Tristán Lacroix


TRISTÁN LACROIX
Tristrán Lacroix: nació en Marsella en 1771 y murió heroicamente –siendo casi un niño– el 14 de julio de 1789, durante la toma de La Bastilla. Hijo de una familia de cardadores de lana, Lacroix tuvo, sin embargo, una educación esmerada gracias a su padre, quien no sin sacrificios, lo rodeó desde temprana edad de preceptores y maestros particulares de Música,  Lenguas Clásicas, Historia, Gramática e incluso Dibujo.
A los dieciséis años el joven Lacroix marchó a París y comenzó a trabajar en la biblioteca privada del historiador Vergniaud, a quien había sido recomendado por un profesor marsellés de latín, un tal Paul Lindet. En París, la naturaleza inquieta de Lacroix lo llevó a frecuentar el trato de algunos enemigos de la monarquía y el absolutismo, y a leer con avidez las obras de Voltaire, Montesquieu y en especial las de Rousseau. Comenzó a escribir versos de encendido patriotismo para una hojita clandestina muy leída, Courage, que según se cree dirigía Fabré de Englantine, quien sería más tarde secretario de Danton.
La noche del 12 de julio de 1789, cuando en París se conoció la dimisión de Necker, Lacroix se unió a la multitud que irrumpió en el arsenal real. El día 14, «enronquecido de tanto gritar, pálido, despeinado, con la camisa abierta y un fusil en la mano, se le vio por última vez camino de La Bastilla».
(Roben Corbiére: Dictionaire des auteurs francais, p. 334.)
El poema que publicamos ha sido tomado de la antología Poetes d’Hier de Alfred Jouve, y traducido al español por Miguel Sierra y Héctor Román.
¡ADELANTE!
¡Redoblad, tambores! ¡Ha llegado el día de la Victoria!
Tú, fundidor: funde las campanas de las iglesias para hacer
cañones;
funde el plomo de los ataúdes para hacer balas;
y cuando no haya balas, ¡cargaremos los cañones
con las monedas de oro de la Tesorería
y entonces vosotros, enemigos del pueblo,
seréis muertos por el oro que tanto codiciasteis!
¡Adelante, ciudadanos! ¡Adelante!
Nos detendremos sólo cuando estemos en el Paraíso. ¡Antes, no!
Tú, sastre: prepara abrigos para nuestro ejército
con las cortinas de los palacios;
y tú, zapatero: corta los ricos tapices ¡necesitamos botas!
¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante!
Campesino: ¡trae tu tridente! ¡Ven con nosotros!
Pero antes, ¡quema los establos de tu señor!
¡Quémalo todo! Ya habrá tiempo de reconstruirlo todo.
Los que tomen las armas para ir con nosotros
serán nuestros hermanos, no importa si son ángeles o
demonios.
¡Adelante, ciudadanos!
¡A reconquistar la belleza perdida!
¡Nuestra purísimas bayonetas abrirán a través de la sangre,
el lodo y la muerte un camino hacia la Verdad y la Justicia!
¡Adelante!
Y tú, madre mía; dulce madre mía: cose la bandera
que ondeará el día del Triunfo;
espéranos para lavar nuestras heridas.
Mas si no regresamos, ¡no llores!
¡Canta!
( Del poemario “El último caso del inspector”)<!– /* Font Definitions */@font-face {font-family:Cambria; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:auto; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} /* Style Definitions */p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:10.0pt; margin-left:0cm; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ascii-font-family:Cambria; mso-fareast-font-family:Cambria; mso-hansi-font-family:Cambria; mso-bidi-font-family:"Times New Roman";}@page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:72.0pt 90.0pt 72.0pt 90.0pt; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;}div.Section1 {page:Section1;}–
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