Entre el cuerpo y el alma (poemas y canciones para Wichy)

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Palabras para El Rojo

La historia es como la cuentan en su introducción los poetas que armaron este libro. El libro es como quisiéramos que fueran siempre la realidad y la vida: diversas y apasionadas, amorosas y evocadoras, comprometidas con la verdad, con la justicia y con la belleza. La belleza es lo que muchos de estos poemas proponen en el minuto de recordar/homenajear/reivindicar/re-vivir los versos memorables de Luis Rogelio Nogueras, de Wichy, del Rojo.

Y el Rojo está aquí, en las páginas que siguen, de muchas maneras: en el testimonio poético de quienes le conocimos de cerca, de adentro; en la admiración de los que no le conocieron personalmente; en la imaginación de los más jóvenes que han descubierto (y seguirán descubriendo, en el futuro) la riqueza de su poesía, la fosforescencia de su personalidad que el tiempo mitifica, para bien; la profundidad de su palabra y la maravillosa y persistente vocación de permanecer entre nosotros, en la cultura cubana, para iluminarla desde el talento y defenderla desde la ética y desde la estética.

Para Ediciones La Memoria, para el Centro Pablo y para los pablianos y caimaneros que en el mundo somos, este libro es una alegría mayor, íntima y pública al mismo tiempo, porque a través de él transitan, desde la poesía y la memoria, valores que nos fortalecieron durante años y que seguirán animando los proyectos que artistas y pensadores quieran seguir desarrollando en estos espacios creados a punta de esfuerzos colectivos y solidaridades confesas o silenciosas.

La amistad es uno de esos valores. Y este es un libro hecho también desde ella, reuniendo incluso nombres y personalidades que el tiempo y las geografías alejaron en su momento y que este momento reúne nuevamente para recordar al amigo, al poeta, al narrador, al crítico, al cineasta, al pelirrojo irreverente que en esa balanza de oro, ese péndulo, se reía y se/nos preguntaba: qué dirán de mí los biógrafos, mi socio.

Quién sabe –y qué importa– lo que digan, lo que dirán, lo que no han dicho en este tiempo. Y en el que venga. Lo importante, sí, es confirmar que pocos libros como este podrían armarse con poemas dedicados a un contemporáneo querido y admirado o con textos que nacieron al calor o al brillo de su joven herencia literaria y humana.

Por eso agradecemos tanto las palabras que siguen dedicadas a/o inspiradas en los versos del Rojo y a los poetas que se hicieron aquellas preguntas en una sala santiaguera y allí mismo pre/pos vieron este libro.

Por eso lo ponemos ahora junto a otros papeles y sonidos con los que el Centro Pablo ha querido, desde siempre, honrar, honrándonos, la memoria de Wichy: el libro de sus crónicas casi desconocidas, De nube en nube; el volumen de la Colección Palabra viva en el que su voz dice poemas y cuenta sobre su vida a otro hermano inolvidable, Orlando Castellanos; las imágenes que animaron nuestras paredes en Mirar al Rojo, una de las primeras exposiciones que organizamos cuando nacía nuestro Centro.

Eso: mirar al Rojo otra vez en este libro entre el cuerpo y la luz.

Víctor Casaus

Puede descargar el libro en el siguiente link del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau:  “Entre el cuerpo y el alma”

Materia de poesía


Qué importan los versos que escribiré después
ahora
cierra los ojos y bésame
carne de madrigal
deja que palpe el relámpago de tus piernas
para cuando tenga que evocarlas en el papel
cruza entera por mi garganta

entrégame tus gritos voraces
tus sueños carniceros

Qué importan los versos donde fluirás intacta
cuando partas
ahora dame la húmeda certeza de que estamos vivos
ahora
posa intensamente desnuda
para el madrigal donde sin falta
florecerás mañana

 

Luis Rogelio Nogueras

Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”


Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”

 

A Daína Chaviano, la muchacha que revitalizó la ciencia ficción y la literatura fantástica en Cuba en la década de los ochenta, debo recuerdos entrañables. Senel Paz, Daína y yo ganamos el Premio David de 1979 cuando los tres éramos solo proyectos de escritores. Daína decidió marcharse de Cuba en los noventa pero ni sus lectores ni sus viejos amigos la olvidan.

