El primer número del Caimán dio a conocer el manifiesto “Nos pronunciamos”


El Caimán Barbudo surgió en marzo de 1966 como suplemento mensual de cultura publicado por el diario Juventud Rebelde, según rezaba en sus primeros números, pero pronto comenzó a tomar una estatura independiente. Su publicación se convirtió en un acontecimiento cultural en el país, pues, hasta entonces, los más jóvenes escritores sólo tenían un espacio en la editorial El puente, dirigida por el poeta José Mario (José Mario Rodríguez).

El primer director de El Caimán Barbudo fue el escritor y cineasta Jesús Díaz, y contaba con un consejo de redacción integrado por Juan Ayús (a la vez responsable del diseño gráfico), Elsa Claro, Mariano Rodríguez Herrera, Guillermo Rodríguez Rivera y José Luis Posada (encargado de las ilustraciones), quien sugirió, en medio de un debate del colectivo, el nombre de la revista y creó su logotipo.

El primer número dio a conocer el manifiesto “Nos pronunciamos”, firmado por los jóvenes poetas de entonces Orlando Aloma, Sigifredo Álvarez Conesa, Iván Gerardo Campanioni, Víctor Casaus, Félix Contreras, Froilán Escobar, Félix Guerra, Rolen Hernández, Luis Rogelio Nogueras, Wichy, Helio Orovio, Guillermo Rodríguez Rivera y José Yanes, que fue interpretado como la declaración literaria y ética de una nueva generación de escritores surgidos con la Revolución. El texto desató una polémica —otra más— en medio del clima de debate estético y político característico de los años sesenta. A este grupo generacional se le denominó posteriormente “la generación de El Caimán Barbudo”.

La revista ha pasado por distintos períodos de orientación estética e ideológica de acuerdo con las tendencias dominantes en la política cultural de la sociedad cubana. También su frecuencia ha variado, llegó incluso a desaparecer en 1990 debido a la crisis económica y financiera de entonces y a la escasez de insumos para su publicación. En aquel momento, se hizo énfasis en las tertulias y presentaciones como forma de paliar su desaparición impresa.

Creadores como el poeta Rolando Díaz, el escritor Luis Rogelio Nogueras (“wichy-nogueras”), la escritora Elsa Claro, el crítico de arte Alejandro G. Alonso, el cineasta Daniel Díaz Torres, la poetisa Excilia Saldaña, el poeta y crítico Eduardo López Morales, el narrador Eduardo Heras, el periodista y narrador Enrique Cirules y la poetisa Lina de Feria, entre otros, formaron parte del equipo de realización en diferentes momentos.

Como se desprende de la nómina anterior, El Caimán Barbudo no fue sólo un espacio para la literatura, sino que, desde sus inicios, surgió como un lugar de encuentro de jóvenes que dejaban su impronta en manifestaciones diversas del arte e intentó abarcar todos los campos del quehacer cultural en Cuba y en Latinoamérica: política, sociología, música, artes plásticas, arquitectura, teatro, cine. Sus páginas han difundido las nuevas ideas que en esos campos de la cultura han surgido al calor de la época convulsa que vive el continente. La revista tampoco acogía sólo la obra de bisoños artistas cubanos, sino que publicaba también la creación de escritores y artistas de generaciones anteriores con el propósito de orientar la formación de los más jóvenes. Prestaron su colaboración, en distintas ocasiones, reconocidas figuras de la literatura cubana y latinoamericana como Fina García Marruz, Raúl Roa García, José Antonio Portuondo, Raúl Aparicio, Nicolás Guillén, Eliseo Diego,  Julio Le Riverend Brussone, Félix Pita Rodríguez, Fayad Jamís, y el uruguayo Mario Benedetti, el haitiano René Depestre y el salvadoreño Roque Dalton, entre otros.

