidente Obama. Es verdad que no son semejantes los casos de Gross y nuestros cinco compañeros que los Estados Unidos mantienen encarcelados, a veces con condenas absurdas y crueles, como son dos cadenas perpetuas. Mientras Gross trabajaba para desestabilizar y al cabo derrocar al gobierno cubano, Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René solo querían librar a su patria de los ataques terroristas que los gobiernos de Estados Unidos han permitido siempre. Pero a pesar de que no son iguales ambos casos, hay una solución humanitaria para todos, que un acuerdo entre los dos gobiernos puede conseguir, si hay voluntad política para ello.

Hemos celebrado este año elecciones en Cuba para elegir a los integrantes de la nueva legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el máximo órgano de gobierno del país, según la Constitución cubana. Sin embargo, como escribí en un artículo que recogió el blog de Silvio Rodríguez, a mí no me parece adecuado el modo de hacerlas.

La Comisión de Candidatura propone un número de candidatos exactamente igual al de diputados que deben ser elegidos. Pero elegir es seleccionar: tendría que haber un número de candidatos razonablemente mayor que el número de diputados que deben ser electos. Así, los ciudadanos podrían elegir entre ellos a los diputados. Tal como están las cosas, es la Comisión de Candidatura la que de hecho elige los diputados. Nunca ha dejado de elegirse a alguno de los candidatos propuestos, porque para no ser electo, debe tener menos del 51 por ciento de los sufragios emitidos.

Ese modo de organizar las elecciones establece que el pueblo debe rechazar mayoritariamente a un candidato para que no sea elegido, pero lo que el elector desea no es rechazar a un candidato, sino seleccionar al que prefiere. No el voto negativo, sino el positivo. Mucho más que las biografías, edades y ocupaciones de los candidatos, a mí como elector me interesan sus proyectos en tanto diputados, de manera que se dinamice y democratice el trabajo de la Asamblea.

La televisión nacional cumple con el deber de mostrar, a toda velocidad, una foto y un mínimo de datos personales de los propuestos, pero ello es absolutamente insuficiente para hacerse una idea correcta de por quién debe uno votar. La grafía del spot televisado no es demasiado legible, pero, ahora, tampoco hace mucha falta la información, porque con este sistema electoral, jamás ha dejado de ser electo un candidato. Por otra parte, 50 por ciento de candidatos designados, me parece mucho. Considero que un 25 por ciento es suficiente, porque la mayor parte son funcionarios del gobierno y la Asamblea debe complementar la mirada del ejecutivo, no duplicarla.

No voy a erigirle un monumento al ilustre Charles-Louis de Montesquieu y a esa obra esencial de la teoría política que es El espíritu de las leyes, pero me parece correcto que las diversas instancias de gobierno tengan sus funciones y estas no se confundan.

Teniendo en cuenta que los diputados se eligen por territorios, los centros de televisión provinciales debían llevar a cabo su presentación en horario vespertino las semanas previas a las elecciones; que los candidatos asistieran personalmente y manifestaran lo que piensan hacer y proponer si son electos. Es absurdo que un territorio elija a un diputado que vive a 500 kilómetros de distancia y que no visita con frecuencia el territorio que lo elige. Esa relación cercana del diputado con el territorio que representa, mejoraría en mucho el entusiasmo popular por los candidatos y por las elecciones mismas.

Cuba vive un proceso de descentralización que debería incluir los presupuestos de la nación. El municipio, especialmente, debe conocer del presupuesto de que dispone para atender los diversos gastos de los que debe ocuparse.

Ahora, un delegado de circunscripción al tramitar un reclamo de sus electores, no puede hacer más que “elevarlo” a las instancias superiores para esperar una respuesta que no siempre llega, que llega muy tarde o que llega diciéndole no al reclamo. El inveterado uso del choteo por el cubano, ha denominado a esas asambleas como “asambleas de papalotes»

Vamos a la vida cotidiana y, para empezar, a la insuficiente producción agrícola, que mantiene muy elevados los precios de viandas, granos, frutas y hortalizas. Sigue existiendo una entidad que se llama Acopio, que muchas veces no acepta adquirir y comercializar las producciones de los campesinos.

Acopio muchas veces no adquiere un producto porque estima excesiva la producción del mismo, pero esa superproducción sería la que permitiría que bajasen los precios y el pueblo se beneficie de ello. Es la empresa estatal la que puede presionar para que los precios bajen.

Lo que está ocurriendo es que Acopio prefiere que la vianda y la hortaliza se pudran en el surco antes que comprarla y bajarle el precio de venta al consumidor. Lo experimenté en un agro-mercado donde encontré un aguacate que valía 7 pesos con 20 centavos. Me pareció un precio rarísimo, le pregunté al vendedor y me dijo que él quería vender a 7 pesos pero que ese era el precio al que vendía el aguacate la tarima estatal; a él lo obligaban a venderlo más caro. Es decir que ahí el Estado, en lugar de bajar el precio, obliga al vendedor privado a subirlo.

Esto me lleva a señalar una necesidad que se hace sentir diariamente en nuestra sociedad, y es una entidad que cabría llamar “protección o defensa del consumidor. Ahora, aparentemente, existe; pero la integran los propios directivos de la unidad que vende y que no cumplen esa función que, en verdad, tampoco les corresponde.