Modesta, talentosa y bella, nunca tuvo enemigos y su dulzura y carisma siguen cautivando a quienes se le acercan, a pesar de que es uno de los nombres de la literatura cubana más conocidos y premiados en el panorama internacional.

Recientemente, Ediciones La Luz, de Holguín, publicó su libro de poemas Confesiones eróticas y otros hechizos. En ellos está nuestra Daína de siempre, sus mundos esotéricos, su vocación por lo maravilloso y extraño y su amor terrenal y desprejuiciado traducido en una escritura enigmática y sobreabundante.

Apenas terminé de leer este libro sentí la necesidad de comunicarme con ella. Y así lo hice. Reveladora de sus cualidades humanas y su culto a la amistad fue la rápida respuesta que dio a mi cuestionario a pesar de que me habían advertido que para las entrevistas ella era “muy especial”.

En la actualidad, Daína Chaviano está considerada una de las autoras más relevantes del género fantástico en Hispanoamérica. La parapsicología, lo sobrenatural y la magia y la complejidad de las relaciones humanas, son algunas de sus obsesiones más arraigadas. Además de dos premios obtenidos en Cuba (el ya mencionado David y La Edad de Oro) ostenta otros de gran relieve internacional como el Anna Seghers, de la Academia de Artes de Berlín, el Azorín de novela en 1998, el Fernando Gallardos en 2003 y el Malinalli en 2014. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

Sin embargo ella confiesa seguir siendo la misma Daína de siempre. Las respuestas que dio paraOnCuba confirman su fidelidad a sí misma y a sus lectores de Cuba y fuera de ella, y evocan lo mejor de sí misma: su vocación por la conciliación y el diálogo entre la Isla y su diáspora. He aquí mis preguntas y sus valiosas respuestas.

¿Por qué publicar en Cuba estos poemas, escritos en los años ochenta en la Isla y no otros libros más recientes?

La publicación del poemario se debe a una invitación que me hizo Adalberto Santos Leyva, editor de Ediciones La Luz, quien me contactó a través de mi página de Facebook. Desde el inicio, la propuesta fue ese poemario. La acepté con gusto, después de que mi agente literaria no pusiera reparos. Aunque había sido escrito en los años 80, se trataba de un libro que no se conocía en la Isla, así es que sería nuevo para los lectores cubanos.

Dedicas tu poemario a Luis Rogelio Nogueras. ¿Qué recuerdos personales y qué valoración literaria tienes de esa persona?

Wichy ha sido una de las personas más importantes en mi vida. Lo conocí poco después de ganar el premio David de ciencia ficción, a principios de la década de los 80. No sé si recordarás que fuiste tú quien nos presentó en el portal de la UNEAC. A partir de ese día se convirtió en mi sombra, en una especie de cómplice y guía existencial que no se separaba de mí. Era un hombre sumamente inteligente, de una memoria extraordinaria, con un sentido del humor muy fino, siempre en función del conocimiento y del chiste intelectual, sin que ese término, en su caso, significara pedante o impostado; todo lo contrario, era un tipo muy chispeante e ingenioso. Me dio a conocer maravillas literarias, desde poetas raros hasta clásicos del erotismo. Fue una relación de cinco años que para mí representaron siglos de aprendizaje. Dejó una huella tan profunda en la joven que yo era entonces que, no solo muchos poemas de esa época, sino incluso dos de las novelas que escribí fuera de Cuba están inspiradas en conversaciones y lecturas que compartí con él. Sigo admirando su poesía, que aún me parece tan buena como la primera vez que la leí.

¿Cómo ha sido tu vida desde que te fuiste de Cuba?

