Caimán no come caimán… pero sí poesía


Del blog de Félix Contreras

De arriba hacia abajo: Víctor Casaus, Froilán Escobar, Luis Rogelio Nogueras y Félix Contreras. (Fuente: https://felixcon.wordpress.com/galeria/)

Por: . 22|6|2015

El Caimán Barbudo es lo más parecido a su circunstancia natal, a los días de su fundación. La nación despertaba de dictaduras, escándalos de corrupción, robos y gansterismo, y se iniciaba la década más fundadora de su historia tras la victoria de 1959: Instituto de Reforma Agraria, Consejo Nacional de Cultura,  Casa de las Américas, UNEAC,  ICAIP, entre otras instituciones.

La cultura toma vuelo, trasciende la magia negra del bongó y la tumbadora, la cultura popular entra en interesantísimo proceso de rescate, redescubrimiento y revaloración: Benny Moré, el son, Arsenio Rodríguez, la guaracha, Antonio Arcaño, la rumba, Rita Montaner, Bola de Nieva, Chano Pozo, Carlos Embale,  Ñico Saquito, El Chori, son rescatados (de Las Fritas de Marianao) y colocados en el sitio de la alta cultura con Saumell, Beethoven, Lecuona, Bach, Ignacio Cervantes, Ignacio Piñeiro, Bizet, Roldán, Caturla, Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier…

Asombrados, vemos y sentimos toda esa eclosión que nos devela de modo directo, sin el dedo “magistral” de la retórica, nuestra cultura, nuestro país. Somos ejemplo de cómo una nueva generación, con recursos y voluntad política del estado, además de inserción en la sociedad, encuentra campo para su realización profesional en el omnipresente nuevo marco institucional de ese proceso de renacimiento cultural que borra el aislamiento, que localiza al individuo y lo lleva a la convergencia con el otro, con los otros.

Época tan radicalmente nueva, fascinante, madre de asombros que hasta los millonarios donan tractores y arados para la Reforma Agraria.

Leíamos —al mismo tiempo— a Martí, Tallet. Guillén (el “malo” y el “bueno”), Machado, Escardó, la Loynaz, Whitman, Eluard, Ballagas, Casal, Boti y Poveda,  Carilda, Agustín Acosta, Pedroso, Florit e igual, al mismo tiempo, descubríamos, sin emoción vergonzante —con Helio Orovio— el Mamoncillo de la Tropical al ritmo de Benny More y su fabulosa Banda Gigante, o a Roberto Faz y su Conjunto, que nos dio con el bolero otra vertiente de la poesía.

¿Dónde y cómo se encuentran los futuros caimaneros?

El único núcleo de jóvenes poetas existente en la isla eran los de El Puente —con editora— con José Mario a la cabeza. Enfrente teníamos, vivos y radiantes, a los grandes poetas de Orígenes (Lezama, Diego, Cintio, Fina, Baquero), dándonos saludable y estoico ejemplo de la necesidad y utilidad de la poesía y también, los más jóvenes de la generación del 50 (muy recelos con nosotros) que igual respetábamos: Retamar (“en cazuela”, parodiaba Wichy), Padilla, César López, Pablo Armando Fernández,  Fayad Jamís, Manuel Díaz Martínez, José Álvarez Baragaño y otros.

Amábamos todo lo que oliera a poesía, la buscábamos en la calle, en el lenguaje del vivir cotidiano y en la parodia. Lo lúdico como antídoto a la retórica finisecular heredada, todo lo que fuera juego, jugar con la palabra y los nombres, todo lo que fuera mecanismo de creación porque poesía era todo, y todo era posible.

Un grupo muy matizado, típico de la diversidad de procedencia socio-cultural. No éramos individuos escogidos o seleccionados, sujetos o atendiendo a un programa ideo-estético, ideológico, religioso o de la francmasonería, etc.

Nos escogió el azar y agrupó la poesía.