El comercio cubano es enormemente agresivo contra el ciudadano. Nuestros viejos bodegueros eran acusados de haber inventado la libra de 14 onzas, pero nuestros detallistas actuales han creado la de 12, la de 10 y hasta la de 8 onzas. En otros países las pesas están colocadas de modo que quien compra, pueda comprobar el peso que le sirven, pero en Cuba son invisibles. En algunos sitios —los más grandes, que son los menos— hay pesas de comprobación. Me parece necesario que se tomen medidas con el dependiente que reiteradamente estafa o intenta estafar en el peso a sus compradores.

Tengo la opinión de que todo ese comercio minorista debía estar en manos de cooperativistas o cuentapropistas, que trabajaran mejor y atendieran los reclamos de sus clientes. Muchos compañeros creen en lo que cabría llamar el “dogma socialista”: si alguna entidad económica —productiva o de servicios— deja de ser manejada por el Estado, hacemos una concesión al capitalismo.

En varios artículos he citado el lúcido parecer del profesor y sociólogo portugués Buenaventura de Sousa Santos, hombre de la izquierda en su país y uno de los impulsores del Foro de Porto Alegre. De Sousa Santos afirma que una sociedad socialista no es aquella donde todas sus instituciones son socialistas, sino donde todas trabajan dentro de un proyecto socialista. Nuestra Ofensiva Revolucionaria de 1968 ilustra claramente el asunto: lo socializamos todo, pero la sociedad en lugar de avanzar, retrocedió. La prensa revolucionaria desplegó un gran cintillo: ¡Más revolución! Pero tuvimos menos.

Usted pasa hoy por una panadería que anuncia con un letrero que trabaja las 24 horas, pero usted llega y no hay pan. Las luces, sin embargo, están encendidas y los trabajadores hablando por teléfono. Si funcionara allí una cooperativa, sus integrantes venderían pan las 24 horas o cerrarían el local cuando no pudieran hacerlo y no malgastarían la electricidad y el servicio telefónico que tendrían que pagar.

La Habana, capital de una isla, está pidiendo a gritos cooperativas de pescadores que ofrezcan diariamente sus productos frescos a la población. Es imposible comprar, en las pescaderías estatales, pescado para una familia promedio. Aparte de sus humildísimas croquetas —más demandadas por su precio que por su calidad—, venden productos muy caros como el camarón, a unos 80 pesos el kilo; pescados como el tiburón, que el cubano ni casi nadie tiene el hábito de consumir, o una albacora o un pargo enteros, enormes, propios para 20 personas o para los dueños de esos restaurantes que llamamos paladares. El ciudadano común y la familia promedio no pueden sentirse satisfechos con esas pescaderías.

No se puede dejar de mencionar lo que ocurre con el calzado, en especial aquel destinado a niños y adolescentes, los zapatos que menos duran por el trato que le dan los muchachos o porque esos muchachos felizmente crecen, y van precisando de nuevo calzado. Este se vende casi todo en las tiendas recaudadoras de divisas y el más barato puede costar 15 ó 20 CUC el par. La gran mayoría de los trabajadores cubanos cobra su salario en moneda nacional y destinar dinero para la compra de calzado para un adolescente que va a un centro de enseñanza media (secundaria, tecnológico, preuniversitario) es toda una inversión para la familia. Lo peor no es eso: esos zapatos son de una calidad ínfima y muchos están en mal estado. La tienda que los vende da una garantía de una semana para devolver el calzado si se rompe. Es absurdo que un par de zapatos en buen estado se quiebre o se pulverice en tan breve tiempo: debe durar semanas y aún meses en buen estado. La tienda da una garantía de una semana, porque calcula que el calzado no pasará de diez días sin destruirse. El comprador que los trajo al país o era inepto para su trabajo, o sabía que estaba trayendo un producto deteriorado y, por ello, recibió una sustancial comisión de parte del vendedor extranjero.

Son temas que debe atender una entidad destinada a proteger al consumidor cubano: es ella la que debería fijar el tiempo de garantía para los distintos productos que se comercializan. Es necesario que el trabajador cubano tenga un sitio a dónde acudir para solucionar conflictos que nadie más le ayuda a resolver.

Alguien podría decirme que estos son asuntos municipales y espesos, acaso demasiado insignificantes para la intervención que Espacio Laical me solicitó, pero para el pueblo que los sufre, más que el pan nuestro de cada día, constituyen el vinagre de cada jornada. Me parece un deber esencial hacer por solucionarlo. Acaso los salarios no puedan elevarse pero, al menos, debería hacerse todo lo posible para que al trabajador no le birlen el dinero de un salario que ya se sabe insuficiente.

Quisiera señalar que un saludable cambio en estas últimas semanas ha sido la transmisión en directo de la señal de Telesur. En diversas ocasiones el presidente Raúl Castro ha señalado la necesidad de acabar con lo que ha llamado el “secretismo” de nuestros medios informativos, pero sin que sus palabras tuvieran una repercusión en el comportamiento de nuestra prensa. En un artículo de Granma publicado hace unas cuantas semanas, un compañero introducía una interesada (que no interesante) variante, y hablaba del “exceso de secretismo” El secretismo ya era un exceso. Del artículo se colige que debe existir el secretismo, pero sin exceso.

