1977: Entrevista al Maestro Juan Rulfo realizada por el periodista español Joaquín Soler Serrano


JUAN RULFO. De la serie A FONDO de RTVE 1977

Entrevista que realizara el periodista español Joaquín Soler Serrano (19192010, España) al Maestro Juan Rulfo (1917-1986, México) el 17 de abril de 1977.

Transcripción realizada por la administración del blog “mequedaríaconlapoesía”. Pedimos disculpas ante cualquier error que aparezca en la misma, debido a que hay palabras inaudibles en la grabación original. Gracias.

Juan Rulfo y Joaquín Soler Serrano

Me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos como si fuera el vástago de un racimo de plátanos. Y aunque siento preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo. En la familia Pérez Rulfo, nunca hubo mucha paz, todos morían temprano a la edad de 33 años y todos eran asesinados por la espalda.

Estas son palabras de Juan Rulfo recogidas por María Teresa Gómez en el libro Juan Rulfo y el mundo de su próxima novela. Nos hace muy felices tener aquí al gran maestro mexicano de la novela, uno de los grandes de la narrativa contemporánea y —acaso y sin acaso— uno de los seres que escribiendo han logrado con un solo libro una reputación universal, el respeto y la admiración de todo el mundo y la consideración de un fuera de serie.

Juan Rulfo es, como saben ustedes, autor de dos libros fundamentales: Pedro Páramo y El llano en llamas, acerca de los cuales, acerca de su gestación iremos hablando en el curso de esta conversación.

Vamos a empezar, si le parece a usted, maestro Rulfo por el principio, es decir, por esa evocación de quiénes eran sus antecedentes familiares. ¿Quienes eran los Pérez Rulfo?

Bueno pues, los Pérez Rulfo en realidad era un apellido compuesto, ¿no? se apedillaban originalmente Rulfo. Ellos llegaron de España por allá, por el año 1790 y se establecieron, originalmente, uno de ellos, el antepasado directo fue monje de un convento. Era el mayor de la familia y el padre no lo quería y lo metió de monje. Entonces se fue a México a un convento, de ahí subió y, originalmente se llamaba Juan del Rulfo. No llevaba el apellido Pérez Rulfo. Lo que resultó después que este hombre se casó primero con una persona y después enviudó y volvió a casarse, pero él combatió en las fuerzas de Calleja que a su vez estaba combatiendo contra los insurgentes. Quizá fue el motivo fundamental que él se apropiara de ese Pérez Rulfo ¿verdad?, porque era conocido como capitán Juan del Rulfo en las fuerzas realistas y naturalmente que después él no quiso, vino la independencia, y él trataba de eludir el compromiso que había tenido con las fuerzas españolas ¿no? para pasarse al bando insurgente.

Yendo ya a estadios más próximos parece que su abuelo paterno era abogado, creo.

Era abogado.

Y su abuelo materno hacendado.

Era hacendado, exactamente.

Más o menos los orígenes más inmediatos de Juan Rulfo hay que buscarlos en Jalisco, en los altos, ¿no?

No, en los bajos.

No en los altos sino de los bajos los bajos. Bien, usted nació exactamente en Sayula.

Bueno no exactamente en Sayula sino en un pueblo cercano a Sayula que se llama Apulco.

Porque es que las biografías dan distintos nombres. Hablan de Sayula, hablan de San Gabriel, hablan de Apulco.

Efectivamente nacimos en Apulco. Lo que pasa que es un pueblo perteneciente a San Gabriel, y San Gabriel a su vez es del distrito de Sayula y como es pueblo pues no aparece en los mapas, no figura en los mapas. Siempre se da como origen la población más grande.

Era un pueblo pequeñito entonces el pueblo donde usted nació.

Muy pequeño.

¿Qué población tendría para entonces?

Unos dos mil habitantes, más o menos.

¿Cómo era ese pueblo, se acuerda?