El Caimán Barbudo encuentra su núcleo fundador en la Brigada “Hermanos Saíz”, fundada en 1965 en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional. Recuerdo allí ese día a Sigifredo Álvarez Conesa, mi condiscípulo en la Escuela de Instructores de Arte, Manolo Vidal (pintaba y escribía), Helio Orovio, Rafael Escobar Linares, electo de presidente de la sección de literatura —redactor de la revista Mar y Pesca—, Argelio Sosa (becado, cursaba el preuniversitario en Ciudad Libertad), René Allouis (“algo chiflado”, traductor de películas en inglés y en la radio), Maggie y Roger, inseparables, más amantes y con más pegadera que Romeo y Julieta.

Salvo los mencionados Sigifredo y Orovio, no recuerdo al resto de los caimaneros en la Biblioteca. Presumo que los conozco después en la UNEAC, sede de la Brigada, cuando comienzan allí sus reuniones los sábados, de una de la tarde a siete de la noche. Todos éramos inéditos, aún sin ningún interés en publicar. La lectura e interactuar con los otros, ocupaban todo nuestro tiempo.

Tengo nítido mi primer encuentro con Wichy (Luis Rogelio Nogueras) y Froilán Escobar: la Brigada celebra una lectura colectiva de poemas, yo tenía los bolsillos llenos de versos dedicados a un almendro, y Sigifredo —en cuyas manos quedaron para siempre— me pide que lea algunos. Al final fuimos al restaurante Los Siete Mares y yo súper contento, pues tenía también siete mares pero de hambre. Con Froilán, Orovio, Víctor y Wichy intimé más.

La realidad cultural se fue diversificando y con ella, nosotros: unos entraron a la universidad, nosotros, los de poca escuela, al autodidactismo, a comernos el mundo.

Fuente: El caimán barbudo, la revista cultural de la juventud cubana

Una edición para Wichy


Silvio Rodríguez • La Habana • Diciembre 2006, La Jiribilla

 

Palabras de Silvio en la presentación de la sexta edición del libro Que levante la mano la guitarra.

Ustedes saben que no es mi fuerte esto de empezar a sacar palabras de la cabeza, de las tantas que se me ocurren, y en estos breves espacios escoger las que dirían, con más exactitud, todo lo que uno piensa. Pero un poco metiendo la mano al azar menciono que me agradó muchísimo que Iván Gerardo Campanioni a quien hacía décadas que no veía, un gran poeta de esta generación, que menciono porque se lo merece y no porque tenga sesenta años, me saludara unos instantes antes de comenzar esta presentación.

Él fue uno de los poetas que se reunían alrededor de El Caimán Barbudo, aquel primer caimán, y estuvo en aquel tan citado homenaje “Teresita y nosotros”, que fue, efectivamente, el primer recital en el que participé —solo o en colectivo— después de desmovilizarme de las Fuerzas Armadas. Luego hice muchos otros allí en la salita de Bellas Artes, pero al primero que fui invitado y esto tiene gran significación fue para éste convocado por los autores de El Caimán Barbudo que algunos de ellos eran ex compañeros míos de otra aventura literaria y artística que había tenido muchísimo más joven cuando integré las filas de la revista y el semanario Mella.

Yo, también, dediqué a Wichy estas palabritas que hice muy rápidamente para el final del libro y es hermoso ver que todos coincidimos en lo mismo porque Wichy es el ausente. Pero, para los que lo conocimos es más que el ausente; es un amigo entrañable y un hombre que con su lucidez y su brillantez intelectual, con su carácter jovial, fraterno, maravilloso nos persigue, nos acompaña a todos por igual en la memoria y a veces hasta en los actos cotidianos.

Hemos comentado, a todos nos ha pasado, que en algún momento lo vemos, o recordamos cosas que él dice o en esta situación Wichy diría o Wichy haría. Eso es algo que, constantemente, nos sucede por eso está entre nosotros y no es raro que nosotros hayamos coincidido sin ponernos de acuerdo en dedicar el más reciente esfuerzo relacionado con este libro a su memoria.

