Mensaje


Poema de Wichy publicado en el libro “Imitación de la vida”

Para Eduardo Galeano y Helena y Verónica, y la bella
muchacha cuyo nombre no recuerdo y también  —por qué no—
para Pepa Lumpen

Cuando anochece
tarde temprano
cuando hay algunas
pocas muchas
sombras sobre las revueltas aguas del alma
y en alguna parte aúlla hambrienta la ira con la máscara de
la desesperanza
y por un rato se aquietan los dedos
(esos dedos que hay veces también de locura en locura
de fondo en fondo van a entibiarse en los cabellos del sueño
o palpan la cuchilla de luz que entra por la ventana
para finalmente agonizar como un símbolo fácil sobre las babas del polvo)
entonces
hunde el escriba su vida y obra
en un suéter
se cubre de los ciegos astros con una gorra de lona
y se va a cojear sus penas por la gruesa
indiferente helada muerta
arena de una playa española
rumiando las delgadísimas lágrimas que atesora para mañana
haciéndose trampas a sí mismo con las viejas cartas marcadas del ayer
Y si hay un poco de viento y vítreo ron en la sangre mejor
para no ver el asmático pecho del mediterráneo
Para no oír sus jadeos de moribundo
para llorar con él por sus fantasmas y su pureza envenenada
(igual lloraría el escriba a sus muertos empujados al muere a sus vivos sin sepultura)
Y si aparece don Pancho algo le dice que el escriba no está hoy
para mujeres emparedadas
ni mucho menos para reír de aquella francesa que leía una novela
mientras él bufaba tratando de hacerle el amor
Y don Pancho se marcha con ralenti en un largo primer plano
para desaparecer (menos mal que no para siempre)
llevándose su horno crematorio
con el que habremos de limpiar algún día al mundo de ancianos
pero acaso también de niños porque todos somos al cabo culpables

Y el escriba sigue su paseo inmóvil
hasta que se amansan un poco las revueltas aguas de su alma
y los dedos vuelven a pedir pan de palabras
y entonces loco hermoso vivo y felizmente un poco muerto de coraje también
el escriba regresa a sus papeles
echa en un rincón la gorra se desnuda del suéter
y hunde con furia las uñas en esa cuartilla desesperada
tañe palabras que harán palidecer a los espías
muerde esos vocablos duros desconocidos refulgentes
con los que también se venga (desde cerca)
todo el amor cortado y sus raíces
toda la belleza mancillada de nuestros rotos
todos los escupitajos al rostro del coraje
las venas abiertas de América Latina
los gritos de una niña violada una noche por gringos borrachos
en la verde maleza envilecida

Barcelona-La Habana, junio de 1980

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