Era un pueblo en una barranca, ¿verdad?, con calles torcidas todas, empinadas. Mi abuelo construyó en realidad casi todo el pueblo, el puente sobre un río, la iglesia. También él fue el autor de la construcción de esa iglesia. En realidad, creó el pueblo. Pero vino después la rebelión Cristera y entonces hubo una concentración y a toda la gente de los pueblos pequeños los concentraron a las ciudades más grandes. Fue cuando nosotros nos pasamos a vivir a San Gabriel.

Porque parece que, efectivamente, la revolución Cristera fue especialmente dura con ustedes.

Con nosotros, efectivamente.

Parece que tanto sus padres y otros parientes próximos perdieron prácticamente todo lo que tenían.

Todo.

No hubo más remedio que irse a probar en otro lugar.

Claro.

Esa revolución ocurrió en los años 1926 a 1928. Usted querría explicarnos un poco ¿por qué se les llamaba los cristeros, ¿cuál era el fundamento de ese nombre y de esa revolución?

Bueno, los cristeros nacieron cuando se aplicó la constitución mexicana de que debía haber un cura por cada 10 000 habitantes. Naturalmente que el pueblo se opuso. Entonces los sacerdotes cerraron las iglesias y dejaron el culto cerrado también. El pueblo protestó primero con boicots de distintas formas, después se levantó en armas. Tomó las armas y se fue a defender lo que llamaban ellos la santa causa de Dios. Y esa rebelión en realidad tiene un origen más bien matriarcal. El fenómeno curioso fue que las mujeres fueron las que hicieron la revolución cristera. Porque el decirle a un hermano, a un esposo o a un hijo “no eres hombre si no te vas a pelear por la causa de Dios”, pues ser una ofensa muy grande ¿no? Entonces se levantaron todos en armas.

Esa zona en la que usted nació, era una zona que en cierto modo debió de ir creándole a usted ya un sedimento que más tarde veríamos en sus libros, en una zona más violenta, una zona donde se producían saqueos, incendios, revoluciones, sequías, toda clase de fenómenos digamos caracterizados sobre todo por la violencia de la naturaleza o del hombre ¿no?

Sí. Es una zona muy agitada y muy violenta y sobre todo la cristiada creó saqueo. La cristiada se caracterizó más que nada por el saqueo, tanto de un lado como de otro. Fue una rebelión estúpida, si se quiere ¿no? porque los cristeros tenían posibilidades de triunfo y los federales tenían los suficientes recursos para acabar con estos hombres que eran de tipo guerrillero ¿no? Además, las mujeres tenían que luchar contra las mujeres porque el motivo principal era atacar al hombre, pero la mujer era la que surtía del parque, la mujer era la que almacenaba el armamento.

¿Era la intendencia?

Sí, era la intermediaria entre el hombre y el pistero y entonces eso lo dejó pasar por alto el gobierno federal y mientras las mujeres se movilizaban libremente ¿verdad? por el campo, por todas partes llevando armamento, pues era difícil terminar con la rebelión.

De ahí, de Sayula, salieron siempre y sobre todo en esa época y posteriormente también muchos hombres emigrando hacia Tijuana, hacia la frontera con los Estados Unidos para buscar trabajo como braceros que era por lo menos más seguro ¿no?

Muchos. La mayor parte de la población de Tijuana y Mexicali de Jalisco. Desde esa zona de Jalisco.

Bien, quedamos entonces en que en principio su familia era una familia acomodada, aunque perdió sus bienes en esa revolución. En los primeros meses de esa revolución usted sufrió una pérdida terrible para un niño que fue la de su padre ¿no?

Sí. Fue mi abuelo y mi padre. Los dos.

Los dos murieron en esa misma época. Fueron dos golpes tremendos.

Sí, y en seguida murió mi madre. A los pocos años, también.

Después murió su madre. Usted estaba estudiando para entonces en las monjas Josefinas de Guadalajara.

Con las monjas Josefinas de San Gabriel. Pero, precisamente, cuando vino la rebelión cristera clausuraron los colegios y entonces nosotros nos fuimos a Guadalajara.