Muy variada y llena de giros inesperados. He pasado momentos difíciles, aunque otras experiencias han sido espléndidas. En términos profesionales, fui traductora, reportera y columnista; también editora y directora de revistas como Discover, Newsweek y Architectural Digest. Impartí clases en la Universidad Internacional de la Florida, mientras hacía un doctorado que finalmente abandoné cuando La isla de los amores infinitos se tradujo a 25 idiomas. Desde ese momento me dediqué a escribir a tiempo completo. Por otra parte, he disfrutado la posibilidad de explorar y acercarme a temas esotéricos que siempre me han interesado, de conocer países y lugares mágicos, de interactuar y moverme en ambientes muy heterogéneos. He recibido reconocimientos y galardones que no esperaba, tanto en universidades como en ferias del libro. Y más importante aún, tengo nuevos lectores que me escriben desde todas partes del mundo. En ese sentido, no me puedo quejar.

¿Qué opinas de la literatura cubana que se escribe tanto dentro como fuera de la Isla?

Como ocurre siempre, hay de todo en calidad y estilos. El problema mayor, a mi modo de ver, es la separación editorial y comercial entre los autores que viven dentro y fuera de la Isla. Los primeros no tienen a su alcance el mercado internacional y los segundos carecen de sus lectores naturales. Esto es algo que obstaculiza el crecimiento y la promoción de cualquier literatura. Es cierto que hay autores que brillan por sí mismos, pero si la nación (y me refiero al conjunto formado por sus habitantes, vivan donde vivan) aspira a contar con una literatura de peso, la peor política posible es el mantenimiento de esa separación. Lo ideal sería que tanto los autores que viven dentro de la Isla como los que viven fuera pudieran publicar libremente en el extranjero y en Cuba, para que los lectores cubanos (estén donde estén) puedan tener acceso a sus autores. Sé que esto dependerá de los cambios internos en la Isla, así es que habrá que esperar.

En Cuba tienes aún muchos lectores, ¿te seduce la idea de publicar toda tu exitosa obra en tu país de origen?

No descarto la idea. Un reencuentro con los lectores de la Isla sería un gran regalo. Siempre me sorprende la cantidad de personas que me escriben desde allá. Pese a las dificultades con Internet, me encuentran a través de las redes sociales, ya sea por mi sitio web, mi blog o mi cuenta en Facebook. Muchos de ellos no habían nacido o eran muy pequeños cuando me fui. Eso me indica que sigue existiendo una conexión entre los libros que publiqué allí y una generación que nació y creció más tarde. Me gustaría mantener esa continuidad con mis libros posteriores.

¿Qué opinas del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y en qué medida crees que favorecerá la relación de la Isla con su diáspora?

Creo que la Isla crecerá cuando abra sus puertas a Estados Unidos, no solo económica y socialmente, sino espiritual y culturalmente. Por un lado, hay casi dos millones de cubanos viviendo en Estados Unidos. Nunca antes Cuba había contado con una reserva humana tan grande en el exterior, deseosa de impulsar el desarrollo de su país de origen. Por otro lado, los propios Estados Unidos han cambiado mucho en los últimos cincuenta años .Su presidente actual (y los que vendrán) eran apenas bebés o no habían nacido cuando surgió el conflicto entre ambas naciones. Podrán existir desacuerdos, pero esas diferencias no significan una enemistad obligada. Hay que pensar más en las generaciones presentes y venideras, y menos en nuestros propios dolores y rencores. No vale la pena malgastar tanta energía en conflictos que, a la larga, no producen ni conducen a nada útil.

¿Ha cambiado algo en la Daína Chaviano que conocimos y la que hoy es una de las autoras cubanas más conocidas en el mundo?

Creo que, en esencia, sigo siendo la misma. Continúo soñando con mundos mejores.

¿Cuáles son los proyectos literarios en los que trabajas actualmente?

Acabo de entregarle a mi agente una novela que me ha llevado diez años de trabajo, debido a la cantidad de investigación que requería. Ahora me tomaré un tiempo para realizar otras actividades, como impartir un taller de escritura en el Miami Dade College y preparar la ponencia para un panel sobre literatura fantástica en México. Después decidiré entre tres libros que he dejado a medias, y de nuevo a escribir.