Víctor decía que en el momento en que se decidió hacer este libro todavía yo no tenía los espacios que, según él merecía o merezco. Es bastante cierto porque la verdad que hacer un libro sobre mí en el momento en que decidieron hacerlo más que un aval en el ámbito de la cultura podía ser una especie de maldición. Incluso, cuando me propusieron esta idea yo me quedé maravillado y no sé si en algún momento les dije: ¿ustedes están seguros en lo que se van a meter?

Ya existía un antecedente y quiero mencionarlo aquí porque no es ocioso y además porque es un nombre que, al menos a mí, me regresa una y otra vez, que es el de Eduardo Castañeda, un compañero de nuestra generación, que fue dirigente estudiantil y que por los avatares de entonces cayó castigado en la Isla de la Juventud construyendo (estuvo durante todo el período de construcción) la presa Viet Nam Heroico y cuando terminó ese trabajo regresó a La Habana y comenzó a trabajar en el Instituto del Libro cuando se estaba fundando. Él fue el fundador de la Editorial Pluma en ristre y recuerdo que uno de los primeros libros que propuso a esa editorial era una antología de mis canciones. Esto fue en una época muy temprana, es decir antes de que me fuera en el Playa Girón o sea tiene que haber sido entre 1968 y 1969.

Realmente era todavía más osadía plantearse en esos precisos momentos un trabajo de divulgación de mi obra porque en esos momentos yo era una persona —como se ha dicho y también magnificado quizás demasiado— que estaba muy cuestionada por algunos.

Me acuerdo que se hicieron hasta las pruebas de galera; fue un libro en que se adelantó muchísimo. Yo revisé las pruebas de galera y las tuve en mi poder durante muchos años después de haberse frustrado aquello.

Se hizo también un pequeño disco que tenía dos canciones por cada lado y se grabó en la EGREM porque era un libro con un disco. Hasta desde el punto de vista editorial era pionero, pero muy pionero, de algo que se ha hecho después al cabo de las décadas. Todo eso fue idea de Eduardo Castañeda y, lamentablemente, por diversas razones, por problemas de lo que fuera, él murió, se quitó la vida y al desaparecer Eduardo desapareció la posibilidad de hacer aquel libro.

Las personas que tomaron la continuidad de aquel trabajo silbaron y miraron en otra dirección y aquello desapareció por completo. Nunca más nadie me habló de esa posibilidad. Años después fue que Víctor y Wichy me hablaron de hacer Que levante la mano la guitarra que en inicios no se llamaba así.

Se trataba de hacer un libro con mis canciones y que tenía que tener entrevistas y reflexiones porque, justamente, por haber sido una persona cuestionada —no sólo yo sino otros compañeros de generación con los que estaba haciendo el libro— nos parecía bueno que nos pronunciáramos, que habláramos, que dijéramos nuestras opiniones sobre el mundo, nuestro compromiso con el arte, con nuestra vida, con nuestro país… en fin, cómo nos situábamos nosotros en la existencia. Por eso este libro tiene tanto de reflexivo.

Nada más que agradecer a Víctor una vez más, a Wichy, al querido Chino Heras, al Instituto del Libro, al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, haber editado este libro y, sobre todo, que se haya conseguido que se venda exclusivamente en moneda nacional: esto es lo que realmente a mí más me gratifica.

Muchas gracias a todos.

Con el filo de la hoja. Humor y amistad de José Zacarías Tallet


Wichy, José Zacarías Tallet y Víctor Casaus

Fuente: Boletín Memoria Número 140, julio de 2011 Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau

Este boletín Memoria quiere recordar, con esta carta del poeta José Zacarías Tallet dirigida a Pablo a principios de agosto de 1936, los dos elementos que conforman el título de esta nota introductoria: el humor y la amistad.

Ambos fueron piezas claves de las personalidades de Pablo de la Torriente Brau y algunos de sus amigos más entrañables como Raúl Roa y el propio Tallet. Fue precisamente en la casa de Tallet donde Roa y Pablo fueron apresados por la policía machadista en 1931, por su participación activa en la lucha antidictatorial y antimperialista. De aquel momento dejaron testimonios emocionados —y también plenos de humor— los dos detenidos. Pueden revisitarse en el libro Pablo: con el filo de la hoja, reeditado hace unos años por las Ediciones La Memoria del Centro Pablo.