A la muerte de sus padres, prácticamente, usted se quedó con casi ningún pariente próximo que pudiera realmente tener la responsabilidad de cuidarse de usted.

Pues con una abuela nada más.

Y entonces, parece ser que, tuvo que vivir durante un cierto, un largo tiempo, en un orfanato.

En un orfanatorio, efectivamente.

De ese orfanatorio, según usted ha confesado algunas veces los recuerdos que tienen no son precisamente gratos.

No.

Usted ha dicho que era como un correccional.

Era una correccional, sí. Era el único orfanatorio que existía en Guadalajara. Y a los ricos de Guadalajara los internaban allí como cárcel correccional. Nosotros que, no éramos de allí, veníamos de los pueblos pues lo tomábamos todo como cosa natural ¿no? Pero para muchas personas, sobre todo hijos de gente pudiente de Guadalajara, la forma de castigar a los hijos era metiéndolos a esos orfanatorios.

A ver si los enderezaban, ¿no?

Sí.

Y en realidad ¿usted cree que enderezaban algo ahí?

Sí, era terrible la disciplina, el sistema era carcelario, se puede decir.

Ahí, entre otras cosas ¿que recuerda usted que verdaderamente haya aprendido que tenga que agradecer a esos años un tanto tristes?

Bueno lo único que aprendí fue a deprimirme. Fue una de las épocas en que me encontré yo más solo y en donde conseguí un estado depresivo que todavía no se me puede curar.

¿Todavía no ha logrado usted superarlo del todo?

Exactamente.

Y ¿usted cree que arranca, exactamente, de esos años críticos?

Sí. Yo sí lo creo porque fue un año difícil.

Antes de eso usted era un niño abierto y alegre como todos los niños.

Y allí me aplacaron bastante. Sobre todo, nos enemistábamos. Había pandillas de muchachos que, unos a otros, nos hacíamos la vida pesada.

La verdad es que usted tiene un cierto y raro prestigio de hombre muy escéptico con respecto a las gentes, de hombre más bien tímido, introvertido, de hombre reacio a enfrentarse con el público, con los halagos, con el aplauso, incluso con los fans que pueden estar diciéndole lo mucho que le admiran. Ese sentimiento ¿también arranca más o menos de esa época o usted cree que estaba ya, en fin, en sus genes, en su carácter?

Yo creo que ya era cosa de carácter. Sí, porque el pánico que le tengo yo a la multitud, a la gente es una cosa natural, congénito quizá.

¿Usted es más feliz en la soledad?

Exacto. He aprendido a vivir con la soledad.

La cultiva usted como si fuera su más preciosa flor o un gran amor. Dígame maestro, además de la soledad usted tiene, sin duda en esa soledad, una serie de personajes que le rodean. Yo estoy seguro de que usted tiene sus fantasmas, más o menos vivos o muertos, con los cuales usted mantiene una especie de diálogo constante que acaso sean esos personajes, que usted ha arrancado de la realidad de su pueblo. La preocupación que siente usted en general por el hombre y por el estado de violencia en la que el hombre tiene que vivir siempre está constante en toda su obra.

Sí, efectivamente, pero es una violencia y un medio de vivir. Se puede decir creado, sino imaginado. No he conocido yo gente violenta. No he vivido tampoco fuera de esos años, primeros años de la cristiada, no he vivido en una zona agitada. Casi puedo decir que los primeros años en que vino la rebelión, todas estas cosas, pues yo salí de allí. Entonces siempre más o menos hubo apaciguamiento. Los lugares donde yo estuve eran lugares tranquilos, pero el hombre no lo era. El hombre traía ya una violencia retardada como dijéramos ¿no? Era de chispa retardada. Era un hombre que podía surgirle la violencia en cualquier instante y es que traían todavía los resabios en la revolución. Venían con ese impulso, que les había dejado la revolución, y aún querían ellos seguir. Les había gustado, pues. Les había gustado el asalto, les había gustado el allanamiento a la violación, la violencia. Y traían el impulso. Entonces, se encontraba uno con hombre aparentemente pacífica, con personas que no aparentaban ninguna maldad, pero por dentro eran asesinos. Eran gente que había vivido pues muchas vidas, con una larga trayectoria de crímenes atrás de ellos. Y es impresionante conocer a esta gente que de pronto la considera uno pacífica, tranquila, apacible, como decía antes y de pronto sabe que detrás de él hay alguna historia muy grande de violencia. Entonces esos personajes se me han grabado y los he tenido que recrear ¿no?, no pintar como ellos eran, sino que he tenido que revivirlos en alguna forma imaginándolos como yo hubiera querido que fueran. Entonces el proceso de creación que sigo en estas cosas no es puramente tomando las cosas de la realidad sino es imaginándolas.