Caimán no come caimán… pero sí poesía


Del blog de Félix Contreras

De arriba hacia abajo: Víctor Casaus, Froilán Escobar, Luis Rogelio Nogueras y Félix Contreras. (Fuente: https://felixcon.wordpress.com/galeria/)

Por: . 22|6|2015

El Caimán Barbudo es lo más parecido a su circunstancia natal, a los días de su fundación. La nación despertaba de dictaduras, escándalos de corrupción, robos y gansterismo, y se iniciaba la década más fundadora de su historia tras la victoria de 1959: Instituto de Reforma Agraria, Consejo Nacional de Cultura,  Casa de las Américas, UNEAC,  ICAIP, entre otras instituciones.

La cultura toma vuelo, trasciende la magia negra del bongó y la tumbadora, la cultura popular entra en interesantísimo proceso de rescate, redescubrimiento y revaloración: Benny Moré, el son, Arsenio Rodríguez, la guaracha, Antonio Arcaño, la rumba, Rita Montaner, Bola de Nieva, Chano Pozo, Carlos Embale,  Ñico Saquito, El Chori, son rescatados (de Las Fritas de Marianao) y colocados en el sitio de la alta cultura con Saumell, Beethoven, Lecuona, Bach, Ignacio Cervantes, Ignacio Piñeiro, Bizet, Roldán, Caturla, Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier…

Asombrados, vemos y sentimos toda esa eclosión que nos devela de modo directo, sin el dedo “magistral” de la retórica, nuestra cultura, nuestro país. Somos ejemplo de cómo una nueva generación, con recursos y voluntad política del estado, además de inserción en la sociedad, encuentra campo para su realización profesional en el omnipresente nuevo marco institucional de ese proceso de renacimiento cultural que borra el aislamiento, que localiza al individuo y lo lleva a la convergencia con el otro, con los otros.

Época tan radicalmente nueva, fascinante, madre de asombros que hasta los millonarios donan tractores y arados para la Reforma Agraria.

Leíamos —al mismo tiempo— a Martí, Tallet. Guillén (el “malo” y el “bueno”), Machado, Escardó, la Loynaz, Whitman, Eluard, Ballagas, Casal, Boti y Poveda,  Carilda, Agustín Acosta, Pedroso, Florit e igual, al mismo tiempo, descubríamos, sin emoción vergonzante —con Helio Orovio— el Mamoncillo de la Tropical al ritmo de Benny More y su fabulosa Banda Gigante, o a Roberto Faz y su Conjunto, que nos dio con el bolero otra vertiente de la poesía.

¿Dónde y cómo se encuentran los futuros caimaneros?

El único núcleo de jóvenes poetas existente en la isla eran los de El Puente —con editora— con José Mario a la cabeza. Enfrente teníamos, vivos y radiantes, a los grandes poetas de Orígenes (Lezama, Diego, Cintio, Fina, Baquero), dándonos saludable y estoico ejemplo de la necesidad y utilidad de la poesía y también, los más jóvenes de la generación del 50 (muy recelos con nosotros) que igual respetábamos: Retamar (“en cazuela”, parodiaba Wichy), Padilla, César López, Pablo Armando Fernández,  Fayad Jamís, Manuel Díaz Martínez, José Álvarez Baragaño y otros.

Amábamos todo lo que oliera a poesía, la buscábamos en la calle, en el lenguaje del vivir cotidiano y en la parodia. Lo lúdico como antídoto a la retórica finisecular heredada, todo lo que fuera juego, jugar con la palabra y los nombres, todo lo que fuera mecanismo de creación porque poesía era todo, y todo era posible.

Un grupo muy matizado, típico de la diversidad de procedencia socio-cultural. No éramos individuos escogidos o seleccionados, sujetos o atendiendo a un programa ideo-estético, ideológico, religioso o de la francmasonería, etc.

Nos escogió el azar y agrupó la poesía.

