Saramago sobre Wichy e Imitación de la vida


Texto de Víctor Casaus.

Hay una opinión sobre este libro que yo quiero trasmitirles muy rápidamente, porque se trata de la opinión de una persona muy ilustre entonces, y ahora más ilustre aún porque acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, José Saramago. En una ponencia sobre la literatura cubana, durante un evento realizado en Cuba, decía que él conocía a algunos poetas cubanos, pero, para lo que él quería hacer, pedía se le permitiera que “de todos los escritores cubanos que conozco, tome hoy uno sólo y de este un sólo libro. No sé y ni quiero saber qué lugar ocupan uno y otro en la literatura cubana de estos días. Desearía hasta simular conmigo mismo un juego: imaginarme que de Cuba sólo he leído ese libro y ese autor: Imitación de la vida, de Luis Rogelio Nogueras (…) Aunque me sea forzoso declararlo, el primer poema del libro que leí no es un buen poema. No pasa de ser tal vez, la millonésima ilustración de la eterna lucha entre el ángel de la luz y el ángel de las tinieblas, entre el revolucionario Luis y el pequeño burgués Rogelio, que discuten y casi pelean, para decidir si Nogueras deberá o no darle una limosna a la mendiga ciega portuguesa que le extiende la mano.”

Como se trata de una opinión doblemente honorable, porque viene del Premio Nobel de Literatura más reciente, quiero leerles ese poema de Wichy que abre el libro, que se llama “Allude a esta pobre ciega”. Ayude fue escrito con doble ele, porque fue como el poeta lo leyó en el cartel que ella tenía sobre el pecho en el aeropuerto de Lisboa. El poema dice:

allude a esa pobre ciega

dice el cartel manchado que cuelga del cuello frágil de esa anciana.

El rostro martirizado permanece inmóvil,

los ojos sin vida lagrimean,

las manos huesudas parecen de madera

sobre la falda mugrienta.

Y yo pienso que debe tener mucho frío bajo esos harapos,

que la caverna de su boca desdentada

acaso nunca ha probado otra cosa que el duro y negro pan.

Y entonces el pequeño burgués salta de mi pecho

sonando unas monedas;

su blando corazón de cera comienza a derretirse de piedad.

Pero el otro que hay en mí se revuelve,

sacude al tonto burgués por las solapas,

hace volar de un manotazo las monedas,

y le grita en la cara

que sólo la revolución

podrá hacerle justicia

a esa anciana.

La aproximación y la comparación no satisfizo en aquel momento a Saramago, pero sí, escribió después —y quiero leerlo ahora— el homenaje a Nogueras: “ese poema “social” de primer grado, me haría apartar el libro con alguna impaciencia, si no fuese por la firme confianza que como novelista tengo, en general, de los poetas y porque sé que, desde Homero, aun los mejores tuvieron sus horas de flaqueza, sus súbitos adormecimientos —situación ésta, inútil sería añadirlo, que comparten con los novelistas, los dramaturgos, los cuentistas, los ensayistas. El gran error de que todos, felizmente, somos participantes. (…) Fue esa confianza la que me hizo proseguir la lectura; por esa confianza me vi ampliamente recompensado: Luis Rogelio Nogueras es un poeta admirable.

José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922 – Tías, España, 2010) Premio Nobel de Literatura, 1998

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Un pensamiento en “Saramago sobre Wichy e Imitación de la vida

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