Los que saben el idioma ruso me han dicho que en esa lengua la palabra que se usaba para designar  “emulación” es la misma que significa “competencia”  Esta última palabra ha estado marcada por su significación capitalista, pero existe una forma sana de competencia que se torna emulativa y que no tiene propósitos de lucro, porque hace que al existir una referencia, un competidor, se ponga mucha más atención en ser mejor, en hacer más eficientemente un trabajo. Creo que es lo que puede ocurrir con nuestra prensa, con la ayuda de la posibilidad de los cubanos de sintonizar Telesur. Existirán noticias que habrá que darlas y pensar cómo darlas, lo que será, a no dudarlo, una ganancia para todos.

En la España de los Siglos de Oro, cuya gran poesía he explicado muchas veces, existió la institución del arbitrio. El llamado arbitrismo consistía en formular proyectos de soluciones a los diversos males que sufría el país. Los conservadores miraban negativamente ese proceder, que formuló muchas veces propuestas que, de haber sido escuchadas, habrían contribuido a frenar la decadencia española del siglo XVII.

Yo no aspiro a que esto que he dicho sea un arbitrio, ni a sumarme a una tradición que, a la larga, ha tenido tan poca fortuna histórica como la propia España, pero me parece que algunas de las cosas que he dicho merecen ser tenidas en cuenta por quienes implementan las decisiones que regulan la vida del país.

Intervenciones realizadas después de la conferencia del profesor Guillermo Rodríguez Rivera.

Orlando Freire Santana, economista. Buenas tardes. Muy buena la conferencia del doctor Rodríguez Rivera. El título de esta actividad, al menos el que me llegó a mí, era los retos que afrontaba la sociedad cubana. La sociedad cubana afronta múltiples retos. El doctor Rodríguez Rivera se refirió a muchos de ellos, la agricultura, la política migratoria, los salarios que no alcanzan, etc. Yo quiero referirme, para no hacer muy largo esto, que a mí me parece que el principal reto que afronta la sociedad cubana es el reto político, porque es en ese terreno donde no se ha avanzado nada. En otras esferas se ha avanzado algo, en estos últimos cambios, pero en el terreno político prácticamente el inmovilismo ha sido total y no se ha dado ni un paso. Me parece que es el principal reto. Y también me quiero referir, igual que se refirió usted, a las elecciones, estas últimas que hubo, con dos ejemplos que muestran que hay que modernizar el sistema político. En primer lugar, los candidatos, si usted veía la lista de candidatos a la Asamblea Nacional todos, o casi todos, creo que el 99 por ciento, eran militantes del Partido Comunista. Las Comisiones de Candidatura, evidentemente, hicieron una selección que era de personas con afinidad política al sistema político imperante, habiendo otros candidatos de otros sectores de la sociedad que se pudieron tomar en cuenta. Ahí hay una muestra de que hay que modernizar el sistema político. Otro ejemplo es, tomando en cuenta lo que plantearon los editores de Espacio Laical en el número 4 del 2012, la posibilidad de que se elija al Presidente de la República, en este caso al Presidente del Consejo de Estado, de una manera directa por todos los electores. Porque si como todo hace indicar, Raúl Castro sale elegido Presidente del Consejo de Estado el 24 de febrero, ¿qué porcentaje de electores cubanos tuvieron la posibilidad de votar por Raúl Castro? Si usted toma el número de electores del Segundo Frente y lo compara con el de todos los cubanos, prácticamente fue el 1 ó el 2 por ciento de todos los electores de Cuba los que pudieron votar por Raúl Castro.

Guillermo Rodríguez Rivera. Por Raúl Castro menos, porque era Melgarejo, que es más chiquito. Pero tú estás impugnando ahí el Sistema Parlamentario. Ningún Primer Ministro español, por ejemplo, es elegido por todo el mundo. Lo elige el Parlamento…

Orlando Freire. Correcto. Lo que hago es que me solidarizo con el editorial de Espacio Laical. No es que yo esté impugnando. El editorial de Espacio Laical plantea la posibilidad de que todos los cubanos elijan, de manera directa, al Presidente. Bueno, buscar un sistema en el que la mayor cantidad de cubanos voten…

Guillermo Rodríguez Rivera. Un candidato a la Presidencia y se elige globalmente, es cierto. Son dos sistemas, el parlamentario y el presidencial. Habría que cambiar el sistema.

Orlando Freire. Bueno, entonces, correcto… Pero es lamentable que una mínima cantidad de cubanos sea la que vote por el que resulte presidente del Consejo de Estado, aunque sea así, como usted plantea.

Guillermo Rodríguez Rivera. No, es que es así.

Andrés Gómez, bloguero y comentarista político. Buenas tardes. Muchas gracias por la oportunidad de hacer uso de la palabra. Muchas gracias al profesor por sus explicaciones. Quería hacer una pregunta. Uno de los problemas fundamentales que se planteó con el triunfo de la Revolución fue el problema del cambio de la estructura de clases de la sociedad cubana, o sea, el problema de la igualdad. El problema de la igualdad, poco a poco se fue entendiendo como que todos deberíamos ser trabajadores del Estado y, de esa manera, todos seríamos iguales, independientemente de que fuéramos trabajadores manuales, intelectuales, etc. Sin embargo, en estos momentos el Estado cubano está planteando que hay 1,5 millones de trabajadores del Estado que deben pasar a otras formas de trabajo. Yo le pregunto al profesor su criterio sobre la necesidad o la posibilidad de la disponibilidad de créditos para que puedan desarrollarse iniciativas desde el punto de vista económico, porque no es lo mismo. Cuando usted es trabajador del Estado, usted simplemente utiliza los recursos, la infraestructura que el Estado le brinda. Cuando usted deja de ser trabajador estatal, usted prácticamente se queda sin infraestructura. Eso por una parte. Por otra parte, quisiera que el profesor se refiriera al tema de la inmigración. O sea, Cuba, durante mucho tiempo fue un país de inmigrantes, y los inmigrantes tuvieron un papel importante en el desarrollo económico del país. Quisiera que el profesor se expresara sobre la posibilidad de que, en estos momentos, con todas las modificaciones económicas que se están haciendo, pues de nuevo aparezca la figura del inmigrante como un elemento que estimule el desarrollo económico. Muchas gracias.