El Caimán Barbudo encuentra su núcleo fundador en la Brigada “Hermanos Saíz”, fundada en 1965 en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional. Recuerdo allí ese día a Sigifredo Álvarez Conesa, mi condiscípulo en la Escuela de Instructores de Arte, Manolo Vidal (pintaba y escribía), Helio Orovio, Rafael Escobar Linares, electo de presidente de la sección de literatura —redactor de la revista Mar y Pesca—, Argelio Sosa (becado, cursaba el preuniversitario en Ciudad Libertad), René Allouis (“algo chiflado”, traductor de películas en inglés y en la radio), Maggie y Roger, inseparables, más amantes y con más pegadera que Romeo y Julieta.

Salvo los mencionados Sigifredo y Orovio, no recuerdo al resto de los caimaneros en la Biblioteca. Presumo que los conozco después en la UNEAC, sede de la Brigada, cuando comienzan allí sus reuniones los sábados, de una de la tarde a siete de la noche. Todos éramos inéditos, aún sin ningún interés en publicar. La lectura e interactuar con los otros, ocupaban todo nuestro tiempo.

Tengo nítido mi primer encuentro con Wichy (Luis Rogelio Nogueras) y Froilán Escobar: la Brigada celebra una lectura colectiva de poemas, yo tenía los bolsillos llenos de versos dedicados a un almendro, y Sigifredo —en cuyas manos quedaron para siempre— me pide que lea algunos. Al final fuimos al restaurante Los Siete Mares y yo súper contento, pues tenía también siete mares pero de hambre. Con Froilán, Orovio, Víctor y Wichy intimé más.

La realidad cultural se fue diversificando y con ella, nosotros: unos entraron a la universidad, nosotros, los de poca escuela, al autodidactismo, a comernos el mundo.

Fuente: El caimán barbudo, la revista cultural de la juventud cubana

Me quedaré con Wichy


DIÁLOGO CON NEYDA IZQUIERDO

Me quedaré con Wichy

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Al levantar el auricular Neyda respondió de manera solícita, la primera impresión que tuve de la viuda de Luis Rogelio Nogueras fue agradable; no puso peros cuando la convidé a departir sobre su relación con Wichy y la literatura. Le dije que cualquier parque del Vedado o una oficina de la revista serían buenos sitios para conversar; ella respondió sin ambivalencia que no, fue tajante y confesó: “hay lugares que me traen muchos recuerdos y los evito, precisamente los parques del Vedado y ese que está ahí, frente a la revista y del teatro Amadeo Roldán”. No hizo falta saber por qué, era evidente que en más de uno tuvieron algunas cuitas de amor.

Neyda vive sumergida entre libros, sus perros y los recuerdos en su modesta casa de Santo Suárez. Allí me invitó a conversar, a sostener un diálogo, sin los códigos de la entrevista académica, sobre más de un tema pero sobre todo de Wichy Nogueras, un hombre de letras, un poeta que nos dejó a los 40 años, precisamente cuando su excelente obra comenzaba a destacar en la historia de la literatura cubana.

La influencia de Wichy en su vida es notable: “Él fue un hombre muy culto, conocía de todo o casi todo, y en cuanto a las artes disfrutaba y dominaba todas las manifestaciones. A su lado aprendí a editar, a conocer más de cine y de diseño, a valorar más la poesía. Era un gran lector, tenía poetas y narradores recurrentes como Walt Witman, Allan Poe, Dashiell Hammett, Mario Benedetti

“Me enseñó que cuando tenía el material, el libro, en mis manos para editar, debía primero visualizarlo con el manuscrito, para que  llegara a mi corazón, que a pesar de no hacer la cubierta, tenía también que apropiarme de una idea de diseño para ese texto. Aunque soy graduada de Química, por él también regresé a la universidad para licenciarme en Filología para conocer más, teóricamente, el mundo de las letras y hacer mejor mi trabajo”.

