Caimán no come caimán… pero sí poesía


Del blog de Félix Contreras

De arriba hacia abajo: Víctor Casaus, Froilán Escobar, Luis Rogelio Nogueras y Félix Contreras. (Fuente: https://felixcon.wordpress.com/galeria/)

Por: . 22|6|2015

El Caimán Barbudo es lo más parecido a su circunstancia natal, a los días de su fundación. La nación despertaba de dictaduras, escándalos de corrupción, robos y gansterismo, y se iniciaba la década más fundadora de su historia tras la victoria de 1959: Instituto de Reforma Agraria, Consejo Nacional de Cultura,  Casa de las Américas, UNEAC,  ICAIP, entre otras instituciones.

La cultura toma vuelo, trasciende la magia negra del bongó y la tumbadora, la cultura popular entra en interesantísimo proceso de rescate, redescubrimiento y revaloración: Benny Moré, el son, Arsenio Rodríguez, la guaracha, Antonio Arcaño, la rumba, Rita Montaner, Bola de Nieva, Chano Pozo, Carlos Embale,  Ñico Saquito, El Chori, son rescatados (de Las Fritas de Marianao) y colocados en el sitio de la alta cultura con Saumell, Beethoven, Lecuona, Bach, Ignacio Cervantes, Ignacio Piñeiro, Bizet, Roldán, Caturla, Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier…

Asombrados, vemos y sentimos toda esa eclosión que nos devela de modo directo, sin el dedo “magistral” de la retórica, nuestra cultura, nuestro país. Somos ejemplo de cómo una nueva generación, con recursos y voluntad política del estado, además de inserción en la sociedad, encuentra campo para su realización profesional en el omnipresente nuevo marco institucional de ese proceso de renacimiento cultural que borra el aislamiento, que localiza al individuo y lo lleva a la convergencia con el otro, con los otros.

Época tan radicalmente nueva, fascinante, madre de asombros que hasta los millonarios donan tractores y arados para la Reforma Agraria.

Leíamos —al mismo tiempo— a Martí, Tallet. Guillén (el “malo” y el “bueno”), Machado, Escardó, la Loynaz, Whitman, Eluard, Ballagas, Casal, Boti y Poveda,  Carilda, Agustín Acosta, Pedroso, Florit e igual, al mismo tiempo, descubríamos, sin emoción vergonzante —con Helio Orovio— el Mamoncillo de la Tropical al ritmo de Benny More y su fabulosa Banda Gigante, o a Roberto Faz y su Conjunto, que nos dio con el bolero otra vertiente de la poesía.

¿Dónde y cómo se encuentran los futuros caimaneros?

El único núcleo de jóvenes poetas existente en la isla eran los de El Puente —con editora— con José Mario a la cabeza. Enfrente teníamos, vivos y radiantes, a los grandes poetas de Orígenes (Lezama, Diego, Cintio, Fina, Baquero), dándonos saludable y estoico ejemplo de la necesidad y utilidad de la poesía y también, los más jóvenes de la generación del 50 (muy recelos con nosotros) que igual respetábamos: Retamar (“en cazuela”, parodiaba Wichy), Padilla, César López, Pablo Armando Fernández,  Fayad Jamís, Manuel Díaz Martínez, José Álvarez Baragaño y otros.

Amábamos todo lo que oliera a poesía, la buscábamos en la calle, en el lenguaje del vivir cotidiano y en la parodia. Lo lúdico como antídoto a la retórica finisecular heredada, todo lo que fuera juego, jugar con la palabra y los nombres, todo lo que fuera mecanismo de creación porque poesía era todo, y todo era posible.

Un grupo muy matizado, típico de la diversidad de procedencia socio-cultural. No éramos individuos escogidos o seleccionados, sujetos o atendiendo a un programa ideo-estético, ideológico, religioso o de la francmasonería, etc.

Nos escogió el azar y agrupó la poesía.

El Caimán Barbudo encuentra su núcleo fundador en la Brigada “Hermanos Saíz”, fundada en 1965 en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional. Recuerdo allí ese día a Sigifredo Álvarez Conesa, mi condiscípulo en la Escuela de Instructores de Arte, Manolo Vidal (pintaba y escribía), Helio Orovio, Rafael Escobar Linares, electo de presidente de la sección de literatura —redactor de la revista Mar y Pesca—, Argelio Sosa (becado, cursaba el preuniversitario en Ciudad Libertad), René Allouis (“algo chiflado”, traductor de películas en inglés y en la radio), Maggie y Roger, inseparables, más amantes y con más pegadera que Romeo y Julieta.