Guillermo Rodríguez Rivera. Yo creo que la igualdad no era exactamente que todos perteneciéramos al Estado, no, y trabajáramos para el Estado, porque durante mucho tiempo tuvimos estructuras de economía privada, de economía no estatal. Fíjate que la declaración del socialismo es en el año 61, pero la ofensiva revolucionaria es en el 68. Ahí hay siete años que coexisten las dos formas, la forma de la economía estatal y la economía privada. Y ahora parece que van a coincidir otra vez la economía estatal y la economía privada. Es decir, parece que se quitó la economía privada en un momento en que no se podía quitar, que dejó un vacío y causó una serie de perjuicios que ha obligado a recuperar esa economía. Empezando porque también el Estado, para poder dar empleo a todos los cubanos, hizo a veces con los empleos más bienestar social que economía.

Es decir, empleaba gente que no hacía falta con tal de darle trabajo y que no pasara dificultades y no muriera en la miseria, no sufriera los problemas que tiene el que no trabaja. Entonces ha pasado, y lo han dicho los analistas, que hay un millón de trabajadores que sobran en las plantillas del Estado, es decir, que están de más. Que para ser eficientes esas plantillas habría que quitar a esos trabajadores. Es lo que llaman el paquetazo neoliberal en muchos lugares. Para que se haga eficiente la economía no puede haber tantos trabajadores cobrando, cuando no hacen falta, cuando los demás pueden hacer ese trabajo.

Entonces, yo creo que era más bien igualdad de oportunidades, las que brindaba el socialismo. Pero nunca puede haber absoluta igualdad, porque empezando que los seres humanos no son iguales, o no somos iguales. Hay unos que tienen mejor aptitud para el deporte y son mucho más fuertes físicamente; otros que, a lo mejor, son un poco más inteligentes, otros que tienen la habilidad de sacar buenas cuentas y hacer buenos cálculos. Es decir, el ser humano tiene todas las posibilidades que la vida da y es muy difícil igualar a los hombres. Eso es absolutamente imposible, los hombres no son iguales, ni van a ser iguales nunca. Lo que puede la sociedad es brindarles la oportunidad de desarrollar al máximo sus posibilidades, los talentos de cada cual, pero no puede garantizar la absoluta igualdad, porque eso no existe, eso no es posible. Hay quien es un gran cantante, y hay quien no lo es. Hay quien abre la boca y hay que mandarlo a callar, porque es terrible. Hay habilidades diferentes, talentos diferentes, posibilidades diferentes en cada ser humano.

La idea de que todos trabajen para el Estado también ha claudicado, ese es un procedimiento que no se puede forzar tampoco. El Estado tendría que estar preparado para asumir a todos los trabajadores y no lo está. Y para garantizar todas las producciones y todos los servicios que garantizan los privados también. Eso es bastante complicado. Usted me hacía otra pregunta, además de problema de la igualdad…

Bueno, imagínate, ese es un problema de los economistas, yo soy filólogo. De la economía yo hablo lo que vivo diariamente y lo que contemplo, y lo que el sentido común me dice. Pero bueno… Se están estableciendo créditos, creo. Toda economía que quiera avanzar tiene sistemas de créditos. Se han establecido créditos para los campesinos, para la entrega de tierras y la… Yo no sé exactamente estas cosas. Tú me estás haciendo una pregunta que yo no estoy en condiciones de responderte.

El compañero preguntaba sobre el problema político, ¿no? Mira, yo creo que el principal mal en el país era el económico, de la grave situación económica que existía y la quiebra de un sistema económico incluso vinculado a la existencia de la Unión Soviética, que se desmoronó y que hizo volver a empezar otra vez. Este país ha tenido una tarea brutal en muy pocos años. Ha tenido que montar el país dos veces y desmontarlo dos veces. Este país estaba montado prácticamente por la economía de Estados Unidos, por la tecnología norteamericana. Eso se desmontó.  Pero después apareció la Unión Soviética. Se montó desde la perspectiva del campo socialista y hubo que desmontarlo otra vez, porque desapareció el campo socialista. Es decir, es bastante complicado lo que ocurrió económicamente.