La realidad es sólo el punto de partida y después hay una recreación total.

Total, sí. Lo único que hay de real es la ubicación. Ubicando el personaje ya le doy yo cierta realidad, aparente ¿no? y después tengo que inventarle también el modo de hablar, de expresarse. Porque ellos no se expresan así.

Lo curioso es que usted que es un escritor, en fin, con una gran economía de palabras, que no trata de decir con demasiados adjetivos las cosas, ni siquiera los paisajes o los fondos sobre los que se siluetan los protagonistas de la acción, siempre el paisaje, de una manera o de otra está dicho, aunque no sea más que en el diálogo, ese llano, ese páramo, esa calidad del paisaje, esa luminosidad y esa violencia del paisaje está descrita casi sin quererlo. Yo pienso que esa es una de las mayores virtudes que tiene su prosa en el sentido que usted no ha intentado de hacer descripción y nos la da.

Sí, yo le agradezco mucho sus conceptos, pero yo le digo, cualquier persona que tratara de encontrar esos paisajes, encontrar esos motivos que han dado origen a esas descripciones no las encontraría. No se dio con frecuencia. Hay otros que han querido ir a ver, nos pasó hace poco, se quería hacer una revista literaria dedicada al Llano en llamas, entonces querían fotografiar la zona, la región, pero eso nunca se encontró. Se querían retratar los rostros de los personajes porque algunos de los personajes no tienen rostros, quizás usted haya observado eso también. No, pos la gente es común y corriente como en todas partes, no había nada especial.

Se ha dicho de usted, entre otras tantas cosas que usted es un novelista telúrico que es un hombre que está, en fin, enraizado a la tierra y que nace de la tierra. Se ha dicho de usted que es un poco un naturalista también, sin embargo ¿usted tiene grandes devociones por los escritores que pudiéramos considerar dentro de esas clasificaciones?

Sí, efectivamente. Pues sí, pero la naturaleza en función del hombre, como el caso de José María Arguedas. Verdad que también tenemos muchas similitudes hasta en la forma de pensar. Pero el hecho es que sí hay una consecuencia lógica en todo esto irracional, si se quiere, aunque sea una contradicción porque los personajes son irracionales, actúan en forma irracional, sin razón ninguna y si les quiere dar simplemente se les quiere caracterizar bajo el punto de vista de la lógica. Estudiando lógicamente a la gente se encuentra con que hay contradicciones constantes. Entonces, para mí, el ideal no es reflejar la realidad tal como es. Porque tal como es, sobre todo la realidad actual, la estamos viviendo, la estamos leyendo en la prensa, lo estamos viendo por la televisión, estamos viviendo todo nuestro mundo actualmente el día a día, entonces no podemos, al menos, repetir lo que está diciéndose, lo que se está diciendo. Creo en eso, no sé si comentaba con usted esa idea que tenía Arguedas precisamente de que, al autor, escritor, quizá hay que dejarle el mundo de los sueños ya que no puede tomar el mundo de la realidad.

Diríamos que el mundo de la realidad se ha convertido en información, en periodismo y que, por lo tanto, el escritor tiene que vivir el otro mundo, el mundo de los sueños o el mundo del pasado, el mundo de la creación no del reflejo de la realidad directa.