Dentro de las celebraciones por el 110 aniversario del nacimiento de Pablo y de los 15 años de la fundación del Centro que lleva su nombre, reunimos en esta carta –cuyo original forma parte del Fondo Documental de Pablo– las referencias a estos amigos y compañeros de luchas y de sueños que animaron y enriquecieron con sus vidas y sus obras la cultura y la historia de nuestra Isla.

Esta carta de Tallet fue escrita, por otra parte, en un momento decisivo de la vida de Pablo, quien se encontraba exiliado en Nueva York desde principios de 1935 debido a la represión desatada por el coronel Batista al amparo de la embajada norteamericana en La Habana. Tallet, como otros compañeros muy cercanos –Ramiro Valdés Daussá entre ellos–, era partidario de que Pablo regresara a Cuba, aprovechando la aprobación de una “ley de amnistía, la cual, recortada y todo, te abarca a ti”. Al mes siguiente Pablo decidiría marchar a España, “a la revolución española, en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos. La idea hizo explosión en mi cerebro, y desde entonces está incendiado el gran bosque de mi imaginación”.

Las claves para comprender mejor esta carta de Tallet son las siguientes. “Brave point” es  la localidad de Punta Brava, en La Habana, donde radicaba la casa de los padres de Teté Casuso, la esposa de Pablo y donde la pareja vivió después de su boda en 1930. El Gordo es el periodista Guillermo Martínez Márquez. El Saumell que se menciona en la carta es Eduardo, hermano de Alberto Saumell, compañero de Pablo en el Ala Izquierda Estudiantil y, posteriormente, en la Organización Revolucionaria Antimperialista (ORCA), creada por Pablo, Roa, Gustavo Aldereguía y otros compañeros en 1935, en el exilio. Jorgito es el hijo de Tallet y Ruth Martínez Villena. Ruth –hermana de Rubén, el poeta de La pupila insomne–  es una de las “vecinas” mencionadas por el poeta en su carta; la otra es Teté, la esposa de Pablo, quien se preparaba para retornar a Cuba desde Nueva York, como efectivamente hizo muy poco después.

Desde el humor y la amistad recordamos de hecho también aquí al poeta de La semilla estéril, cuya obra renació después de muchos años de silencio, en la década del 60 del pasado siglo, animada por la admiración y el cariño que le entregamos a aquel siempre joven Tallet los miembros de nuestra entonces naciente generación poética.

Víctor Casaus

La Habana, Agosto 6, 1936

Mi querido Pablo:

Mi inveterada costumbre de dejarlo casi todo para mañana, principalmente cuando se trata de la correspondencia que me cae como una bala, ha sido causa de que no te contestara tus dos cartas, la primera de las cuales, entre paréntesis, se me traspapeló. Por esta falta de consideración te pido burguesamente mil perdones… y al grano.

Aunque, por el traspapelamiento aludido, no recuerdo los detalles de la proposición para adquirir la obra de Dickens y aún cuando no es éste santo de mi devoción, acepto gustoso tu propuesta y te ruego me digas qué cantidad tengo que girarte en seguida para ir adquiriendo la magnífica colección que, como muy bien dices, servirá aunque sea para revenderla si el caso llegare.

Del asunto de Saumell me ocupé en el acto y espero que mi recomendación siga siendo atendida hasta el final.

Tengo que comunicarte que ayer quedó aprobada la ley de amnistía, la cual, recortada y todo, te abarca a ti. Espero, por lo tanto, que pronto estarás de regreso en estos lares, como ya lo está el Gordo y lo estará dentro de unos días el Loco, quien se halla ídem por conocer a su vástago, miquito gracioso si los hay.

Jorgito va recuperándose después de la operación y la Vecina con muchas ganas de chismear con la otra Vecina. En cuanto al libro de Rubén es mejor que hablemos cuando en breve nos veamos por acá, pues mi opinión es que no hay inconveniente, después que aparezca la amnistía en la gaceta, para tu retorno.

