Ni penas ni olvido (Nelson Herrera Ysla)


a Luis, a Rogelio y a Nogueras

No construimos el tiempo necesario para arrancar una flor, un espejo, un astro, 
y colocarlo en su tumba. Ni canciones silban los jóvenes 
por ángeles como él que liaron bártulos, Adiós, dejando todo escrito.
¿Adónde fueron con sus fragancias los Luises, con ese aire 
universal en el pelo, olorosos a palabra nueva, a creación danzando 
de revista en revista, macerados en libros que me acompañan hoy 
en medio de tanta oscuridad, raros como la noche estrellada?
¿Qué países habitan los Rogelios, solitos como andan sus almas por ahí?
¿Qué leyes dictan desde el sueño a nosotros, aquí, rodeados de penas y olvidos 
desde que nos dejaron plantados en la orilla del mar?
Nogueras no terminó de voltear las cartas, de palabrear las calles 
maltratadas por Dios en esta isla ululante, de purgar sus mieles 
en cada página entintada de celebraciones porque se fue, se fue, 
y me dejó sin aliento para enfrentar la mañana siguiente a su partida.
Coléricos mundos, bravos ríos se precipitan sobre mí 
al recordar sus manos de seda blanca: escribe, me gritaba en los hospitales 
sobre sus huesos ya carcomidos. Escribe encima de una nalga de mujer, 
sobre paredes desconchadas, autos, sobre lágrimas de hombre pero escribe.
Para eso nacimos, Nelson, aunque no haya cebollas 
ni sabores tengan ya las frutas en su soledad. Escribe, me decía al oído 
ya exánime, bebiendo una taza de café amargo y vertical destilada por Guillermo.
Diocesito de cristal que era, piedra ámbar en la ciudad ruinosa, 
jade rodando sobre la espuma frágil.
Que se fue, Neyda, que se fue, pero ¿alguien sabe adónde?
¿Quién lo recuerda ahora entre tantas mentiras y aplausos, 
entre homenajes que no van a parte alguna, iluminado de dolor?
Ciego camina hacia el corazón de un poema, no ve nada, como Borges, 
se vuelve hermoso cuando ya no respira.
Todo duerme menos tu nombre, escribió Paulo Leminski en la Torre de Letras.
Por ahí revolotean sus alas, por ahí sus ojos brillosos saltan 
en el parque que atravieso un domingo sin saber qué hacer,
ese triste día que lo recuerdo al bajar a la tierra
mientras los teléfonos de la ciudad lloraban y las nubes desaparecían mar adentro.
Denme una sola razón para caminar en medio de este silencio general
que lo hace célebre, único, extraño al paladar, solo,
sin una flor sobre su tumba, sin una canción,
sin esa luna que deseo apedrear con mis dos manos.

Ah Luis, Hey Rogelio, Oh Nogueras, qué hermosos entonces escribiendo finalmente.
La puerta se cerró detrás de ellos y nunca más volvió a aparecer.

Junio, 2005

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Un pensamiento en “Ni penas ni olvido (Nelson Herrera Ysla)

  1. magistrales las poesias de Wichy, quisiera decir otra cosa, pero no puedo, amo demasiado la buena poesia

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