Carta de Gastón Baquero a Cintio Vitier


Fuente: “Memorias y olvidos”, Cintio Vitier. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006


SEIS

He aquí la única carta que recibí de Gastón Baquero.
La Habana, Dic. 10 de 1938.
Cynthio Vitier. Ciudad.

Amigo mío: —

Permitirá y perdonará usted que salve todo requisito de cortesanía, de reglamentada «educación», para darle de pronto, y sin mérito alguno por mi parte, un nombre, el de amigo, que me acerque a usted en el propio ambiente de la proximidad que ahora tenemos. Amigo le he dicho, porque ya antes había puesto Ud. en mí un poco de esa amistad esencial, permanente, que es la Poesía. A través de otro amigo y poeta —José Lezama Lima— le conocí y sentí a Ud. Cuando llega su libro a mis manos (Dic. 9) ya puedo dirigirle estas letras como si de antigua cosa mía se tratase. Tengo pues un derecho cierto a haberle encontrado puesto entre lo que me es particularmente querido [en] esa fina y alta corriente que es su Poesía.

No voy a ponerle aquí eso que han dado en llamar «juicio crítico» pues yo no entiendo de esas jerigonzas en el campo de la Poesía. De un modo directo, intuitivo casi, acepto o rechazo el mensaje poético, pudiendo sólo los razonamientos ulteriores conducirme a verificar valores de ingenio, gramática, etc. Pero lo inicial, el eco o resonancia que despierta en nosotros aquello que se nos aparece y vale como voz y mensaje, es lo que preside. Digo que es Poesía aquella comunión de forma y sentimiento en que el Ser trasciende de sí mismo por la ardiente y pura intención de lo eterno. Digo que no es Poesía aquello trabajado artificiosamente, tanto, que no traspasa el menor hálito de verdad y pureza. Juan Ramón Jiménez es poeta; Gaspar Núñez de Arce, por ejemplo, no lo fue.

Alguien podría decir ahora, por la malicia propia de los que todo lo aforan en puntos de «hechos», que no es muy posible asumir en usted intenciones o búsquedas de lo eterno porque su edad es de las que beben el nacimiento del Universo, y como no lo tienen superado por conocimiento o experiencia, descansan expectantes y gozosos en el futuro. Pero Ud. es poeta! ¿Quién es capaz de mirar relaciones de cuna o vejez frente al misterio destiempado, absoluto, que es la Poesía? Un poeta no tiene otra edad que la plenitud de sus versos. Un poeta vive insertado en el tiempo suyo, que es el de medida inlograble; y en el espacio suyo, que es el espacio eterno, esencial. Así, lo que acontece en la persona del poeta es el acontecimiento poético y no otra cosa. Quiero decir, que el sentido de la Poesía puede residir, y con frecuencia esto sucede, en persona enajenada del acto poético. Mas, cuando aquella se percibe a sí misma como continente de esa fuerza; cuando se hace consciente de su Ser y nace el poeta, desaparece toda barrera espacial, temporal, lógica, habitual, etc., trasladándose el centro vital, de la persona, a la expresión de la Poesía. Nadie sabe ni puede saber cuándo comenzará a vivir una persona para lo esencial. Produce estupor y risa encontrarse uno de esos jueces de lo humano y lo divino que dicen suficientemente: «¿Pero X es poeta siendo tan joven? Eso no puede ser! ¿Qué ha leído? ¿Qué sabe?» Y podríamos responderle: «Sabe lo que sin saberlo él sabe en él; sabe lo suyo que es la Poesía; mañana dará a este saber los cauces de estilo y forma que le sean gratos, pero ya sabe lo que importa a su vida, lo que la informa y realiza.» Porque estoy convencido de que somos nosotros en tanto que personas, pero no somos nosotros en tanto que voces o expresiones de una esencia cualquiera. —No significo con esto que el poeta, el artista, sea un Robot al que manipulan no sabemos cuales hilos invisibles. La unidad, la llegada, es precisamente el equilibrio entre voluntad y Destino. De aquí que lo más sorprendente en Ud. es la continuidad de la voz, la unidad del sentimiento. Como joven —pues estoy en el vigésimo-tercer año de mi vida—; como poeta —pues aunque de producción inédita casi en su totalidad mi devoción es la Poesía—; como miembro de esta generación nuestra a la que pertenecen en su línea superior los altísimos nombres de Eugenio Florit y de José Lezama Lima, he sentido un gozo profundo, auténtico, en su presencia. Soy enemigo de tertulias, charlas colectivas, reuniones, etc., pero tengo una fe ciega, fe de niño, en el poder de la amistad. Los seres humanos, cuando se consideran aisladamente, como simples personas de Dios, tienen siempre una luz bella, amable, en la que puede reconocerse el impulso divino que a todos nos produjo y sostiene. Pero en cuanto los hombres forman partidos, peñas, grupos, emerge lo peor de la humanidad que es su falta de tolerancia, de respeto, de amor. El mismo hombre a quien teníamos por culto y comprensivo se transforma en fiera cuando acepta una dogmática cualquiera; cuando se hace parcial, partidista. Huyendo de esto, por conservar lo mejor de cada vida, y de la nuestra por ende, que es la fe en lo humano, temo como a mal incurable toda limitación que me provenga del exterior, toda imposición de la historia a mi conciencia. Ahora, lo comprendo, no sirvo más que como persona aislada. En este carácter le ofrezco hoy mi amistad y mi agradecimiento por su delicadeza para conmigo. Creo en la bondad de cultivar fuertes relaciones entre todos los que nos dedicamos a las mismas tareas. Sobre todo, en medio tan pobre de cooperación y cariño como el nuestro, donde el abrazo del compañero significa casi siempre el anuncio de un descrédito. —Le ruego que no vaya a tomarme por esto que le digo como un amargado, trágico, resentido joven. Tengo demasiado buen humor y cariño en mi corazón como para odiar a nadie. Pero al mismo tiempo que estoy presto para realizar lo imposible por mantener una amistad, estoy dispuesto a perder imperios por no recibir en mi corazón nada que no estime limpio de engaño y falsedad. —Perdone si esta carta le llega un poco incongruente, demasiado espontánea. Es mi modo; mi irrechazable traje espiritual. Le repito que tendré un gusto verdadero, fraternal, en sostener amistad con usted. Mucho hemos de hablar sobre nuestra querida Poesía. Tentado he estado desde antes de comenzar de cambiar el ceremonioso «usted» por un más apropiado «tú». Somos demasiado jóvenes los dos para entregarnos a cosa tan estéril como es la cortesía llamada social. Pero no hay que apresurarse. Recordemos los versos de Goethe que Juan Ramón pone al frente de «Canción»: «Como la estrella —sin tregua— y sin precipitación.» En tanto, tenga usted la bondad de hacer llegar a su padre mis mayores respetos. Cuanto le estimo y admiro no es para ser puesto en carta a quien como usted le es tan personal e íntimo. Las mejores cosas de la vida se dicen por alusión. Usted, poeta, lo sabe. —Acepte, como un testimonio de mis sentimientos, de mis mejores deseos fraternales, el poema adjunto. Verá que, en lo aparente, estamos distanciados usted y yo. Pero el problema de la Poesía es precisamente lo contrario de la apariencia.

Cuente con el sentimiento afectuoso de su amigo:
Gastón Baquero
S/c Virtudes No. 880, bajos.
P.S. —No olvide Ud. que el próximo 24 de Diciembre cumple un año más de vida Juan Ramón Jiménez.

Esta carta me llegó acompañada por el poema titulado «Muerte del Ave».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s