El otro día estuvimos en Brave Point, pasando un día muy grato con la suegra, esperanzada de vuestro regreso próximo. Estoy por creer que Teté no vendrá sola.

Del palacete de Amargura 66 nos mudaremos en estos días para un hotel, mientras le hacen reparaciones mayores. Hace algún tiempo estuve a punto de perecer bajo una enorme torta que se desprendió del milenario cielo-raso y abrió un hueco en la almohada y no por suerte en mi ilustre cabeza, lo cual hubiera sido irreparable pérdida para las letras cubanas.

Besos de Jorgito y la Vecina para tu Vecina, y míos también ¡qué carajo! pues bien que se los merece, y para ti sólo abrazos de todos tres.

Pepe

Así empezaba la carta y llegó estrujada al Hanabanilla…


Carta de Wichy a Víctor Casaus. Octubre de 1984

Así empezaba la carta y llegó estrujada al Hanabanilla, donde filmábamos Sobre la marcha. Venía en el paquete de la correspondencia para la gente de la película y llevaba esta dirección que delataba, en su humor, al remitente: Víctor Casaus Escambray (presumiblemente en la banda de Cheíto León).

Victoriano:

Recibí hoy 18 tu carta, pero ni vi a Nuñez, ni sé quien es —me dejó el sobre sobre mi mesa, valga la redundancia—. De todos modos, cuando termine de prosarte estas líneas iré a producción para ver si, como diría —feliz— Contreras, me “dan razón” del enigmático mensajero.

Me alegra mucho que la cosa marche, a pesar de que esto no es Hollywood o Cinecitta, ni yo soy Howard Lawson ni tú eres Pudovkin o Jesús Díaz; la suerte está con nosotros, a dios gracias (…) El llamado mundillo cultural se mantiene en sus 13, por momentos baja a 12. Sin embargo, el Ministerio ha desplegado una intensa actividad (como seguramente viste en la prensa) alrededor de la jornada de la cultura cubana. Tú y yo estuvimos anunciados para un recital en el Parque de los Cabezones, pero ninguno de los dos pudimos asistir (…) La noticia más sensacional del período (o quizás del año) es que a Willy Rivera lo van a hacer jefe del departamento de literatura de la Facultad. ¡Así anda la universidad! Él tiene una retraída contentura con el asunto, y, según me dijo, planes. Ojalá que no sean de machete.

El día 14 de noviembre salgo para Francia-Madrid, a un festival festivalero y al lanzamiento (en Madrid) de la edición Bruguera de Y si muero… Estaré de regreso alrededor del 2 ó 3 de diciembre. Este año el Festival (de La Habana) dura 11 días, en la primera quincena de diciembre. Hay más filmes que el año pasado y vienen más cineastas y el dancing-singüin-post-coitum tendrá lugar en el Parisién. Se amplía el salón y se reduce el repello, pero algo ganamos. Entre el Festival de Ballet, el mundial de pelota y el regreso de Les Luthiers, la Habana parece una ciudad de más de un millón de espectadores, según las estadísticas. Al punto que ya no sé si correr hacia primera, tirarme una bailarina o cantar con el maestro Mastropiero aquella tonada que dice: “Papa barata batata dirán…” La semana de cine italiano tuvo lo suyo, en particular Enrique IV y Bailando, bailando… El resto no vale la pena un poema de,… escrito por,… sobre una idea de,… .

Bueno, hermano, nada más por ahora. Fuerza y destreza. Lee con ahínco mi artículo sobre semiótica del cine, que siempre algo va a pegársete. Felicidades atrasadas por el premio de la crítica.

Un abrazo,

Wichy

Se acabó la carta. La conversación sigue. Un abrazo, Rojo.

Wichy en la Memoria del Centro Pablo


La vida y la obra de Wichy transitan por muchos espacios abiertos en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau para preservar y difundir la memoria de este creador múltiple y diverso, irresistible encantador de serpientes desde su poesía y su personalidad fosforescentes, autor de novelas y guiones cinematográficos de temas y alcances populares, cineasta y traductor, editor y dibujante, creyente escéptico, hermano de muchos y amante de muchas que le admiraron desde la complicidad de las ideas y de las acciones.