Exacto, tiene que esperar otra realidad.

Vamos a continuar con su vida. En Guadalajara fue donde hizo usted sus estudios primarios y además estudió usted contabilidad. ¿Por qué fue eso de estudiar contabilidad?

Bueno, en aquel tiempo se estudiaba contabilidad como una especie de “muleta” al salir de la escuela sería un medio de trabajo, que le permitiera a uno seguir estudiando otras cosas. Entonces, era la “muleta” la contabilidad. No había otras carreras prácticas o más bien funcionales.

En el año 33, tenía usted 15, emigró a la ciudad de México donde estuvo usted cubriendo diversos tipos de empleos, más bien raros, por ejemplo.

Pues fui agente de inmigración, fui recaudador de rentas. Hice una bola de cosas.

Al mismo tiempo que eso, reanudó usted sus estudios en tanto que trabajaba y estuvo usted cursando literatura en la universidad.

En la Facultad de Filosofía y Letras.

En ese famoso Departamento de Inmigración donde usted consiguió el empleo, en el 1935, trabajó usted, según parece, durante una década.

Diez años, exacto.

¿Y qué cosas hacía usted en esta oficina?

Perseguir extranjeros.

Perseguir extranjeros. Extranjeros que estaban clandestinamente.

Extranjeros ilegales. Es el trabajo de los funcionarios de inmigración. Nunca capturé ninguno.

Durante la guerra se ocupó usted de la distribución de las tripulaciones de los barcos alemanes que llegaban a México.

Y ¿cómo sabe usted todas esas cosas?

Bueno, no sé, yo he reunido algunos datos y parece que este es uno de ellos ¿no?

Efectivamente, tuve a mi cargo la tripulación de los barcos alemanes e italianos que se refugiaron en México, en los puertos mexicanos durante la guerra.

¿Y Usted entonces los internaba?

No, no estaban internados.

¿Qué hacían con ellos?

Tenían a la ciudad de Guadalajara como cárcel. Vivían en la ciudad libremente y solamente todos los días les pasábamos lista.

¿Y los barcos estaban en calidad de…?

Los barcos el gobierno se apoderó de ellos. Eran barcos tanques, eran barcos petroleros la mayor parte, a excepción de uno de ellos que era el transatlántico el Orinoco y los puso a navegar con bandera panameña. Después hundieron dos de esos barcos el Lucifero que le habían puesto Potrero del llano y el otro Rhin que se llamó Cerro Azul.

¿Y quién los hundió?

Les estallaron las galeras porque nuestras tripulaciones eran tan buenas para operar estos barcos… Eran barcos muy modernos y no quisieron utilizar a los tanquistas ¿a los foguistas, ¿no? A los fogoneros, pues, originales por tratarse de extranjeros. Entonces les estallaron las calderas y los barcos se hundieron, pero dijeron que eran submarinos alemanes —que los hundieron a 300 metros de la costa…— que eran los submarinos alemanes que habían ido hasta allá a hundirlos.

En operación de represalia ¿no? En el año 1940 dicen que tomó usted la pluma con ánimo literario por vez primera, quizá el dato no sea de una gran precisión, pero lo que sí parece es que entonces escribió usted una novela, una novela sobre la ciudad de México que usted acabó por destruir.

Sí, efectivamente.

¿Había escrito algo antes que eso o eso fue realmente lo primero que escribió?

Lo primero que escribí fue esa novela. Una novela bastante grande, bastante extensa sobre la ciudad de México.

¿Y porque la destruyó? ¿No estaba contento con ella?

Era muy mala.

¿Le pareció a usted entonces o le sigue pareciendo ahora?

Me sigue pareciendo muy mala, sí. Retórica, alambicada y llena de…

¿Llena de los pecados de la juventud? Los pecados literarios de la juventud.

Le di una vez a Juan Rejano, cuando ellos llegaron, un capítulo de esa novela para que lo publicara en una revista que hicieron ellos que se llamó  Romance, era la revista de los republicanos españoles y nunca lo publicó por malo. Así era de mala, así.

