Luis Rogelio Nogueras, articulista


Por: Guillermo Rodríguez Rivera
Una amistad de más de veinte años —la mitad del poco tiempo en que Luis Rogelio Nogueras estuvo entre nostros—, me hizo acceder desde tiempo atrás a muchos de estos artículos. Pero también es cierto que muchos de ellos los tenía olvidados o, mejor, traspapelados entre ese montón de cosas que siempre guarda la memoria. Por lo menos, la mía.
Sí, porque ahora que vuelvo a leer para mi alegría Intertextualidad, textualidad y supratextualidad en el Directorio Telefónico de Ciudad de La Habana, me doy cuenta de que lo recordaba perfectamente y todavía me parece ver a Wichy en la biblioteca del ICAIC, a la que los buenos oficios de Alfredo Guevara habían llevado a un puñado de jóvenes cubanos, de dentro y de fuera, para dialogar sobre literatura cubana. Allí estaba Lourdes Casal, aproximándose como Nogueras al temprano final de su vida. Pero había también algunos «no-cubanos». Fue precisamente la peruana Irene Vegas García quien preservó ese texto que luego Roberto Fernández Retamar hizo editar en la revista Casa. Ahí está Wichy de espíritu entero: volteando la seriedad de aquella reunión a través de esa sabrosa parodia de la crítica hermenéutica que me sigue haciendo reír veinte años después.
Lo que estos artículos, escritos todos para publicaciones periódicas muestran, es la amplitud de la curiosidad intelectual de Nogueras, y esa avidez que lo hizo también intentar múltiples medios de comunicar: cine, narración, artículo, poema.
Ese fue uno de los rasgos fundamentales de ese escritor vuelto hacia todos los misterios que él mismo contuvo.
Es curioso el único homenaje que aparece aquí dedicado a la música: el artículo en que Nogueras rinde tributo al tempranamente desaparecido cantautor venezolano Alí Primera.
Creo que si a Wichy hubiera que destinarle una segunda patria, algo así como una patria suplente, esa sería Venezuela. Vivió allí varios meses y luego, allí, hizo amigos que no lo olvidan y otros que lo recuerdan y hasta lo frecuentan sin haber podido conocerlo.
Como jefe de redacción y editor de Cine Cubano, tuvo la oportunidad de recorrer muy diversas zonas del mundo a donde lo llevaban las múltiples relaciones de nuestro cine.
Ahí está el contacto con la gran actriz sueca Liv Ulmann, encontrada en un vuelo aéreo; el encuentro con el documentalista vietnamita Hong Sen; o esa meditación sobre «América Latina, el crítico de cine y la complicidad» que es, sobre todo, un reclamo del reconocimiento de nuestras especificidades culturales; o el elogio del trabajo de Tomás Gutiérrez Alea, a quien siempre admiró, o la exaltación del canadiense Norman McLaren, como para que nadie olvide que lo primero que hizo Nogueras para el arte fue un dibujo animado.
Pero, además del cine, estaba el infalible amor del Rojo por la literatura, y muchas veces de esos viajes cuyo objetivo era el trabajo para la revista, se valió Wichy para frecuentarla. Uno de estos artículos consigue comunicar el cine cubano y la literatura, y ya se desplaza Nogueras hacia su amor más intenso y definitivo: la poesía, como le confiesa a Orlando Castellanos en la entrevista que ese excelente periodista le hiciera, y que esta edición reproduce también.
Es hermosa esa crónica que Wichy consigue a partir de una entrevista con Dámaso Alonso, presidente de la Academia de la Lengua pero, esencialmente, el poeta autor de ese libro renovador de la poesía del idioma hacia los años cuarenta que es Hijos de la ira, el que Wichy evoca en ese trabajo.
Hay en el libro dos homenajes a Nicolás Guillén, quien compartió con Nogueras, además del gusto por la poesía bien escrita, sobre todo dos cosas: el humor y la elegancia.
La literatura de la ex URSS, que Nogueras conoció perfectamente desde Kirguizia hasta Letonia, entra en el volumen a través de varios artículos que presentan a escritores como Vladimir Bogomolov, Jainis Rainis o el casi mítico poeta georgiano que fue Shota Rustavelli.
Es especialmente interesante la crónica dedicada a Mihaly Babits, voz poética de Hungría, país que tuvo una peculiar relevancia en los gustos y las aficiones de Wichy.
No podía faltar el artículo que Nogueras dedica al curiosísimo personaje de la cultura nicaragüense que es el médico y poeta Fernando Silva, seguramente cuando, junto a su amigo y compañero, el poeta Víctor Casaus, recorrió la tierra de la revolución sandinista.
Hay viejos amores de Wichy, como Bertolt Brecht, a quien publicamos en los días de El Caimán Barbudo, allá por 1966; y cómo iba a faltar James Joyce, reencontrado en la vidriera de una mítica librería parisina, Shakespeare & Company, fundada por la yanqui Silvia Beach, a la que el incorregible fabulador que es Nogueras, hace encontrarse con Ernest Hemingway ante nuestros ojos y para nuestros ojos.
Claro que me implica directamente esa crónica sobre ¿Cómo se escribe una novela policial?, en la que el Rojo recrea los momentos en que concebimos pero, sobre todo, escribimos El cuarto círculo.
También homenaje al policial es el artículo dedicado a Joy, la primera novela del luego prolífico y siempre excelente novelista uruguayo-cubano Daniel Chavarría.
Léase la preciosa crónica que Wichy dedica a Copenhague, la ciudad de Sören Kierkegaard y de Hans Christian Andersen.
Porque estas crónicas son también de lugares, de sitios que el Rojo nos muestra haciendo de insólito e insuperable guía turístico, como la eterna Roma, o ese monumento al amor que es el Taj Majal hindú, que hace al Rojo evocar, desde el título, el inmortal soneto de Francisco de Quevedo.
Y como colofón a las locuras, no se pierda el lector Fragmentos, elementos y onda expansiva, una suerte de factografía-testimonio de un entrenamiento de las milicias estudiantiles de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana, allá por los fines de los años sesenta.
Y como veo que estoy haciendo un tedioso inventario de lo que seguramente el lector va seguir con mucho más provecho (y placer) en los artículos de Nogueras, me detengo aquí. Siga adelante el lector y métase de una vez en la palabra del articulista, el narrador, siempre el poeta Luis Rogelio Nogueras.
(fuente: “De nube en nube” , Centro Pablo de la Torriente Brau, colección: Homenajes)

Wichy y Guillermo Rodríguez Rivera
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3 pensamientos en “Luis Rogelio Nogueras, articulista

  1. Quiero saber cómo contactar a Guillermo, es mi amigo, fue mi tutor en la UH, fui casi su mascota, jaja y le he perdido la pista!Norma Quintana

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