Neyda es Premio Nacional de Edición 2013, segunda mujer que lo obtiene en el país y la primera en el ámbito de editores de ciencia y técnica, una especialización que considera va más allá de la edición, de por sí, una creación presa del anonimato y el silencio: “Tienes que reescribir. No es lo mismo editar una novela, un cuaderno de poesía o de cuentos hechos por escritores que, obviamente, dominan el lenguaje, que enfrentarte a un volumen científico, por autores que desconocen los recursos de la escritura. Cuando recibí el premio rápidamente vino Wichy a mi memoria. A él he dedicado este galardón”.

El comienzo de una historia de amor

“Recuerdo cómo nos conocimos: la primera vez que lo vi fue en una ruta 74. Él estaba sentado en la parte de atrás, yo venía del laboratorio porque estudiaba Química en la Universidad. Enseguida que subí me llamó la atención, era un hombre muy blanco y pelirrojo, muy atractivo. Intercambiamos miradas y sonrisas, eso fue por el 69 o el 70. Luego de ese día no lo vi más”.

Relata Neyda que por cosas del azar concurrente, al recibirse de Licenciada en Química, en 1972, la ubican en la editorial Pueblo y Educación, donde transitó por varios departamentos. En uno de ellos reconoce a Wichy y a él nunca se le olvidó aquella hermosa muchacha de la ruta 74 con la que trocó miradas y sonrisas y que el tiempo resumió en amor.

“En la editorial hablamos y nos reconocimos enseguida, nos reímos, fue todo muy simpático. Me confesó que siempre recordó a la muchacha de la guagua y yo le dije que igual me pasó con el pelirrojo. Así inició nuestra relación sentimental y en pocos meses nos casamos”.

Wichy reaparece en la literatura

“Si tengo que escoger entre las cosas que escribió, me quedaría con la poesía. Él escribía de todo, pero era fundamentalmente un poeta, en mayúsculas. Por eso titulé el próximo libro sobre su obra Me quedaré con la poesía, una nueva compilación, que saldrá a propósito de homenajearlo por sus 70 años”.

Nogueras dejó una rica obra literaria aún inédita entre los que se encuentran los epitafios, muchos realizados a dos manos con Guillermo Rodríguez, con quien también legara su primer libro publicado en el género policiaco Elcuarto círculo; losheterónimos, una especie de narraciones con poesía donde los sujetos líricos son reconocidos personajes de la literatura o del mundo literario a quienes le endilgaba los poemas aparecidos en la obra. También crítica cultural y narrativa.

“Hay un libro de cuentos que saldrá por la editorial Extramuros para el próximo año y una novela policiaca llamada Encicloferia, que tiene la particularidad de no tener final. Sucede que la dejó inconclusa. Él siempre que escribía hacía un proyecto para cada capítulo sobre lo que sucedería. En su lecho de muerte ideó que un amigo le hiciera el final, pero no pudo ser”.

Entre ocurrencias, las influencias

Una de las características de la personalidad de Wichy que más recuerda Neyda es su sentido del humor, una bis cómica de un hombre culto y al mismo tiempo muy cubano.

“Cuando yo regresaba a casa él me preguntaba ‘¿qué hiciste hoy?, ¿adónde fuiste?′ Me lo decía serio y al mismo tiempo en juego. En realidad quería que yo le hiciera el cuento varias veces de diferentes formas, él me obligaba a inventar maneras de narrar. Yo me dejaba engañar. Si le decía que en el camino me encontré con alguien aprovechaba eso para preguntarme ‘¿y qué te dijo?′, y me animaba a recrear lo que la persona de marras me había contado, o sea, era tan literario hasta para cosas más simples.

“A veces salíamos juntos y él contaba todo eso a otras personas muy diferente a cómo yo se lo había dicho. Lo inventaba. Así fui aprendiendo con él, independientemente que yo era y soy una fervorosa lectora.También tenía otra manera de jugar, él se escondía en algún lugar de la casa y hacía que yo lo buscara insistentemente. O de lo contrario se ponía a inventar palabras, de hecho, en su obra es evidente ese rejuego de letras. Mi vida a su lado fue muy alegre”.