Ahora, yo creo que inevitablemente los cambios políticos se van a dar. Y ya se están dando. Porque esta misma reforma migratoria implica cambios políticos. Ya que tú aceptes la entrada al país de los que hasta hace poco se llamaban apátridas, ¿eso no es un cambio político? Eso es un cambio político importante. Es decir, que tú empieces a aceptar a todos los cubanos por igual, que tú no le confisques el patrimonio a quien abandone el país. Desaparece ese término que yo creo que no debió existir, pero que existió, que se llamó salida definitiva del país. Usted sale del país, vuelve si quiere, eso ha desaparecido. Ya no hay eso. No te confiscan la casa. Es decir, el que emigraba era un apestado, prácticamente. Eso ha desaparecido. Yo creo que eso es un cambio político. Era un apestado porque implicaba diferencias políticas sustanciales. Yo creo que eso está cambiando, y según cambien las cosas económicamente los cambios políticos van a venir inevitablemente. Yo en eso creo en Marx, en la relación entre base y superestructura. El hombre piensa como vive. Según se permiten ciertas cosas y están funcionando ciertas cosas a nivel económico, habrá derivaciones políticas e ideológicas de ello. Tengo la absoluta seguridad. Yo creo que eso va a venir. Lo que pasa es que uno quisiera que los cambios vinieran tan rápido como uno quiere, y a veces no es posible. A veces tenemos un entuerto muy grande y es necesario desfacerlo, como dirían los españoles, poco a poco. No se puede de pronto cortar las cosas y volver a hacerlas sin crear graves problemas.

Preguntaba otro compañero también sobre los inmigrantes. Yo creo que todavía tenemos que resolver el problema que tenemos aquí dentro para tener inmigrantes. A menos que sean inmigrantes muy poderosos que vengan con grandes capitales, a invertir,  a poner una fábrica, con muy buenas condiciones, y a darle empleo a muchos trabajadores. Bueno, esos inmigrantes sí. Yo creo que a esos inmigrantes Cuba debe estar abierta. Aquí hubo inmigrantes de todo tipo. Hubo los gallegos, o canarios, muy pobres que venían a trabajar en el tabaco, en el campo. Hubo haitianos que venían a cortar caña cuando los cubanos no queríamos cortar caña. Porque cortar caña es una cosa muy difícil y era algo que nadie quería hacer. Lo hacían los esclavos, en un tiempo. Y después los desempleados. Pero en cuanto el cubano se conseguía otro trabajito, un poquito mejor que cortar caña, no cortaba caña. Entonces venían los desempleados de Haití, de Jamaica, a cortar la caña en Cuba.

Después que triunfó la Revolución hubo que crear los trabajadores voluntarios que iban a cortar la caña, porque no había quién la cortara. Y, además, la Revolución va al campo, trae con justicia a los jóvenes a estudiar en las ciudades. ¿Por qué los jóvenes campesinos no podían estudiar? Era el plan de becas; y esos muchachos no volvieron más. Se despobló el campo cubano y ya no había quien cortara la caña y quien sembrara. Habría que ver el porcentaje de campesinos que había en 1959 y el que hubo 10 años después. Y hoy, ni hablar. Es decir, la despoblación del campo fue organizada por la propia Revolución sin darse cuenta, haciendo justicia sencillamente, y permitiendo que los campesinos estudiaran. El plan de becas sacó del campo a las hijas y los hijos de campesinos y vinieron a estudiar a La Habana las más diversas cosas. Pero muchos no volvieron, porque después que la gente vive en el Vedado, la gente no quiere volver a Hongolosongo. Eso es lógico porque, además, la distancia en avance material es muy grande. Es casi un siglo lo que hay. Si se va de un pueblito de campo de esos y viene a La Habana, es enorme la diferencia. Eso es muy difícil de controlar. Y mucho más, la Revolución lo propició, porque fue a traer esos muchachos para acá, y les mostró una realidad que no conocían y que les gustó, por supuesto. Eso es muy complicado.

Hay varias cosas más concretas. Yo estaba hablando de un montón de cosas que nos están ocupando ahora mismo, la reforma migratoria, el caso del comercio, de la producción. Es decir, cosas que están un poco en el momento mismo actual de nuestra vida. Por supuesto que esto tiene muchas más perspectivas, y a la larga, según se van resolviendo unas cosas, de ahí pasamos a otras. Yo creo que ese es el desarrollo del ser humano. Resolver un problema no significa más que crearse otro. Apareció otro problema. Porque hay siempre un problema nuevo. Y cuando uno resuelve uno, a lo mejor ese mismo problema le crea otro. Lo que uno resuelve le crea otro. Mi hermano siempre decía…Yo tengo dos hermanos médicos y uno fue al campo al principio de la Revolución, en el primer contingente médico graduado con la Revolución. Decía: en cuanto aparecieron los médicos faltaron las medicinas. Porque antes a esos guajiros no los atendía nadie, ni compraban medicinas, ni hacía falta penicilina para ellos, porque no la usaban. Usaban un remedio casero, una hierba, o se morían. Pero cuando aparece el médico, aparece la necesidad de la medicina, entonces falta, porque la industria no estaba preparada para eso. Es decir, resolver un problema, el problema de la asistencia médica al ser humano, crea otro problema. Eso es así, es inevitable que sea así. Y así es como avanza la humanidad. No puede uno negarse a ello y pensar que es el acabose y el no da más. Es así, y así avanza el mundo, y así avanzan las sociedades. Y así tenemos que avanzar nosotros. Me parece a mí.

Manuel Alonso. Soy consultor económico.

Guillermo Rodríguez Rivera. Usted es el hombre de los créditos, el que puede hablar de los créditos. Seguro que sabe mucho más que yo de eso.

