Retablo para Wichy


Fotomontaje: Guillermo Rodríguez Rivera, Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Raúl Rivero, Antonio Conte, César Vallejo y Silvio Rodríguez.

Retablo para Wichy

Los amigos
acuden al convite de un muerto
en su único estado posible,
entre solemne y solo, entre profundo y místico,
aromado para siempre
por un mar de palabras tan hermosas
como su mano en el aire,
despidiéndome bajo un cielo que había que ver,
mientras dos muchachas se aferraban a nuestros ojos,
temerosas de que escapáramos
bajo aquel cielo cruelmente azul de mayo.
Aquí quedamos los amigos
para llorar o hacer cuentos, o recordar
cada quien a su modo,
cada cual a su abismo, porque el muerto era ubicuo
como una ráfaga de amor e ironía,
con su manera envolvente de mentir,
hacer planes, y casi siempre
contagiarnos de su ingenio;
ahora nos convida a los amigos
a los eternos deudores
de su enorme cabeza de zanahoria,
nos invita el poeta a que estemos con él,
no en su extensa morada de tierra y frío,
sino en la feria grande de la vida
que modeló su verso
porque nunca sabremos
la cantidad exacta de yerbabuena y de ternura
que nos lega un poeta cuando muere.
Excluyo, por inútil,
toda evolución filosófica,
todo intento de veivindicar
o explicar su muerte.
Sólo que es absurdamente del carajo, y posible,
aunque el muerto haya sido un gran muchacho
que siempre supo el santo y seña del problema;
que amó,
que jodió mucho,
a veces lo jodieron,
y escribió durante años
con el espectro de John Donne
y otro mundo de espíritus que rodeaba a su casa
a la santísima hora de encontrar
la palabra definitiva.
Aún puedo ver el sol encendido
tras los alambres del teléfono;
la ciudad es un canto coral
de luces y aparejos
que no repara en tu silencio,
mientras el mar se escapa a otros países
donde fuiste un transeúnte anónimo
junto a la nieve y el deseo,
un ignorado comensal de hoteles
y espantosos caminos
rociados con amores y desgracias.
Aquí están, los amigos,
estas líneas espesas son para ellos,
para hacer más humano el convite
del muerto, del poeta
que nos deja, justo a la edad
en que la confradía
ya comienza a morir
de ausencia y aguaceros.

Antonio Conte (Julio de 1985)

Publicado en: El Caimán Barbudo, edición especial (4), febrero, 1986, p. 14

Antonio Conte Téllez (La Habana, 1944, Miami, 2012) Poeta, narrador y periodista.

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