Mirar al Rojo fue una de las primeras exposiciones organizadas en el Centro Pablo, para recordar uno de sus aniversarios, en noviembre de 1997.

Allí se reunieron fotos, documentos y videos, precedidos de estas palabras introductorias:

Aquí están las quince mil vidas del caminante Luis Rogelio Nogueras, Wichy el Rojo, y una más: la que viene de estas fotos y estos documentos y estos libros y va hacia el mañana del que hablaba en sus poemas llenos de esplendor e inteligencia. Aquí está mirando a la cámara, haciéndole muecas a la vida y quizás a la muerte, este novelista y cineasta, poeta y ensayista, hermano de sus hermanos, nativo pelirrojo del Trópico y del mundo —y en especial de esta Isla que amó a su manera, a su tiempo, a su aire nuestro y memorable. Aquí está naciendo y viviendo otra vez en un puñado de imágenes y papeles este creador completo y complejo: un simple mortal, un hombre; pero fuerte, ingenioso y justo en la medida humana. Y es bastante.

Víctor Casaus

La Colección Palabra viva, que reúne las voces de creadores latinoamericanos a partir del archivo personal del periodista Orlando Castellanos, ha incluido en su catálogo dos títulos dedicados a la vida y la obra de Wichy.

El primero de ellos, publicado en soporte de casete digital, al inicio de la Colección, se tituló La alquimia y las musarañas  y lleva estas palabras introductorias de su editora Virgen  Gutiérrez:

Entre las tantas cosas que quiso ser de niño —bombero, aviador, faquir, alquimista (entonces desconocía tal palabra) Wichy, El rojo, Nogueras, o cualquiera de los nombres con que fue conocido y amado Luis Rogelio Nogueras, finalmente se hizo escritor porque la literatura viene a ser “como una alquimia de la palabra”.

Creció entre libros, dentro de una familia que veneraba a un pariente novelista: Alfonso Hernández Catá. Pero no se hizo escritor por mimesis sino porque alguien le dijo, cuando era un adolescente, que se parecía a Carlos Pío Urbach. Cuando supo que este escribía, decidió que él debía hacer lo mismo, aunque muy pronto descubrió que su parecido con aquel “era el mismo que podía haber entre un diccionario Larousse y un catcher.” Entonces comenzó a escribir en serio.

A los 22 años ganó con Cabeza de zanahoria el premio de poesía, compartido con Lina de Feria, en la primera edición del concurso David que desde 1967 convoca la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Ejerció diversos oficios: editor de libros y de revistas, periodista, autor de novelas, guionista de cine. Sin embargo, fue la poesía su ocupación predilecta. Con ella obtuvo las mayores satisfacciones y de eso nos habla en este casete para que disfrutemos de su voz ya que él, en una de esas travesuras con que sorprendía a sus amigos, se escondió de nosotros hace quince años. No dudo que ande junto al Dr. Zen poblando islas perdidas o repose en una remota cueva donde lee a Blanca Luz los versos de Apollinaire.

En esta grabación Luis Rogelio Nogueras lee diecisiete de sus poemas y Silvio Rodríguez interpreta su canción, dedicada a Wichy, “La tonada inasible”. Las grabaciones de las entrevistas y los poemas de Luis Rogelio Nogueras han sido tomadas del archivo personal de Orlando Castellanos.

El segundo volumen de Palabra viva dedicado a Wichy fue publicado en soporte de CD con el título de El juego del escorpión y aparece precedido, en el disco y en el sitio del Centro Pablo,  por estas palabras de su editora:

A partir de los 35 años Luis Rogelio Nogueras comenzó a jugar con el año de su nacimiento. Al propio Orlando Castellanos, quien lo entrevistara en varias ocasiones, le dio, al menos, dos fechas diferentes, por ello se incluyen ambas versiones en este disco, aunque podemos afirmar, con conocimiento de causa, que fue 1944 el año real de su llegada a la vida. Al menos, a su primera vida.

