Oración por el hijo que nunca va a nacer


Éramos tan pobres, oh hijo mío, tan pobres
que hasta las ratas nos tenían compasión.
Cada mañana tu padre iba a la ciudad
para ver si algún poderoso lo empleaba
—aunque tan sólo fuera para limpiar los establos
a cambio de un poco de arroz—.
Pero los poderosos
pasaban de largo sin oír quejas ni ruegos.
Y tu padre volvía en la noche,
pálido, y tan delgado bajo sus ropas raídas
que yo me ponía a llorar
y le pedía a Jizo,
dios de las mujeres encintas y de la fecundidad,
que no te trajera al mundo, hijo mío,
que te librara del hambre y la humillación.
y el buen dios me complacía.
Así fueron pasando años sin alma.
Mis pechos se secaron,
y al cabo
tu padre murió
y yo envejecí.
Ahora sólo espero el fin,
como espera el ocaso a la noche
que habrá de echarle en los ojos su negro manto.
Pero al menos
gracias al buen Jizo
tú escapaste del látigo de los señores
y de esta cruel existencia de perros.
Nada ni nadie te hará sufrir.
Las penas del mundo no te alcanzarán jamás,
como no alcanza la artera flecha
al lejano halcón.

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2 pensamientos en “Oración por el hijo que nunca va a nacer

  1. nuestros padres quisieran evitarnos la tragedia de existir,,, pero es viviendo la vida que conocemos esa alegria o desdicha de existir y nadie puede limitarnos a esta verdad
    estas palabras llegan profundamente

  2. Me desgarra…la existencia de perros y la compasión de las ratas como motivos, no salvan de años sin alma. Esas tres expresiones son puñales en palabras.
    Gracias por compartirlo.

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