Guillén en Puerto Rico


Artículo de Luis Rogelio Nogueras publicado en Bohemia (La Habana), año 76, No. 50, 14 de septiembre de 1984, p. 20)

Hace ya más de cinco décadas que el nombre de Nicolás Guillén rebasó las fronteras cubanas. Traducido a numerosos idiomas, laureado con diversos premios internacionales, incluido en los programas docentes de muchas universidades latinoamericanas, europeas y norteamericanas, Guillén es hoy el más grande poeta vivo de habla hispana y, junto a otro cubano, Alejo Carpentier, el escritor caribeño más universal de este siglo.

La obra de Guillén ha sido examinada en extensión y profundidad por especialistas en literatura de numerosos países. Sus poemas han sido objeto de aproximaciones críticas de muy diversa índole. Pero está por hacer, a mi juicio, el inventario completo de los estudios dedicados a Guillén en las últimas décadas, especialmente de aquellos que han sido realizados con fines académicos. En universidades extranjeras se conservan muchas tesis doctorales dedicadas a nuestro Poeta Nacional; lamentablemente, muy pocas de ellas resultan de fácil consulta o adquisición. Hace cinco años pudimos echarle un vistazo a la inteligente monografía de Stephanie Jo Davis Development of poetics techniques in the works of Nicolás Guillén (Princeton, oct., 1975) y conocemos de la existencia de otras valoraciones críticas de similar rigor. Ahora nos llega a las manos un estudio publicado en 1980 por la editorial de la Universidad de Puerto Rico, bajo el título de La poesía de Nicolás Guillén: cuatro elementos sustanciales, con el cual su autor, Jorge María Ruscalleda Bervedóniz, obtuvo el grado de Maestro de Artes en el máximo centro docente de la capital boricua.

Con paciencia, seriedad y respaldado por una vasta bibliografía, Ruscalleda Bervedóniz acomete, a lo largo de 300 páginas, un agudo estudio del contenido y la forma en la poesía guilleniana, desde Cerebro y corazón (1922) hasta El gran zoo (1967). Particular atención merecen los capítulos dedicados a analizar el estilo poético de Guillén. Con precisión, Ruscalleda Bervedóniz va descomponiendo los elementos formales que han hecho del gran antillano uno de los mejores artífices de la lengua española: el uso de los distintos metros, la rima, las estrofas, el léxico; su enfoque, eminentemente lingüístico, resulta un inapreciable instrumento de orientación para aquellos que, en un futuro, quieran dedicarse al estudio específico del uso del español en el área caribeña.

El mérito mayor del libro de Ruscalleda Bervedóniz radica, a mi juicio, en la cuidadosa indagación que hace del octosílabo guilleniano: un impresionante resumen estadístico sobre la frecuencia de los distintos tipos de verso en 15 conjuntos poéticos de Guillén (Cerebro y corazón, Motivos de son, Songoro cosongo, West Indies Ltd., Cantos para soldados y sones para turistas, España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, El son entero, El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés, La paloma de vuelo popular, Elegías, Tengo, Poemas de amor y El gran zoo) lo lleva a la conclusión de que hay un predominio absoluto de este metro, en el cual se afinca en buena medida el carácter básicamente popular del estilo del poeta cubano.

Ruscalleda Bervedóniz subraya el hálito marcadamente antimperialista y revolucionario de la obra en verso de Guillén; más aún, para el ensayista puertorriqueño, la raíz revolucionaria y antimperialista (junto a lo popular y lo entrañablemente lírico) ha contribuido a conferirle a la obra de Guillén su dimensión universal.

Resulta alentador que estudiosos de los países hermanos de América Latina se inclinen ante la obra de nuestro Poeta Nacional para clasificarla, explicarla o divulgarla; sin embargo, libros como el de Ruscalleda Bervedóniz deberían servir de estímulo a nuestros universitarios, entre cuyos deberes para con la cultura cubana está, en lugar privilegiado, el abordaje crítico de la poesía y la prosa de Guillén. Junto a Heredia, la Avellaneda, Martí, Carpentier, Lezama, Guillén ha puesto a nuestro país en el mapa de la literatura universal; el deber de nosotros es preservar y estudiar este tesoro.

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