Cabeza de zanahoria


A Wichy
Era una resonancia suave contra el conejo Buggs
y Jules Renard
en la que todos intuíamos ciertas implicaciones vegetales
insistentes visitas de un pobre diablo adolescente que decía
ser artista.

Llegaba casi todas las tardes de lluvia
con su sombrero y su levita oscura
para contarte las más puras y lascivas historias
de todos sus contramigos y proyectos
(yo juro haberlos visto reír a carcajadas
y blasfemar borrachos y desnudos).

Sobre todo yo amaba tu manía encantadora de regalar por

(cumpleaños
a los tontos
elevadores portátiles para alturas considerables.
Tus lupas mapas
artilugios embrujados de poeta
pública
desesperadamente enamorado.
Los lápices afilados hasta lo inverosímil con que escribías
cartas puntuales a Nerval
con la extraña insistencia de que dejara a un lado las cintas
los cangrejos
como quien dice apuntalarle la nieve de ese invierno terrible.

El estilo elegante con el que andabas por ti mismo
tropezabas
atendías la lectura de los últimos poemas escritos por

(los amigos
conjurabas el insomnio
maldecías a voz en pecho contra el más reciente Rusk aparecido
(desde que te conozco sé que esa palabra quiere decir
hijo de perra en inglés)
y matabas una rosa cada mañana con tus huesos de humo
poniéndole después los espejuelos al cadáver
para que nadie lo advirtiera.
Pero fue inútil.

En realidad tú nunca supiste nada de la muerte
insistías en que duraba demasiado
y que podía ser en extremo aburrida.
Creías rabiosamente en el poder de la sonrisa
(incluso en la de Contreras que para mí siempre ha sido un

(poco triste.
Dylan Thomas, Guillermo Chagall y Jesús Díaz
te advertían hincándote con sus trompas de césares
vestidos de elefantes en las tardes
con un fondo musical del Silvio aquél que todos inventamos
y seguimos amando a pesar suyo.

En realidad yo pienso que esto ha sido una trampa
un poco sucia
porque Raúl y Pablo Armando lloraban como dos hombres que
lloraban
y yo me asomé a verte por si acaso te daba por salir a

(abrazarlos
qué algarabía
las flores
la muchacha más viuda que hubieras deplorado.

A tus pies
tratando de pasar como siempre
inadvertida
Ámbar estaba quieta en su cojín de niña pequeñísima
y apretaba sus flores y sonreía entre lágrimas
las dulces
más remendadas lágrimas del mundo
mientras yo le hacía señas que se callara
que iban a venir Cuqui Felicia todo el mundo
que se callara
pues sería la culpable de que Víctor y Nelson decidieran
leernos sus terribles poemas
tuviésemos que matar al maldito conejo negro
autor de esta broma estúpida y perversa.

Y ya lo sabes
porque después fue igual que siempre
aunque también estaba muy oscuro.

La semana que viene te llevo mejor una natilla
otro flan
una campana
el corazón de un escorpión mojado
una virgen descalza que buscaremos todos donde sea
yo no voy        nunca fui         yo llegué de los últimos
pero te llamo y nos ponemos de acuerdo.

Por favor ponte al maldito teléfono
y contesta.

Milagros González

10 de julio de 1985

(Tomado de: Cine Cubano, 114, 1985, pp 6-7)

 

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Un pensamiento en “Cabeza de zanahoria

  1. Me han regalado un disco de Piazzolla, lo pongo y escucho adios Nanonino, me entra el mensaje del blog de Wichy, entro buscando algo de él como siempre bueno y generalmente nuevo para mi, casi me salgo y veo Milagros Gonzalez…….no se, la curiosdad es fuerte……… quien es y de que trata? Esa combinacion de Piazzola y Milagros es como el martini seco preperado en el hogar donde el vermouth y la ginebra estan en la medida, el hielo en su punto sin faltar la aceituna. Gracias Milagros, lo degusté infinito, nuestro poeta no debe morir.

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