Wichy Nogueras: “Amo la vida y su expresión concreta”


Boletín Memoria 141 del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau

Esta sección del boletín Memoria, que nació para compartir momentos de la poesía que amamos, rafagazos de la memoria que nos acompaña, trae hoy un poema de Luis Rogelio Nogueras, Wichy, hermanito del alma y fundador de El Caimán Barbudo, poeta y novelista, editor y ensayista, guionista y cineasta, periodista y batallador incansable por la belleza y la justicia que él sabía poner, juntas, en las obras disímiles que creó desde su imaginación formidable.

Traemos ese poema para recordar con Wichy el 110 aniversario del nacimiento de Pablo de la Torriente Brau. Y lo traemos en este boletín de julio para recordar también a Wichy, en el 26 aniversario de su desaparición física. ―No moriré del todo― dijo Wichy desde la temprana juventud, citando al maestro Horacio, y lo cumplió en la obra múltiple que construyó apasionadamente, día a día, en las buenas y en las malas, como debe ser.

Al responder a una encuesta coyuntural en la década de los 80 del pasado siglo, el poeta describió las esencias fundadoras del amor y su sentido del compromiso con los valores por los que también vivió (y murió) Pablo de la Torriente Brau:

“Sin amor –decía Wichy– la vida es una gaveta vacía, y para el escritor no hay literatura sin amor, como no hay huella sin pie. Hemingway estaba convencido de que se escribe mejor cuando se ama. Yo soy de la misma opinión. Aún más, todos mis papeles arden húmedamente de amor. Me pregunto cada amanecer frente al espejo con cuanto amor comienzo la jornada, y si es poco, nunca es poco, entonces salgo a la calle y me robo el primer amor que pasa. Amo a la palabra amor y sus destellos. Amo a mi mujer mientras se peina, amo la vida y su expresión concreta, humana, palpable, la Revolución.”

Víctor Casaus

MIRANDO UNA FOTO DE GRUPO

Ese hombre guardaba en el pecho un corazón así de grande
Ese hombre tenía unos sueños inmensos soñaba
con cuántos abrazos con cuántos océanos
con cuántos sueños
Ese hombre tenía en la garganta tantas voces
Ese hombre tenía en las manos el calor de tantas manos
Ese hombre tenía en los ojos tantos mundos
Ese hombre tenía en los pies tantos caminos
Ese hombre
hija mía
Pablo de la Torriente
el de la izquierda
el que sonríe
el que está diciendo adiós con sus dos muertes.

Luis Rogelio Nogueras

En sus libros de poesía, en sus papeles inéditos, están frescas las huellas de su trabajo, de esa lucha incesante con la palabra: la misma palabra que –magia de sí misma y de la imaginación de su dueño– servía con idéntica eficacia para el diálogo coloquial de un filme o para la compleja estructura de un poema. Los dos lados de la misma moneda que Wichy lanzaba al aire, como jugando.

En un rincón de su cuarto se alinean los frutos de ese aparente juego, de su trabajo: los guiones encuadernados, las múltiples ediciones nacionales y extranjeras de sus novelas y, más finos –más agudos–, los volúmenes de su poesía, que armó con entusiasmo y paciencia, armado a su vez de una confianza que debe ser ejemplo para muchos.

Escribió su poesía, su imitación de la vida, y para probar que era eso –y más– la puso a prueba en los recitales públicos, ya fuera en los teatros de La Habana o en los campos de Nicaragua. Precedido por un trovador cubano o por un grupo folklórico del Ejército Popular Sandinista. Llevado al recital por un taxi o por un camión camuflado. Igualmente nervioso ante esos públicos distintos que eran, en realidad, el mismo. Por eso se le extraviaron los poemas en la Cinemateca, en marzo del 83, en el 24 Aniversario del ICAIC, y subió al escenario a descifrar sus propios, recientísimos garabatos y a recibir el mismo cariñoso aplauso de la gente por ese poema, todavía inédito, que dedicó a Pablito. Por todas esas cosas, por esa confianza interminable en la palabra y en los hechos, organizó a punta de huevo, como dicen los nicaragüenses, aquella exposición que acompañó al recital Para vivir en la Casa de las Américas, junto a Silvio y a Pablo.

Por todo eso, valen, valdrán siempre, los documentos y los libros y las películas que firmamos juntos y las veces que acertamos o nos equivocamos juntos.

Bueno, hermano, nada más por ahora. Fuerza y destreza. Lee con ahinco mi artículo sobre semiótica del cine, que siempre algo va a pegársete. Felicidades atrasadas por el premio de la crítica.
Un abrazo,
Wichy

Se acabó la carta.
La conversación sigue.
Un abrazo, Rojo.

Revista Cine Cubano, número 114, Julio 1985

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