Manuel Alonso. Como dije en la ocasión anterior que hice uso de la palabra en esta misma sede, no los voy a abrumar con los temas económicos. Sepan que, en los últimos 10 años, he trabajado en más de 80 empresas, y en la actualidad, soy de los que trabaja activamente en el cambio de mentalidad, en la reorganización de las empresas que atiendo, que son varias. Aparte de eso doy clases en una de las sedes de los diplomados de administración pública.  Quiero decir que de esto conozco algo, no mucho, pero me desempeño. Pero de esto no quiero hablar.

Cuando hablamos de cambio de mentalidad, ¿cuál mentalidad y de quiénes? Es muy importante delinear esto. No coincido con usted en que Cuba sea el ombligo del mundo…

Guillermo Rodríguez Rivera. ¿Yo dije que era el ombligo del mundo?

Manuel Alonso. Más o menos. Quizás yo sea un poco provocador, un poco retador…

Guillermo Rodríguez Rivera. Usted exagera…

Manuel Alonso. Bueno, vamos a hablar después de eso. Es un problema de enfoque, de palabras. Yo no soy ningún académico. Ahora bien, ¿por qué digo esto de la mentalidad? ¿Hizo falta algo complicado,  un hecho internacional para el cambio de la política migratoria? No. ¿Por qué nuestro Presidente ha tenido que mencionar, en varias oportunidades, los problemas que tienen nuestra prensa y televisión? Esto lo dejo para otro. Mi pregunta hacia usted. Habló de la riqueza controlada y del sano buen vivir. Me parece un poco contradictorio porque no están debidamente conceptualizados estos términos. ¿Por qué llego a esto? Sencillamente, hace un tiempo un funcionario nos reunió a un grupo de nosotros, casi a un centenar, y nos dijo que nosotros ganábamos mucho dinero, que ganábamos 800 pesos mensuales. ¿Y eso qué cosa es? Cuando empecé a trabajar, que era ayudante… Yo fui luminotécnico del cabaret Copa, del Riviera, ganaba 150 pesos, pero los fines de semana iba con mi noviecita al hotel Habana Libre, y pasaba mi noche allí. Para hacer eso en la actualidad hacen falta 16 mil pesos mensuales. ¿De qué usted habla? Entonces, digo, insisto en que debemos conceptualizar bien qué cosa es el sano buen vivir y si usted pudiera, de alguna manera ilustrarlo.

Guillermo Rodríguez Rivera. Bueno, pregúntele a Correa, que él sí lo ha usado. Lo ha usado Lula también. Yo creo que se refiere al bienestar del pueblo, empezando por la salud y por resolver los problemas principales, la vivienda, por ejemplo. Creo que estos nuevos gobiernos, como el gobierno de Venezuela, que está construyendo centenares de miles de casas, cosa que nosotros no hicimos. Nosotros nos preocupamos por otras cosas. Quizás es lo que teníamos que hacer. Ya esto es cuestión de valorar históricamente el proceder de la Revolución cubana, que es otra cosa, y además, no se va a resolver aquí ni mucho menos.

Creo que Cuba apostó por ayudar a que la Revolución se expandiera y no se preocupó excesivamente por resolver nuestros problemas. Los resolvió en buena medida, sobre todo al principio, pero cuando la aislaron, cuando toda América Latina rompió con ella, cuando se decretó el bloqueo contra Cuba, como se revolvió en sí misma y apareció la necesidad de impulsar la Revolución. Todo el movimiento guerrillero de los años 60 forma parte de ese fenómeno, con una figura esencial como fue Che Guevara y con un montón de líderes en el continente: Fabricio Ojeda; Camilo Torres, en Colombia; Jorge Ricardo Masetti, en Argentina; un movimiento guerrillero…; el movimiento sandinista, que es el único que triunfa, en Nicaragua, derrocando la tiranía de Somoza. Tiranía familiar, tiranía hereditaria. Eso fue, yo creo, lo que hizo la Revolución cubana y resistió, sobre todo, lo que no había hecho ningún gobierno de América Latina. En América Latina ningún gobierno había podido vivir con la oposición de Estados Unidos. El último caso fue Guatemala, que yo lo mencionaba, derrocado en 1954, el gobierno democráticamente electo de Árbenz, porque los que crean que Estados Unidos está por la democracia, que lo averigüen, porque han defendido todas las tiranías, y todas las dictaduras del continente. Han estado por sus intereses. Como dijo Roosevelt cuando le dijeron que por qué defendía a Somoza, que Somoza era un hijo de puta. Y dijo: Yes, he’s a son of a bitch, but he’s ours (es un hijo de puta, pero es nuestro, está a favor de nosotros). Y eso es así en Estados Unidos.