La revista promovió concursos, tertulias, debates, conciertos, exposiciones de artes visuales, recitales, que enriquecían el mundo cultural habanero. Baste recordar que el primer concierto público de Silvio Rodríguez fue en la sede de la publicación, lo cual fue una concreción de las simpatías de los integrantes de El Caimán… con la Nueva Canción Cubana y con el movimiento de la Canción Protesta latinoamericana. El Caimán Barbudo se convirtió rápidamente en una institución cultural.

La revista llegó a contar con una impresión mensual de casi 80 000 ejemplares. Recuperada después del colapso de 1990, durante el llamado “Período Especial” la frecuencia de salida, así como la tirada, sufrieron transformaciones, hasta que apareció el formato actual de ediciones bimensuales, cada una de ellas con 20 000 ejemplares.

Sus secciones acogen noticias del acontecer cultural, la crítica literaria, musical y de las artes plásticas en distintas secciones. Una de las más notables ha sido “La cuerda floja”, dedicada al debate en torno al rock como expresión musical de esta época; otra de ellas es “Por primera vez”, donde se publica a los autores jóvenes inéditos, y “Los raros”, espacio que promueve el conocimiento de relevantes autores extranjeros ignorados o poco valorados por los circuitos promocionales.

En la actualidad, El Caimán Barbudo también se publica en formato digital.

NOS PRONUNCIAMOS

No es el azar lo que nos reúne. La Revolución no llegó a nosotros como a gente formada a su margen: trece años de nuestra vida —sin duda los más importantes— han sido los años de la Revolución combatiente y vencedora. No podemos ser, pues, gente presta o negada a adecuar su voz a la Revolución. Con ella nos hemos formado —nos estamos formando—, sin ella no podríamos explicarnos.

Estamos inscritos en la tradición cultural de un país subdesarrollado. La historia de Cuba ha sido hasta hoy, la historia de su camino hacia su realización como nación, hacia su desarrollo, hacia su autenticidad cultural. Cuba es todavía un país subdesarrollado pero es ya un país victorioso. Hoy sabemos que el camino al comunismo es el camino al desarrollo y la autenticidad cultural. La cultura de Cuba se salvará con Cuba, el desarrollo del país es el desarrollo de su cultura.

Esa lucha que libra nuestro pueblo —que es también la única posibilidad de liberación del hombre— es nuestra lucha.

No pretendemos hacer poesía a la Revolución. Queremos hacer poesía de, desde, por la Revolución.

Una literatura revolucionaria no puede ser apologética. Existen, existirán siempre, conflictos sociales: una literatura revolucionaria tiene que enfrentar esos conflictos.

No renunciamos a los llamados temas no sociales porque no creemos en temas no sociales. El amor, el conflicto del hombre con la muerte, son circunstancias que afectan a todos, como es íntimo, personal, el auténtico fervor revolucionario.

No creemos que exista hoy una crisis de la poesía. Existe, sí, la crisis de una concepción de la poesía.

Nos pronunciamos por la integración del habla cubana a la poesía.

Consideramos que en los textos de nuestra música popular y folklórica hay posibilidades poéticas.

Consideramos que toda palabra cabe en la poesía, sea carajo o corazón.

Consideramos que todo tema cabe en la poesía.

Rechazamos la mala poesía que trata de justificarse con denotaciones revolucionarias, repetidora de fórmulas pobres y gastadas: el poeta es un creador o no es nada.

Rechazamos la mala poesía que trata de ampararse en palabras “poéticas”, que se impregna de una metafísica de segunda mano para situar al hombre fuera de sus circunstancias: la poesía es un testimonio terrible y alegre y triste y esperanzado de nuestra permanencia en el mundo, con los hombres, entre los hombres, por los hombres, o no es nada.

Orlando Aloma, Sigifredo Álvarez Conesa, Iván Gerardo Campanioni, Víctor Casaus, Félix Contreras, Froilán Escobar, Félix Guerra, Rolen Hernández, Luis Rogelio Nogueras, Helio Orovio, Guillermo Rodríguez Rivera, José Yanes.

 

Fuente: El Caimán Barbudo

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