Revista Unión: un número ejemplar


Fuente: Cubaliteraria. Marilyn Bobes, 09 de diciembre de 2011

A pesar de la gran proliferación de revistas literarias y culturales que circulan en Cuba, no siempre es frecuente tropezar con números tan rigurosamente elaborados y de tan alto nivel profesional como este 72 de 2011 que acaba de entregarnos Unión.

Teniendo como plato fuerte el excelente dossier dedicado a la familia Diego, que incluyen creaciones de Eliseo y sus tres hijos (Rapi, Lichy y Fefé) y aportaciones críticas y testimoniales sobre ellos, el número en cuestión se lee como si se tratara de una pieza para colección, pues su diseño exquisito y el resto de los materiales incluidos en sus páginas poseen el nivel intelectual que no descuida esa comunicación con el lector, no pocas veces —en entregas anteriores— interrumpidas por la densidad más cercana al ensayismo que a los requerimientos de una mayoría que trascienda el ámbito especializado.

Exquisito diseño, abundante graficación fotográfica y variedad temática dentro de su núcleo de homenaje fundamental a los Diego, son algunos componentes con las que el editor Carlos Velazco ha sabido conformar un producto exquisito en el que no falta la poesía y la novelística, en esta ocasión de figuras muy prestigiosas y nada cuestionables dentro del panorama de la actual literatura cubana.

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, el Premio Nacional de Literatura Abelardo Estorino y el de Cine Enrique Pineda Barnet, componen una triada que no deja indiferente al lector, aunque solo fuera por el placer de descubrir a estos consagrados en un ejercicio (el de la novela) al cual no acostumbramos a asociarlos.

Las ilustraciones del fallecido Constante Diego (Rapi) contribuyen a realzar el cuidadoso diseño, mientras la coherente colocación de cada material permite un singular camino hacia lecturas que no excluyen excelentes aproximaciones ensayísticas como las de Alberto Abreu hacia los escritores agrupados en El Puente o la de Olga García Yero a la faceta de escritor de ese grande de la plástica cubana que fue Marcelo Pogolotti.

Mención muy especial merece la investigación realizada por Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco sobre la vida y la obra del escritor cubano recientemente fallecido en Miami, Carlos Victoria, al que sólo puede calificarse de un gran acontecimiento en la vida editorial cubana por sus contundentes revelaciones y su acercamiento a un autor de la llamada diáspora muy poco conocido entre nosotros a pesar de habernos dejado una obra de decorosa solidez y constituir un ejemplo de honestidad literaria y personal, más allá de su ideología o posiciones políticas.

La comprensión de las diferentes circunstancias que lo llevaron a emigrar es un punto de partida para que Victoria pueda ser mejor comprendido por los lectores cubanos y una contribución a incorporarlo al corpus literario que escritores de afuera y de adentro integran al margen de cualquier consideración ideoestética.

Excelente y lúcida también la crítica de la doctora Graziella Pogolotti a la novela del recientemente fallecido Eliseo Alberto, otro autor de la diáspora, a quien, en una pequeña nota editorial que cierra el número, se le califica como uno de los más grandes escritores de la cultura cubana.

Aunque no es mi costumbre elogiar revistas, confieso que este número 72 de Unión me ha sorprendido. Ojalá esta controvertida publicación que ha tenido tan malos como grises momentos, continúe por este camino de rigor y exquisita elaboración. No espero menos para el órgano (¿oficial?) de la UNEAC.

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