Tal vez porque quería engañar a la del vestido morado, o para seguir jugando con sus biógrafos desde otra dimensión (algunos ya han caído en la trampa) se complacía en estas ingenuidades.

Y es que, a pesar de todo su talento, de esa capacidad que tenía para armar sus historias y de su gran sensibilidad para la poesía, Wichy (para nosotros siempre será Wichy) tenía alma de niño. Y para los niños, ya se sabe, el juego constituye el don más preciado de la existencia. Disfrazarse con espejuelos oscuros y un sombrero, llamar por teléfono a un amigo imitando la voz de un húngaro o un francés para dar una cita apócrifa, escribir un poema como si fuera un viejo de ciento ocho años o un niño de tres, eran parte de las cosas cotidianas que le hacían feliz.

Y esa felicidad la transmitía a todos los que le rodeaban porque los hacía partícipes de su mundo imaginado, como si quisiera vivir en una, las quince mil vidas que ideó en sus poemas. Fantaseando, amando, escribiendo hasta el último momento de su lucidez, vivió este cisne salvaje, al que recordaremos siempre a pesar de su escapada a una de esas fábulas que él creó.

El disco incluye siete poemas en su voz: “Oficio”, “Poética”, “Poesía trunca”, “Ama al cisne salvaje”, “La suerte está echada”, “Viaje” y “Nocturno”. Y dos canciones: La tonada inasible de Silvio Rodríguez y Décimas para Martí, textos de Nogueras musicalizados e interpretados por Martín Rego.

Las Ediciones La Memoria del Centro Pablo publicaron en el año 2003 el libro De nube en nube, que incluye crónicas inéditas o poco conocidas de Wichy.

Este libro perteneciente a la Colección Homenajes contó con prólogos y notas de Silvio Rodríguez, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera y Virgen Gutiérrez.

En la contratapa del libro, que puede descargarse íntegramente en formato PDF desde el portal del Centro Pablo, aparece este breve texto introductorio:

Como se verá por las firmas y muchos de los nombres que aparecen en sus páginas, De nube en nube es un libro hecho desde la amistad. Ediciones La Memoria lo publica en su Colección Homenajes para entregar a antiguos y nuevos lectores esta zona menos conocida de la obra de Luis Rogelio Nogueras, uno de los creadores más multifacéticos, imaginativos y rigurosos de la segunda mitad del siglo XX cubano.

Poeta, narrador, ensayista, guionista cinematográfico y realizador de dibujos animados, editor, periodista, traductor, Wichy (o el Rojo, como también puede o debe llamársele) nos dejó una obra extensa e intensa en esos terrenos. En este libro se reúnen por primera vez sus crónicas y artículos dispersos en publicaciones periódicas, con los que el autor recorrió temas y escritores preferidos o acompañó la memoria de sus múltiples viajes.

También en estos textos que acostumbramos a llamar menores —como en su imprescindible obra poética y en el universo de sus novelas y cuento— Wichy nos reafirma aquella máxima horaciana que citaba en sus conversaciones juveniles y que incluyó como exergo en alguno de sus libros: «No moriré del todo».

Así, desde la amistad, la complicidad y la admiración, se ha recordado (se recuerda) en las paredes, los papeles y las pantallas del Centro Pablo la vida y la obra de Wichy. Así se comparten ahora también desde este blog que difunde intensa y amorosamente su poesía y su pensamiento.

Víctor Casaus

Un premio a la constancia y al amor


Artículo de Vivian Núñez. Fuente: La Jiribilla

El director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Víctor Casaus, obtuvo el Premio Barnasants 2012 en la categoría de Activismo Cultural, un galardón que, afirmó, “late fuerte y felizmente del lado izquierdo del pecho, como debe ser”.

El lauro, uno de los tres que entrega cada año en diferentes categorías ese festival catalán, se le concedió al intelectual cubano por “su incansable labor de compromiso con la cultura y la canción de autor en Cuba y en especial por la organización del ciclo A guitarra limpia.