Y si muero mañana o Ama al cisne salvaje

“Los lectores de poesía recuerdan a Wichy, los jóvenes han enamorado con los poemas de él, todos los que lo han hecho han querido ser los autores de poemas como “Ama al cisne salvaje”, por ejemplo, que me lo dedicó. Muchos me han dicho que con esos versos enamoraron a su pareja y al conocerme se alegran. Fui su musa de más de un poema”.

La zona escritural de Luis Rogelio Nogueras abarca la poesía erótica, pero también la política y la social. Una obra pletórica en imágenes, descontaminada de lugares comunes, y asumida con naturalidad, como si los versos se hilaran por sí solos.

También es una poesía deudora de muchos poetas, influencias que bien supo utilizar hasta darle un estilo, una personalidad inconfundible, el sello Nogueras que se puede hallar sin temor dentro del canon de la literatura cubana.

El cine, esa otra pasión

Luis Rogelio amaba el arte en todas sus expresiones. Disfrutaba hacer guiones para cine, incluso como hobby. De ese vínculo con el cine cubano de los años 70 y 80 nacieron obras como El brigadista y Guardafronteras, de Octavio Cortázar, a quien consideró siempre un gran amigo. Como la vida misma, en coautoría con Víctor Casaus, y en Polvo rojo aparece, incluso, como actor interpretando a un extranjero.

“También estudió animación en el ICAIC, era buen dibujante. Sus proyectos con el cine quedaron a medio camino. Dejó un guion para una película que quería hacer titulada Una Carmen cubana, en colaboración con Antonio Gades, quien era su amigo. Él desearía toda la salud del mundo para poder haber aportado todo el talento a la cinematografía nacional, incluso como camarógrafo, pero las pocas cintas que escribió, sus guiones quedan como fiel recuerdo y memoria de su impronta en el Séptimo Arte”.

La parca no escribió el final

Dice Neyda que la muerte lo arrancó demasiado temprano. Wichy tenía 40 años en 1985 cuando el cáncer le arrebató la vida; “una vida llena de amor, de pasiones por el arte y la literatura”.

“Mis ocupaciones con el estudio, su intensa vida creativa y la muerte no nos dio tiempo a tener hijos. Él sabía lo que tenía, yo sufría por aquello. Cuando supe que tenía cáncer apenas comía, llegué a enfermarme, y él me decía: ′parece que la enferma eres tú y no yo’.

“Todo comenzó por la alteración de un ganglio. Fuimos al médico que fue un amigo de la familia, al verlo, de antemano el doctor sabía lo que tenía, entonces nos remitió a un especialista; cuando buscamos los resultados ya Wichy tenía metástasis. Era demasiado tarde, ya no se podía hacer nada.

“Siempre me pregunté por qué. Hubo antecedentes y el doctor nos cuestionó por haber tardado tanto en comenzar el tratamiento.  Nunca le dije nada a Wichy, pero él sabía que estaba enfermo y en sus últimos días, era demasiado inteligente, al punto que se lo decía a los amigos. Sin embargo, siempre me lo  recriminé: no haberle dicho nada. Era su vida, una vida plena de alegría. En 1985 Wichy nos dejó, de él tengo sus libros, sus notas, las cosas que no terminó y las inéditas; los recuerdos de su amor. Está su literatura, tan hermosa y rica en tan poco tiempo”.

Transformar para bien la cultura cubana


Lisandra de la Paz • La Habana, Cuba
Fotos: Yaima Amador, Maribel Amador
Fuente: Revista Digital La Jiribilla

Las hojas secas que se arrastran hacia la oscuridad en un bosque donde habita el lobo y el hombre nuevo, descubren a un libro rojo que, desteñido, es más bien color zanahoria. Y esas hojas secas, que nos rodearon y cubrieron de magia e historia no tan olvidada, las desprendieron Pedro Juan, y Senel, y Guillermo, y Luis Rogelio.

En boca de Francisco López Sacha estuvo la presentación, bajo el sello de la Colección Sur Editores, de cuatro libros que reflejarán perpetuamente, mediante la poesía, la realidad cubana.