Entonces Cuba y toda América Latina estuvieron 200 años bajo la influencia norteamericana y no avanzamos. Y cada vez que aparecía un gobierno que quería hacer una cosa que no era comunista, porque a Jacobo Árbenz lo acusaban de comunista, pero lo que hizo fue una reforma agraria, que Estados Unidos la hizo, después de la Guerra Civil, porque esa es una condición para el desarrollo capitalista. No hubo gobierno latinoamericano que pudiera sobrevivir con la oposición de Estados Unidos. El único fue Cuba. Y por eso después han existido Lula, o Evo o Chávez o toda esta formación… Por ejemplo, la Organización de Estados Americanos (OEA), de momento no aprueba lo que dice Estados Unidos. Eso era inconcebible. Yo tengo más años que casi todos los que están aquí. Yo soy de los más viejos. Cuando triunfó la Revolución, yo tenía 15 años, era un bebé.  He visto unas cuantas cosas desde entonces. Voy a cumplir 70 ahora, han pasado 55 años desde entonces. Siempre digo que a Estados Unidos lo compre quien no lo conozca, pero quien conoce la historia de América Latina y la relación de Estados Unidos con América Latina, no. Democracia, ¿dónde han defendido ellos la democracia? Para ellos, quizás. Pero, para América Latina, jamás. Han querido gobiernos opresores, pero que estén a favor de sus intereses, hagan lo que hagan. Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, Batista, el que sea, Videla, Pinochet… Nunca han defendido la democracia. Es lo que demuestra la historia. Ahora apareció un gobierno que no pudieron aplastar. Hicieron casi todo lo posible y lo imposible. Nos costó mucho trabajo, y nos costó muchas deformaciones y sufrimos muchas cosas. Pero aquí estamos. Lo que ha venido después para América Latina yo creo que es consecuencia de eso. No podría haber eso sin Cuba.

Enrique López Oliva, periodista. Yo voy a hacer preguntas, más que otra cosa. ¿No te llama la atención, Guillermo, que estos debates no aparezcan nunca en los medios nacionales y que inclusive la prensa nacional no esté presente nunca aquí? Una pregunta. Déjame seguir haciendo preguntas, no me contestes ahora. Otra pregunta. ¿No te llama la atención el papel tímido que tiene la Universidad en el proceso de cambios que existen en la actualidad? ¿No te llama la atención también un cierto protagonismo, y me parece positivo, no lo estoy criticando, de las instituciones religiosas en este momento político que vive el país? ¿No crees tú que hace falta un diálogo interno pero también un diálogo con los cubanos que viven fuera de Cuba y que tienen distintos criterios sobre nuestra realidad y que pudieran hacer aportes, a partir de su experiencia histórica y sus recursos, a los cambios que vive nuestra sociedad?

Guillermo Rodríguez Rivera. Estoy de acuerdo con casi todo lo que dices. Me parece que, en efecto,  la prensa debía recoger estas cosas y yo creo que se ha hablado. Vamos a ver cómo se va moviendo. Mover estas cosas no es tan fácil. Por eso yo hablaba de la importancia de Telesur, porque Telesur trae una perspectiva nueva. Por ejemplo, yo nunca había visto en la prensa ni en la televisión cubana, el discurso completo de un presidente norteamericano, como transmitió Telesur, hace dos días, el discurso del estado de la Unión, de Obama. Me parece que eso es una lección importante para el cubano, que vea estas cosas, y todo un montón de cosas que está viendo el cubano común, que prende el televisor en su casa, y lo ve todo. Es decir, quien hable ahora de bloqueo de información… Bueno, no entra TeleMartí, pero yo creo que el espectador cubano no está bloqueado en la información, con un canal como Telesur, ¿no? Tiene un punto de vista de la izquierda, pero da todas las noticias, porque se mueve en un ambiente donde hay diversos medios de opinión y no puede ocultar las cosas. Yo creo que, efectivamente, es necesario que la prensa cubana propicie estas cosas.

Estoy de acuerdo contigo en cuanto al diálogo. Lo que pasa que este es un problema que es un fenómeno de dos hablantes, el de aquí y el de allá. Hay que ver quiénes son los de allá que están dispuesto a hablar. Hay algunos que les dicen dialogueros y hay otros que casi les piden la cabeza cuando intentan conversar con Cuba. No conmigo, sino con las autoridades cubanas. Yo no soy autoridad ninguna, yo soy un profesor. No tengo ninguna otra autoridad que las poquitas cosas que sé. Creo que es necesario.

Tú hablas del poco protagonismo de la Universidad. En efecto, la Universidad fue constreñida durante mucho tiempo a hacer nada más que ciertas cosas, y le cuesta mucho trabajo desembarazarse de estas cosas. En mi facultad está ocurriendo una mayor presencia de los estudiantes, y de los profesores jóvenes, porque tenemos muchos profesores jóvenes, en muchas actividades diversas fuera de la universidad misma. Yo creo que esto va a darse con el tiempo… Cuando estas cosas se desatan empiezan a expandirse, a generalizarse, a colarse en otros sitios, a ampliar su ámbito de acción. Yo creo eso, por supuesto.

Andrés Gómez. Muchas gracias de nuevo. Mi cuenta en Twitter es QOsol2012cuba. Quería hacerle una pregunta sobre el perfil político, y es la siguiente. Por lo general en los críticos al sistema político cubano de alguna manera está implícita la referencia al sistema presidencial de Estados Unidos, que cada cuatro años cambia al Presidente. Sabemos que eso tiene un trasfondo, que en realidad hay oligarquías de poder que están influyendo sobre esas cosas, pero, mi pregunta tiene que ver con lo siguiente. En la historia de la formación de las naciones europeas existió en muchas ocasiones el hecho de que un líder fuera un líder popular y llegara a convertirse después en un rey, fuera un líder que durara mucho tiempo, etc. Actualmente, muchas naciones europeas mantienen la dualidad de cargos donde hay un jefe de Estado y hay un jefe de Gobierno. Por ejemplo, en España tenemos al Rey y tenemos al Presidente del gobierno. Existe también la circunstancia de que el sistema político cubano tiene el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministro, que son dos cargos diferentes, aunque hasta ahora, siempre lo ha ocupado, desde el 76, desde que se estableció ese sistema, lo ha ocupado la misma persona. ¿No cree usted que la posibilidad de que estos dos cargos sean ocupados por dos personas diferentes sería un paso de avance en armonizarnos, modernizar un poco nuestro sistema político? Muchas gracias.