Al maestro no le gustó su primera novela, novela al parecer un tanto hipersensible en la cual pretendía analizar la soledad de un campesino trasplantado a una gran ciudad moderna como era la ciudad de México en distinto federal. Entonces tenemos que esperar dos años más hasta 1942 para conocer el primer cuento de Rulfo La vida no es muy seria en sus cosas, que publicó usted en una revista de Guadalajara.

Sí, en la revista América.

En 1945 aparece otro cuento, Nos han dado la tierra, que recogerá más tarde en El llano en llamas. En 1947 empezó usted a trabajar en publicidad, en el departamento de ventas de una firma fabricante de neumáticos.

Goodrich Euzkadi

Y usted que tenía que hacer ahí ¿pensar eslóganes para anunciar los neumáticos?

Originalmente sí. Estuve muy poco tiempo en publicidad. Después fue agente viajero, agente vendedor.

Después fue usted vendedor de neumáticos por todo el país.

Por todo el país.

¿Cómo se le daba la venta de neumáticos?

Muy buenas, se venden solos.

¿Sobre ruedas?

Sí.

En 1953 publicó El llano en llamas, una colección que contenía entonces, me parece, que eran 15 cuentos la primera edición y de la que se han hecho tantas ediciones que puede ostentar fajas como estas, realmente asombrosas —400 mil ejemplares editados hasta la fecha—, que es una cifra ante la que se siente uno verdaderamente asombrado y disminuido. Cuatrocientos mil ejemplares de un libro de cuentos. Yo pienso que es un récord insólito en la historia de las letras en castellano.

Pues sí, eso ha sucedido.

¿Y qué sintió usted cuando se dio cuenta de que tenía esa enorme capacidad de llegar al público con sus cuentos?

Bueno, en realidad, al principio me sentí frustrado porque las primeras ediciones no se vendieron nunca. Eran ediciones de 2 mil ejemplares, máximo de 4 mil ejemplares y las regalaba yo más que nada. Los libros que circulaban eran porque yo los había regalado, ganaba la mitad ______________. Hasta esta generación ha empezado ya a leer el libro y a buscarlo. Y sólo en estos últimos años es donde han tenido sus tiradas.

Bueno, por supuesto, El llano en llamas está traducido a gran cantidad de idiomas uno de las últimas versiones que aparecieron es la alemana que fue presentada este año en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt que estaba un poco, bajo el signo de la narrativa hispanoamericana. Después de estos tipos y paisajes de Jalisco recogidos en El llano en llamas en el año 53-54 obtiene usted una subvención de la Fundación Rockefeller que es la que le permite a usted realmente dedicarse con una cierta calma a escribir su novela y tardó usted en escribirla realmente muy poco tiempo.

Sí, como 4 ó 5 meses.

Fue un récord porque usted es un hombre más bien lento para escribir.

Sí, a mí me parece que la novela ya estaba escrita.

Estaba totalmente en su cabeza.

Sí. Fue nada más cuestión de trasladarla, darle desarrollo.

La novela nació, exactamente en 1955. De ella hay diversas versiones. No tenemos aquí más que alguna. Por ejemplo, ésta. No sé cuántas ediciones irán ya de Pedro Páramo. Aquí hay otra en la que está recogida en España junto a El llano en llamas. Aquí tenemos otro Pedro Páramo. Yo tengo otra edición que me parece que es venezolana y no sé si tengo también una cubana que no he podido traer. En fin, no sé. ¿Como cuántos ejemplares deben ir ya publicados de Pedro Páramo?

Como medio millón.

Esta novela, una novela en cierto modo no considerable por el número de páginas, es decir por lo voluminosa, ha dado a Juan Rulfo una absoluta notoriedad, un enorme prestigio, un puesto de primer plano indiscutible dentro de la narrativa hispanoamericana de nuestros días. Hecho ciertamente también, y en eso sigue usted marcando récord, hecho desconocido hasta ahora. Porque los escritores generalmente llegan con una, con dos, con tres, con cuatro obras, pero usted con una sola novela consiguió el consenso general y el éxito.