Cabeza de zanahoria abrió el hueco en la velada por donde se meterían los demás volúmenes. Luis Rogelio Nogueras con su sabido sentido del humor, jugó con los artificios de la inocencia y la infancia. A decir de Sacha, es un análisis, una expresión irónica y burlesca, mediante la cual, paga las deudas con los poetas que lo formaron. Se nota, además, un lirismo que va marcando una nueva generación de poetas, nueva generación que, a su vez, se vio influenciada por este clásico de la poesía cubana. Llega un momento en el libro en que el poema empieza a vivir por sí mismo, por la naturaleza causal de las cosas, lo que constituye un tránsito vital por la historia.

Desde otra orilla de aquel mar que emergió esa tarde, irradió en la sala la luz de Guillermo Rodríguez Rivera con El libro rojo, que miró desde otra perspectiva la poesía coloquial cubana, según el presentador. “Se percibe un conflicto entre el individuo, el poeta y la historia, haciendo un balance de la poesía que le antecedía. Este libro es de por sí una ironía con el Libro rojo de Mao Tse Tung; su búsqueda de decir todo se mezcla con la poesía, el testimonio, la voz del poeta, el sujeto lírico, el narrador…, allí donde está sonando el mundo áspero de la Revolución”.

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En la década del 70, momento en que surgió el libro, existían diferencias radicales entre el punto de vista que Guillermo inauguraba y las políticas de esos años en Cuba. “El  problema de la poesía política es que cuando pasa el tiempo, hay que explicar los hechos, porque se van olvidando. Este es solo un pequeño libro doctrinario”, afirmó el autor.

El vacío de la existencia, la inutilidad de todo esfuerzo, la carencia de sentido…, era el verdadero mundo en el que quería entrar Pedro Juan Gutiérrez Arrastrando hojas secas hacia la oscuridad, que la Colección SurEditores regala por vez primeraSacha lo trataba como poesía porque decía sentir la obsoleta calidad de esos textos, “el libro es el destino mismo de seres humanos anónimos que van hacia la muerte”.

Pedro Juan contó que, al terminarlo, sintió casi arrepentimiento porque le pareció demasiado depresivo y melancólico, pero “me he dado cuenta que cada libro que se escribe es solo una huella del momento en que  se escribe, me doy cuenta que uno está vinculado a cada uno de los personajes. La poesía es libertad, porque cuando se escribe, uno no la piensa”.

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El lobo, el bosque y el hombre nuevo, relato del que posteriormente surgió el guión cinematográfico del filme Fresa y Chocolate, también presentado en esta ocasión, es uno de los cuentos más leídos, más populares en Cuba y más polémicos, que dividió en dos la historia del cuento cubano, alegó el presentador.

Agregó que “el cuento enfocaba un gran problema, el problema del otro, del por qué el otro es discriminado, de por qué no tiene voz, de por qué no puede hablar… ¿Simplemente es por su orientación sexual? Plantea todas las discriminaciones, y no solo la discriminación sexual.

“Se ve la naturaleza del ser, del hombre y la mujer en Cuba en aquellos años, y de aquel muchacho dogmático que se transformó y gritó «voy a ayudar al próximo Diego, y el próximo Diego va a llegar»”.

El guión plantea casi lo mismo, explica Sacha refiriéndose a Fresa y Chocolate. Mientras que el relato es un recuerdo desde el futuro, el guión es lineal. Pero lo más importante en este guión es que se crean bandos de personajes. Primero se ve un David que está en el bando de los simuladores, y después se pasa al bando de los auténticos, el bando de Diego y Nancy.

“¿Por qué no confiar en la humanidad toda? ¿Por qué se ha confiado en los simuladores y no en la humanidad toda?”, son las preguntas que  Francisco López Sacha se hace a propósito de la obra, que, según él, demuestra hasta dónde es necesario ser consecuentes y honestos para llegar a cumplir los sueños de los personajes.

“Todas estas obras –concluyó Sacha- han ayudado a cambiar para bien la cultura cubana”.