Estoy de acuerdo contigo en cuanto al diálogo. Lo que pasa que este es un problema que es un fenómeno de dos hablantes, el de aquí y el de allá. Hay que ver quiénes son los de allá que están dispuesto a hablar. Hay algunos que les dicen dialogueros y hay otros que casi les piden la cabeza cuando intentan conversar con Cuba. No conmigo, sino con las autoridades cubanas. Yo no soy autoridad ninguna, yo soy un profesor. No tengo ninguna otra autoridad que las poquitas cosas que sé. Creo que es necesario.

Guillermo Rodríguez Rivera. Yo creo que inevitablemente será así, lo que pasa es que muchas veces cuando existen revoluciones y hay líderes históricos es muy difícil que eso se logre de pronto. Es decir, era difícil decirle a Fidel que no fuera presidente del Consejo de Estado y de Ministros, porque era el líder histórico de la Revolución cubana, y tenía peso y una ascendencia en el país muy grandes. Pero yo creo que, inevitablemente, esto será así, y habrá que separar estos cargos, estas responsabilidades, lo que será mucho más sano. Yo creo que muchas de estas cosas son complicadas y si nos metemos en todos los problemas, porque aquí estamos derivando del problema que yo planteé a problemas mucho más abarcadores y tremendos.

En Estados Unidos tenemos dos partidos, de hecho son dos partidos, aunque hay más. Pero los que ganan son uno de esos dos. Nadie es Presidente si no es demócrata o republicano. Un tercer partido no tiene posibilidad de ser elegible. Ahora bien, no se cambia el sistema. Son dos partidos que responden a un mismo sistema, que defienden el mismo sistema, que es lo que está pasando también en Europa, pasa en España. El famoso Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que es otro PSOE diferente al que gobernó en tiempos de la República Española, porque aquel PSOE era marxista, y este PSOE, en tiempos de Felipe González renunció a la ideología marxista. Es muy parecido al Partido Popular (PP) que está gobernando. Hay sus diferencias. Por supuesto, el PSOE tiene algunos rasgos más progresistas. Por ejemplo, está a favor de que los homosexuales se casen, que el PP, no. Pero en cuanto al neoliberalismo, los dos están de acuerdo. En cuanto al modo de gobernar económicamente el país, están de acuerdo los dos. Los españoles quisieron castigar a los socialistas porque impusieron los paquetes neoliberales, y sacaron de presidente a Rajoy, y fue peor, porque Rajoy es todavía más conservador que los socialistas. Es decir, yo creo que no hay gran diferencia de un partido a otro, que es lo que ha pasado con estos sistemas bipartidistas, que hay matices, pero no diferencias esenciales, no hay una oposición de verdad. Pasa con los laboristas y los conservadores ingleses. ¿Cuál es la diferencia entre Tony Blair y Cameron, o la Thatcher? Tony Blair fue el que lanzó a Inglaterra a la guerra en Irak. Lo hubiera hecho la Thatcher, seguramente. Es decir que, prácticamente en asuntos esenciales y sustanciales no hay diferencias.

Creo que, de todas maneras, se ha establecido que nadie esté en el poder más de cinco años. Me parece muy bien. Porque, además, cuando se está demasiado tiempo en el poder, aun las personas mejores crean siempre compromisos, vínculos… Me parece que el poder desgasta. Decía lord Acton que el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero yo creo que inevitablemente el poder crea compromisos, crea debilidades o desgasta en buena medida al gobernante. Además, tiene que hacer cosas que no es lo mismo hacerlo en la oposición. En la oposición uno está libre para decirlo todo del gobierno y a todo el mundo le cae bien. Cuando uno tiene que gobernar, tiene que soportar las críticas sobre lo que está haciendo. Pero yo creo que nadie debe gobernar más de cinco años, quizás prorrogable otros cinco años, una sola reelección, pero no más. Yo creo que tendremos que ir perfilando y perfeccionando nuestro sistema político, pero primero tenemos que levantar el país, me parece a mí. O quizás a la vez. Me parece que será inevitablemente a la vez, no puede ser esto primero y esto después.  Hay que hacer las dos cosas a la vez. Quizás no con la misma intensidad, no con la misma fuerza, pero hay que ir haciéndolas las dos. Por ejemplo, estas cosas que van llegando, la reforma migratoria, el problema de la prensa, que ya se está empezando a tratar. El compañero hablaba del problema de la prensa. Pero ya la entrada de Telesur me parece un fenómeno bien interesante y que le pone la varilla un poco alta a la prensa cubana, porque no pueden seguir dejando de informar como hasta ahora muchas veces lo han hecho. Yo creo que esta es una sociedad en movimiento. Se habla de inmovilismo, yo creo que no, que se está moviendo, quizás despacio, o no todo lo rápido que uno quisiera que se moviera. Pero se está moviendo y se están viendo algunas de estas transformaciones.

Muchas gracias.