Salvo los mencionados Sigifredo y Orovio, no recuerdo al resto de los caimaneros en la Biblioteca. Presumo que los conozco después en la UNEAC, sede de la Brigada, cuando comienzan allí sus reuniones los sábados, de una de la tarde a siete de la noche. Todos éramos inéditos, aún sin ningún interés en publicar. La lectura e interactuar con los otros, ocupaban todo nuestro tiempo.

Tengo nítido mi primer encuentro con Wichy (Luis Rogelio Nogueras) y Froilán Escobar: la Brigada celebra una lectura colectiva de poemas, yo tenía los bolsillos llenos de versos dedicados a un almendro, y Sigifredo —en cuyas manos quedaron para siempre— me pide que lea algunos. Al final fuimos al restaurante Los Siete Mares y yo súper contento, pues tenía también siete mares pero de hambre. Con Froilán, Orovio, Víctor y Wichy intimé más.

La realidad cultural se fue diversificando y con ella, nosotros: unos entraron a la universidad, nosotros, los de poca escuela, al autodidactismo, a comernos el mundo.

Fuente: El caimán barbudo, la revista cultural de la juventud cubana

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Félix Contreras


Entrevista con el poeta Félix Contreras

Fuente: Racso Pérez, 12 de noviembre de 2009, Cubaliteraria

Pinar del Río, Cuba, 1940. Poeta, periodista, escritor, especializado en cultura cubana. Comenzó a publicar en diarios y revistas (Cuba Internacional, Juventud Rebelde, Prensa Latina, Granma Internacional, Bohemia). La música popular cubana (por supuesto), 1902-1959, mayormente es el tema de su actividad profesional. Tiene publicado, de poesía: El fulano tiempo, Debía venir alguien (prólogo de Eliseo Diego), Cuaderno para el que va a nacer (prólogo de Cintio Vitier), Corazón semejante al tuyo, y de música: Porque tienen filin (sobre la canción feeling cubana de la década del 40), La música cubana: una cuestión personal, y Yo conocí a Benny Moré. Ha ofrecido cursos y conferencias en Bélgica, España, México, Colombia. Argentina, Serbia, Uruguay, Brasil y Ecuador.

Félix Contreras es de esos poetas que sí supo de dónde venía y hacia dónde iría, de alguna manera la premonición del silencio con el que nació en aquella ciudad donde los alcaldes, los policías se robaron el color azul, y las tejas goteaban sobre su soledad, a pesar de que la ciudad carecía de coma, punto y signo de admiración y de que el hoy periodista, musicólogo y poeta, afanoso diletante en torno a la cultura cubana en general no tenía gramática creció al calor de escuchar y aprehenderse de sitios y personajes amorosos que dimensionaron su estatura por encima de vicisitudes y sueños de portales a (en) portales.

Es Félix Contreras un (s)fer-viente conocedor de su destino, hado que alcanza a destajo del tiempo, el fulano tiempo y el espacio vital que concretan sus decires.

Autor de una poesía con la que usted se duele, se goza, se inquieta mientras atraviesa su dimensión temporal, portadora de la señal del sentido lúdico del hombre en pos de su memoria, memoria emisora de la afectiva lozanía de los registros del pensamiento, desde donde concurren las vivencias que trenzan —junto con el entorno— esos eventos conmensurables que hacen del acto poético un derrame de sensaciones evolutivas que ayudan a descubrirnos.

De eso se trata, —en este espacio—, Informalmente formal, descubrir al sujeto por los versos; detrás de la taza de café con leche que supone su poesía, ir a la coherente semblanza de una vibración mágica dentro de mi (su) ser…

Háblame del Félix Contreras de la Calle Sol número 36 de Pinar del Río, ¿Es el lugar desde donde partes para La Habana cuando vienes becado?

Sí, mi primer “hogar” pinareño, bendecido por vecinos músicos como Eustaquio Ortiz, Niño Rivera, Miguelito Cuní y otros, por una maravillosa emisora de radio  (CMAB) que los vecinos de esa ciudad algún día tendrán que rendir tributo y, sobre todo, por mi kindergarten No. 5, donde adquirí mi verdadera alma —al decir del suizo Jean Piaget— pero, de donde salgo a La Habana —febrero de 1961— es Virtudes 37.