Pues, ha tenido esa fortuna este libro.

Bueno, ya hablaremos después de Pedro Páramo. Yo quisiera que sigamos ahora un poco paseando la mirada por su vida, que es una vida en cierto modo tan atrayente por tantas por tantas cosas. No sé si hemos visto una foto que teníamos de los padres de Juan Rulfo, creo que sí. Aquí tenemos otra fotografía que vamos a conocer ahora en la que están su esposa y su hija. En 1970, el maestro Rulfo recibe el Premio de Letras de su país, de la República de México, que vamos a ver ahí, firmado por el presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz. Otro presidente, el presidente Carlos Andrés Pérez de la República de Venezuela le concedió, en atención a sus méritos, como maestro de la narrativa hispanoamericana la condecoración de Francisco de Miranda. Y llegamos quizá al momento que podíamos considerar más crítico en la vida literaria de Juan Rulfo, que lleva ya unos cuantos años trabajando en una novela que no acaba de salir, una novela que en principio se iba a titular La Cordillera y no sé si ese título ha sido ya objeto de otra sustitución. ¿Sigue siendo La cordillera?

No, ya ha sido cambiado.

Clara Aparicio y Claudia Rulfo Aparicio

¿Es mejor no saber el título todavía?

Sí, todavía no tiene título.

De una manera, en cierto modo, muy curiosa, muy original, cuando a usted le preguntan y ¿cómo va la nueva novela?, usted dice: “pues ahí voy medio trabajando en ella”, que es una expresión muy graciosa y nada comprometedora. Pero en realidad ¿cómo está esa novela que todos esperamos?

Bueno en realidad, yo rescaté un poco de ese material y voy a formar una novela corta, una noveleta que le llaman— y la voy a reunir con varios cuentos. Creo yo que, si logro trabajar duramente en ese asunto y tengo la suficiente tranquilidad para hacerlo, la calma, la serenidad, algún tiempo y también pues las ganas, tal vez termine este año de hacerla.

¿Cómo está usted de ganas ahora, en estos días, en este año? Hay escritores que dicen: este año no estoy para nada. ¿Usted también es de esos o este año está para algo?

Pues sí. Tengo cierta disposición.

Está usted en un momento bueno para trabajar y para crear. Hay aquí un disco, un disco muy curioso, del que tenemos en el atril la portada y aquí tenemos el reverso, donde la propia voz, la voz viva de México, La voz viva de Juan Rulfo está relatando dos de sus cuentos. Es un disco que ha tenido, naturalmente, un gran eco en su país y que yo pienso que para todos los innumerables seguidores y admiradores del maestro es una joya, es verdaderamente algo muy valioso. Hablemos un poco de Pedro Páramo mirándolo ahora desde la perspectiva de los años transcurridos, usted está plenamente satisfecho de esa obra.

Bueno, en realidad la he olvidado ya ¿no?, hasta cierto punto. No olvidado de ella como una cosa ya del pasado. Han surgido ciertas inquietudes de parte, como digo, la nueva generación que apenas lee, que apenas está leyéndola, que tiene una serie de problemas para entenderla. También yo los tuve para escribirla, la verdad, pero en realidad considero que es una novela difícil, pero que fue hecha con esa intención. Se necesitaban tres veces leerla para entenderla. Y como le decía antes, mi generación no la entendió, ni la consideró nunca interesante y las actuales generaciones la entienden y la aprecian  —como usted dice—. Al menos eso veo por las tiradas que ha alcanzado últimamente el libro.

Se dijo que su técnica era muy complicada. Se dijo que recuerda un poco a Faulkner.

Sí.

Faulkner ¿es escritor de sus predilecciones o no?

Bueno sí, efectivamente, pero no tiene influencia de Faulkner.  

En realidad, había una manera muy personal ahí de narrar, una manera de contarlo desde todos los planos posibles, desde todos los puntos, hacia adelante, hacia atrás, de costado, a saltos. Es realmente casi un planteamiento maquiavélico ¿no? de la narración.