En opinión de uno de los miembros del jurado, Xavier Pintanel, es destacable la labor de Casaus al frente del “equipamiento cultural independiente sin ánimo de lucro ubicado en La Habana, que ha creado programas y espacios de difusión y debate relacionados con la memoria, la historia oral, las artes plásticas, el arte digital o la nueva trova cubana”.

En declaraciones a este espacio poco después de conocerse la noticia, Casaus aseguró que recibir este premio es una alegría y un honor, y quiso dedicarlo y compartirlo con la coordinadora del Centro, María Santucho, “con quien hemos fundado en estos años A guitarra limpia y otros espacios del Centro Pablo de la Torriente Brau que han sido el eje del activismo cultural que este premio reconoce: la nueva trova, el arte digital, el diseño gráfico, la producción editorial, las nuevas tecnologías, la memoria. Junto a María están los integrantes de ese “pequeño ejército loco” del Centro Pablo que han hecho posible que los creadores de esas manifestaciones citadas hayan encontrado espacios de difusión, debate y reflexión sobre sus respectivas obras”.

Señaló el escritor, periodista y cineasta cubano que el trabajo que ha realizado la institución que dirige durante 15 años le ha traído otra alegría excepcional, que es “conocer y  compartir con esas comunidades de artistas, la mayoría de ellos jóvenes, que han apostado junto a nosotros a favor de la imaginación y la belleza. Ellos han hecho posible la existencia de esos sueños, de esos programas culturales que hemos desarrollado y defendido juntos durante tres lustros”.

“Este Premio Barnasants viene, además, de los territorios del compromiso con la canción que nuestro amigo Pere Camps ha mantenido, a golpes de pasión y de inteligencia: el Festival de Barnasants es uno de los principales eventos que defienden la poesía y la calidad musical, la ética de la creación artística y los sueños de un mundo mejor”, puntualizó Casaus, tras añadir que en todas esas cosas “somos cómplices eternos de Pere y del Festival”.

Los otros dos galardones en la edición de este año recayeron en el valenciano Joan Amèric en la categoría de Mejor Concierto Oficial y en el legendario cantautor uruguayo Daniel Viglietti en la de Trayectoria.

El concierto de Amèric seleccionado para el premio fue el realizado el pasado 30 de marzo en el Auditori Barrades, donde el artista descubría su nuevo trabajo,Directament (Temps RecordBarnasants, 2012), un CD grabado durante la clausura de la edición pasada del festival.

“El concierto repasó este trabajo, que se erige como bisagra entre la historia y el futuro de Joan Amèric, ya que a la vez que reivindica temas emblemáticos también dejó entrever pinceladas de lo que será su próximo disco de estudio”, consideró Pintanel en la web Cancioneros.com

El Premio al reconocimiento a la Trayectoria fue entregado a Viglietti por ser uno de los referentes históricos de la canción latinoamericana. La obra del cantautor sudamericano, señaló el jurado, se ha caracterizado por “una particular mezcla de elementos de música clásica para guitarra y del folclor uruguayo y latinoamericano y, más allá de la trayectoria artística, también se ha destacado por su compromiso: no en vano es considerado por los demócratas y progresistas uno de los símbolos de resistencia al régimen militar y totalitario”.

El jurado de este año estuvo integrado por Donat Putx, crítico musical del diarioLa Vanguardia; Helena Morèn, directora de redacción de Enderrock; Juan Miguel Morales, fotógrafo; Jordi Bianciotto, periodista, crítico musical y redactor del diario El Periódico de Catalunya; Jordi Rueda, director de la revista Clave Profesional; Mayte de Agorreta, representante del público y gestora cultural; Pere Pons, director de la revista Jaç y colaborador del diario Avui; Xavier Pintanel, director de Cancioneros.com; Jordi Oliva, redactor cultural de los informativos de TV3; Maite Alfaro, directora del programa “Folk als Països Catalans”, de RadioGràcia; y, como presidente del jurado, Josep María Hernández Ripoll, periodista y crítico musical.