Cuerpo


Cuerpo 1

Este es mi cuerpo: 
es fuerte como un laurel; 
pero no fui parido en la isla de Delos:
no soy Apolo, por tanto; si voy al gimnasio a luchar 
bien puede ocurrir que otro me derrote.

Soy hábil con la lanza y diestro con la espada; 
participé en innúmeras batallas;
mas no soy Ares, el dios de la guerra,
y bien puede ocurrir que me maten en el próximo combate.
 
Soy elocuente: mis discursos son fluidos e ingeniosos; pero no tanto como los 
discursos de Hermes,
hijo de Zeus y de Maia y dios de la oratoria.
 
Soy un buen navegante: a remo, a vela; me gusta, en mi balandro, aventurarme 
en el mar, lejos de la costa;
pero yo no mando sobre las olas y sobre los vientos, 
como Poseidón, rey de las aguas.

Soy un hombre justo; pero no haré
justicia después de la muerte como el rey Minos.
 
No podría derribar un toro de un golpe, como Heracles; 
no podría matar al Minotauro, como Teseo;
jamás tendré un escudo forjado por Hefastios 
ni una mujer tan hermosa como Afrodita.

Porque mi casa está en Roma, no en el Olimpo. 
No soy sino un simple mortal,
un hombre;
pero fuerte, diestro, ingenioso y justo 
en la medida humana.
Y es bastante.

1 Nacido en Capua hacia el año 80 a.n.e., según algunos; en la Galia Cisalpina alrededor del año 90, según otros; contemporáneo de Cicerón, de Catulo y de Lucrecio, Valerio Licinio es una de las figuras literarias más enigmáticas del período que comprende desde la abdicación de Sila hasta la muerte violenta de Cayo Julio César en pleno Senado, en los idus de marzo del año 44. Se sabe por el historiador Ennio Flaco (Scriptores populi Romani, V, 22) que Licinio fue hombre instruido; estudió oratoria con el tribuno Cornelio Lépido y visitó las principales ciudades de Asia y Sicilia. Gozó de gran renombre en su época como poeta y fue consejero particular de Pompeyo; cuando después de la derrota de Farsalia Pompeyo huyó a Egipto (48), es fama que Valerio Licinio se fue a Rodas, ciudad en la que murió, pobre y olvidado, en el 28 a.n.e. En sus años de esplendor, según afirma el gramático Ancio Celso (De grammaticis et Rhetoribus, 126 y ss.), escribió más de doscientas composiciones poéticas; desgraciadamente sólo han llegado a nuestros días una dedicada a Teseo, de carácter marcadamente épico y escrita en hexámetros, y otra titulada «Corpus», que fueron recogidas por el obispo Gregorio Casidoro de Cesarea (m. hacia 59) en su libro Commentarius exegeticus (III, 320-323). El poemita fue vertido al español por primera vez en 1624 por el erudito Francisco Bernal, depurada  de algunos arcaísmos.