Sí, está roto el tiempo, el espacio ¿no? Y es que se trabajó con muertos y eso facilitó el no poderlos ubicar en ningún momento. Si no puedes dar esos traslados, hacerlos desaparecer en el momento preciso, volverlos hacer aparecer después ¿no? En realidad, es una novela de fantasmas. De fantasmas que de pronto cobran vida y la vuelven a perder. Y sí, sigue siendo complicada ¿no?

Sigue siendo complicada, pero ¿y en cierto modo usted no piensa que ha sido un punto de partida para no sólo para que lo entiendan a usted, sino para las nuevas generaciones que empiezan a escribir? ¿No está viendo, quizá ya, un grupo de jóvenes escritores “rulfistas”? que en cierto modo usted ha creado una escuela, ha señalado un camino.

Pues sí, sí lo ha habido, pero ha sido difícil por la estructura misma de la obra ¿no? Es difícil volver a escribir una novela así porque está estructurada en tal forma que llega aparentemente a no tener estructura cuando es lo que sostiene a la novela, la estructura ¿no?

Desde el punto de vista de la técnica que otros escritores vivos hispanoamericanos de hoy le interesan a usted.

Bueno me interesa Juan Carlos Onetti. El que hablábamos en estos días, Skármeta. Un joven escritor mexicano que está empezando a escribir que se llama Arturo Azuela. Y, en cuanto a una técnica muy moderna y muy difícil también, en el sentido de utilizar un lenguaje nuevo, es Salvador Elizondo. Pero en América Latina y aún en España a mí me interesa mucho, mucho Sánchez Ferlosio y Juan Marsé. Son quizás los que más me interesen en este sentido.

Y de los grandes campeones del boom, del llamado boom latinoamericano, hablamos aquí claro está de Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez etcétera

Pues Cortázar y Vargas Llosa me gustan mucho, sí. Cortázar más que ninguno de ellos y creo que de él se puede aprender mucho.

Escritor difícil también cuando se lo propone y de técnica compleja.

En sus narraciones cortas es muy sencillo, es muy sorprendente además ¿no?

¿Qué conoce usted de España, Maestro Rulfo?

Pues de España conozco bastante. Unas ciudades muy interesantes como: Segovia, Ávila, Toledo, Barcelona, Gerona. Me interesa sobre todo la zona románica de España.

Una de sus aficiones, si no estoy mal informado, es la fotografía. Creo que usted, cámara en ristre, se pasea por los paisajes de su pueblo y supongo que ahora le ha dado por los nuestros retratando monumentos, recuerdos arqueológicos e históricos ¿sí?

Lo hice en un tiempo, sí. Me gustaba mucho la fotografía. Me gusta mucho.

Fotografía tomada por Juan Rulfo

¿Le guste a usted la televisión?

Claro, sí. Bastante.

Maestro, no sabe usted lo que nos ha gustado tenerle aquí, que haya usted aceptado nuestra invitación y que al fin y al cabo de los meses le hayamos visto sentado en esta silla, que estaba deseosa de albergarle por un ratito y sabiendo además lo que a usted le cuesta, en fin, exponerse a la curiosidad de la gente. Le estimamos doblemente esta gentileza, esta deferencia que ha tenido para con nosotros.

Para mí ha sido un gran honor.

Ahora sólo nos falta esperar que llegue pronto ese nuevo libro suyo porque, como está viendo usted por las tiradas, en España tiene usted tantos lectores por lo menos como en México y en cualquier otro país.

Siempre es ¿verdad? Pues para mí ha sido un gran honor estar aquí con ustedes. Sobre todo, con ustedes que le agradezco tanto esta oportunidad y que me han sacado de mis casillas porque no acostumbro, quizás es el primer programa donde yo participo.

Esa es precisamente ese carácter de excepción y esa generosidad suya lo es que queremos agradecerle especialmente maestro. Muchas gracias

Las gracias son para ustedes.