Antes de escribir un testimonio sobre Wichy


Antes de escribir un testimonio sobre Wichy
hay que terminar de tomarse esa botella
         /más bien
semánticos  exactos  el contenido de esa botella/
tarnave riesling romania de etiqueta verde  vino
blanco  frío  bueno para el calor de este invierno
que llega poco a poco a bahía
                             y
nada  /es decir  todo
recordar otra vez al rojo en su traje de etiqueta
juvenil  eternamente joven  lorbaironiano  feliz
/casi siempre feliz/  escéptico  /casi siempre
         escéptico/
batallador sobre su máquina de escribir  metido
en su cuartico de o’farrill  atolondrando las palabras
con el ruido metálico de su imaginación

imaginación que florecía en las líneas de su afilada
poesía  /que los tontos llaman pura/
y en los capítulos de sus novelas policíacas
y en los guiones industriales de sus filmes
capaces de llenar hasta el tope nuestras salas
y en esa balanza de oro  ese péndulo  el rojo
         se reía
qué dirán de mí los biógrafos  mi socio
pero era la misma manera de rasgar  de arañar
la piel  /y si era posible un poco más abajo/
         de su época
y llegar a millones y a miles y a cientos
         y a uno

uno  por ejemplo
que podía ser el comandante omar cabezas
o mejor  omar a secas  a húmedas mejor
         de flor de caña  omar
testimoniante y social  entrando
al hotelito del eps en managua
y diciéndonos  diciéndole a wichy que
         enmudecía en mitad
de la sonrisa
diciéndole de memoria  así  Omar

         Qué patético es el que intenta mirar con
                  amor las cenizas del amor;
         Tan patético como esos payasos que,
                  enloquecidos, en la noche,
         En medio de la carpa desierta,
         Contorsionan su cuerpo
         Y lanzan su voz estridente contra las                     
                  gradas vacías.

qué manera de conocer a un poeta
         personalmente
lanzándole a la cara los versitos de su
         corazón
/de nuestro corazón/
qué manera de admirarse aquellos dos
         hermanos
y entonces a qué pedir mayor felicidad

mayor felicidad que aquella en el borde
         delantero
en la tierrita enorme de waspán donde
         les hablaste
a los compas
         … alegre de estar ahorita por primera
         vez aquí, con ustedes, los miembros de
         las fuerzas sandinistas y con los habi-
         tantes revolucionarios de esta pequeña
         localidad fronteriza.  Yo voy a leerles
         un poemita muy pequeño, que esta dedica-
         do a mi hija.  Los mayores saben que los
         niños, sin proponérselo, hacen poesía.
         Los niños tienen mucha imaginación, hay
         cosas que los niños dicen que para un
         poeta es mucho trabajo construirlas. Los
         niños, cuando duermen y sueñan, tienen
         sueños por lo general imaginativos, her-
         mosos, y en esos sueños, desde luego,
         hacen poesía, para envidia de los mayores
         que intentamos escribir poesía.

y se oye después el poema a tu niña
         /ambarina obsesión
que te acompañaba aún en aquel camión
         que seguía
los vericuetos de la frontera
y en la atmósfera de puerto cabezas
donde llovía siempre sobre los techos de zinc
y en la madrugada de matagalpa
         /entre dos luces/
sufriendo y disfrutando como corresponde
aquella aventura hermosa de contarles
         a los hermanos
lo que pensábamos y lo que queríamos
         y compartir
con ellos la belleza coral de una consigna
y la íntima preci(o)sa alegría de una
         conversación nocturna
apilados en el camión sin más rumbo que
         managua
/a lo lejos/
y la oscuridad a lo cerca  /media nicaragua
debajo de las ruedas de este ifa/  media vida        
vivida en esa travesía  /bien

todo eso y más
antes de escribir un testimonio sobre wichy
después de hurgar una mañana en las páginas
         ya amarillentas
/nunca amarillas/  de los primeros caimanes
por estos días
están apareciendo los testimonios de los fundadores
y tú dónde estás  /cómo te reirías
         de ese título
el caimán y yo 
pensando que algunos hubieran preferido
         yo y el caimán
o recordando al pobre juan ramón  siempre
         con jota

aquí falta  /aquí no va a faltar tu testimonio
en los 20 añojos del caimán querido  a pesar
         de que no estés
y a pesar de que a veces fue el caimán el que
         no estuvo
en el número 161 raya 81 aparecieron otra vez
         tus poemas
/páginas diez y once/  precedidos de una
         entrevista
con el título paródico de
                         ¿y si gano mañana?
mañana ganaste  /siempre ganarás
                                allí dijiste
respondiendo a una pregunta
         Cada poeta cubano hereda un bosque. Si
         tiene talento y fuerzas, debe sembrar su
         árbol, pero sin perder de vista que forma
         parte de una tradición, que él es sólo una
         gota de agua en un océano.

lo bueno  lo mejor es cómo tú ayudaste a sacudir
         el bosque
de modo que cayeran
ramas partidas
hojas inútiles
rastrojos retóricos
flores de papel de esas que se adhieren
         a la corteza original
y mucha
mucha hojarasca prendida con alfileres
         y banderas

tú tenías razón
a este y a aquel poeta  al final
no les quedará otro remedio
que reunir sus sobras completas

entre trueno y trueno
tú sembraste tu árbol
amaste  /por turno o a la vez/  a tus mujeres
escribiste tus libros
repartiste fulgor y brillo al punto
que guillermo ahora se pregunta
¿es que ya nadie fabrica chistes en el mundo?

y es que haría falta subir contigo por santa
         catalina
y detenernos frente a tus papeles apilados
en los libreros que te rodeaban la vida  /o
con los que tú rodeabas la vida/
                               y
terminar de tomarnos esa botella  /más bien
semióticos  precisos  el contenido de esa
         botella
tarnave riesling romania de etiqueta verde  vino
blanco  frío  bueno para escuchar
         /una a una/
tus coplas malditas

                                    Víctor Casaus
Publicado en el libro Maravilla del mundo, Letras Cubanas, 1989
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