Una sacudida épica marca tu vida de manera muy peculiar: La Revolución del 59, ¿cuál es tu impresión, cómo se plegaron tú y ese fenómeno nacional, qué te produjo la relación con ella?

Obviamente, para un joven inquieto, muy vocacionalmente apegado, muy curioso de su país y América (Nuestra América), deseoso de crecer espiritual, culturalmente, 1959 fue hacerse dueño del cielo. De contra, yo no tenía  padres, prácticamente sin familia, con unos tíos que me sacaron de la escuela muy chico y me metieron a trabajar en un mercado de viandas durante 14 y 15 horas al día… Ya esto dice mejor que nada qué fue la llegada de ese año, mejor cantado por el Indio Naborí en la propia fecha.

De tu período en la Escuela de Instructores de Arte y, después, voy a nombrar a un grupo de amigos, hermanos, poetas, ¿cuál sería —en ese momento fundacional—, tu valoración?: José Zacarías Tallet, Félix Pita Rodríguez, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Nicolás Guillén, Humberto Arenal, Luis Rogelio Nogueras… Igualmente, danos de ellos una impresión, una anécdota que compartir…

Imagina a un perdulario, con 21 años, desesperado por volver al estudio, al aula y, de repente casi llegar a un centro de estudios (el taller renacentista) con profesores que eran, en su mayoría, figuras importantes de la cultura nacional (Félix Pita Rodríguez, Cuca Rivero, Humberto Arenal, Rine Leal, Manuel Díaz Martínez, entre otros). Una escuela donde me dan espejuelos, me llevan al dentista, al barbero, me dan camisas, pantalones, zapatos, comidas a su hora y,  por primera vez me quise, me autoreconocí, me amé, sentí que servía para algo…

Imagínate un centro donde el bibliotecario era un poeta —Francisco de Oráa— y nos llamaba y nos recomendaba leer, nos sugería títulos y, gracias a él, me leí una montaña de libros (yo tenía hábito lectivo y quedaba el fin de semana allí), nuestra brillante literatura: Jorge Mañach (Martí, el Apóstol, Estampas de San Cristóbal de La Habana, Indagación del choteo), sí, porque aquella biblioteca de la beca (ex Hotel Comodoro) estaba hecha de todas aquellas de la gente rica que se marchó del país al triunfo del “comunismo” en 1959; Lezama (Dador, que no entendía, pero me daba un placentero mareíto), Cintio y su Lo cubano en la  poesía, que siempre estaré agradeciendo haberlo leído y releído; Teresa de la Parra, (Ifigenia y Memoria  de Mamá Blanca), Lydia Cabrera (Contes nêgres, edición de Gallimard) que leía con ayuda del diccionario, toda la poesía y crónicas de Martí, José María de Heredia, Mariano Brull (y su ladrillosa poesía “pura”), los hermanos Henríques Ureña, nuestro Guillén (también bueno), Ballagas, Fernando Ortiz, Onelio (Jorge Cardoso), Las Geórgicas (Virgilio), la poesía brasileña: Drummond: Mario Quintana. Manuel Bandeira, que me hicieron aprender portugués para leerlos directamente; El Capital (Marx), los poetas argentinos: Olivari, Molina, Borges, González Tuñón y, claro está, los españoles: Góngora (Las soledades), Antonio y Manuel Machado, Lorca, Quevedo, Alberti, El Quijote, que acabo de leer por tercera vez y he disfrutado más… Bueno, como adviertes, leo de todo y de forma anárquica y, soy amante de títulos bellos y raros como ese de Isidoro Núñez, Se diría noche, que le envidio siempre… Mis queridas poetas latinoamericanas: Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Delmira Agostini, Gabriela Mistral («canta el ave, canta el río y también canta la palma»), Dulce María Loynaz (Jardín y los Poemas sin nombre), Serafina Núñez, aún no descubierta —Isla en el sueño—, Rafaela Chacón Nardi (Viaje al sueño), Carilda Oliver Labra (Al sur de mi garganta). En fin…

José Zacarías Tallet: su desprejuicio frente al lenguaje.

Félix Pita Rodríguez: que  se debía tener cultura poética, conocer…

Eliseo Diego: su entrega casi mística a la creación, a la búsqueda del misterio de la creación.

Cintio Vitier: su ejemplo, su entrega al sentido  de las raíces de nuestra cultura.

