Observar, estudiar la vida


La falta de rigor literario, la ausencia de experimentación —en favor de lo trillado—; la ramplonería temática; el maniqueísmo; la edición indiscriminada de obras, o más bien sobras, debidas a la garra de personas que ni siquiera son capaces de redactar con corrección una sencilla oración enunciativa (párrafos al estilo de «…allí habíamos tres hombres consistiendo en el teniente S… yo y el inspector N…, ante los cuyos hombres yacía el cadáver joven de un desconocido que presentaba senda herida perfilándose en su rostro…»): tales son algunos de los peligros que acechan al género policial en cualquier país del mundo, incluido el nuestro.

Contra esos escollos tenemos que luchar los que creemos en las riquísimas posibilidades artísticas de este tan controvertido género. Hay, desde luego, un factor llamado talento, que ningún tesón voluntarista puede convocar como arte de magia; pero, independientemente de esa curiosa y vasta palabra (talento), los escritores cubanos que han incursionado o planean incursionar en la literatura policial, deben afilar sus instrumentos de trabajo (es decir, las palabras): deben estudiar, con seriedad, literatura —la especializada, los clásicos: de Poe a Bogomolov, de Collins a Greene, y la general, desde El libro de los muertos al excelente poemario Matar al último venado—, y también deben observar y estudiar la vida, fuente inagotable de tipos, situaciones y, desde luego, temas: pido disculpas por los lugares comunes, pero cuando hay poco espacio y necesidad de generalizar no es difícil rendirse a las frases sobadas. ¡Ah!, y no olvidar el consejo que Hemingway le dio a George Plimpton: «La cualidad más esencial para un buen escritor es la de poseer un detector de m…, innato y a prueba de golpes. Es el radar del escritor y todos los grandes escritores lo han poseído…»

¿El estado actual de la literatura policial cubana? Ni deplorable, como creen algunos, ni tan bueno como lo quisieran nuestro amor y nuestra impaciencia. De todos modos, el futuro es sumamente esperanzador. En definitiva, la única vía para que la literatura penetre e influya más en los lectores es que las obras sean buenas. Que sean todo lo buenas de que sea capaz el escritor. No podemos contribuir con malas obras, a los delirios de pobreza.

 

Texto inédito de Luis Rogelio Nogueras publicado póstumamente en Trabajadores (La Habana), 22 de agosto de 1985, p. 6. También aparece publicado en el libro De nube en nube, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2003.

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2 pensamientos en “Observar, estudiar la vida

  1. querida kitty / muchas gracias y felicidades por este nuevo espacio de y para wichy.
    mucho cariño desde la habana,
    victor y la gente del centro pablo

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