Nicolás Guillén: modelo de poeta, intelectual comprometido.

Humberto Arenal: su enseñanza de trabajo cada mañana.

Luis Rogelio Nogueras: que el juego, lo lúdico y la creación, lo serio, lo trascendente necesita de un empujoncito de los sentidos relajados.

De los instructores y la posterior inserción en la vida social del país, ¿qué recuerdas?

Mis estancias cumpliendo el servicio social en llanos y montañas bien intrincados en mi provincia, cuando todavía llegaba con la mochila al hombro y, los dirigentes me decían «no, no, regresa a quienes te mandaron, aquí no queremos esas mariconerías de teatro, poesía y esas cosas.» De la primera vez que volé en un avión, siendo profesor en la Base Militar de San Julián (Guane) y me oriné los pantalones. De los millones de poemas que escribí aprovechando que los guajiros me huían, que me sobraba el tiempo.

Voy a nombrar una revista, El Caimán Barbudo, ¿entras con la generación del 66 o es posterior a ellos que te sumas a la nómina? El poeta Félix Contreras

Bueno, es mi generación, fenómeno que no limito a lo cronológico, a lo biológico porque, es más, obviamente, cultural e histórico. Nos juntó a los caimaneros la coyuntura feliz que habíamos creado primero, la Brigada Hermanos Saíz y, Guillermo Rodríguez Rivera y Wichy Nogueras, me llevaron a fundar El Caimán

¿Piensa Félix Contreras que el poeta se crea incomprendido?

Eso parece cosa de Amado Nervo, Hilarión Cabrisas pero… yo he sido más incomprendido como yo, como Félix Contreras, que como poeta o como los dos…

Periodista, poeta, musicógrafo… amante de la vida, hacedor de libros manufacturados, de “exquisitas ediciones manufacturadas”, conferencista especializado en cultura cubana, viajero diletante ¿se me queda algo?

Todas las artes se comunican, subterráneamente, lo que sucede es que, entre nosotros la retórica, la visión maniquea y “tradicional” las separa. Creo, como Lezama, más que en la poesía, en la poiesis griega. Mi interés, perdón, mi placer en la música, no me separa de la poesía ni de otras fuentes de la belleza creada por el hombre. Hay poetas dotados de esa poeisis, de esa capacidad para expresarse con medios distintos pero, ¿es dicotómica la música en el poeta y ensayista Cintio Vitier? ¿Fue dicotómica la pintura en el poeta Fayad Jamis? ¿Fue dicotómica la pintura, el dibujo, la edición, la promoción cultural en el poeta Samuel Feijóo?, ¿Lo es la pintura en el genial músico Bobby Carcassés?, ¿lo es la poesía, el soneto, en el músico Silvio Rodríguez?, ¿lo es la música en el poeta Cintio Vitier?… Por cierto, cosa muy ignorada, Cintio es buen violinista. Por otra parte, ¿como escapar a ese irresistible encanto de nuestra música popular?

Bueno, sí, de acuerdo, muchos poetas nuestros, víctimas de pobres prejuicios, escapan, huyen. Me haces recordar una conversación que tuve con Alejo Carpentier en 1966, por cierto, mi estreno como periodista, en el que el gran maestro ponderaba, celebraba animosamente, nuestra música y me invitaba a aprovecharla estética y terapéuticamente. Por cierto, Alejo, en articulo publicado en Carteles en 1930 dice: «Desconfío de los escritores que no aman la música. Una sensibilidad cuya percepción excluye la de los sonidos organizados, es forzosamente una sensibilidad incompleta.» Y agrega seguidamente que «Existen relaciones profundas entre las diversas manifestaciones del arte».

Mis “exquisitas ediciones manufacturadas”  (que yo hacía antes existir Ediciones Vigía.) comenzaron siendo niño, en el kindergarten (ahora lo llaman preescolar) en Pinar del Río, donde me aficioné a la música, al trabajo manual, tijeras, papeles de colores, cola, a cantar, a la música y, sí, hago esas ediciones manuales de mis poemas para regalar, cosa que le hace a Fina García-Marruz llamarme Manos de Mago… Fuera de Cuba corro y, compro (pagan ellos) papel y cartulinas, hago mis poemarios artesanales  y los obsequio a mis amigos en recitales que me organizan, como en Galicia y Brasil.

El libro, vehículo para trasmitir mi expresión, mi mensaje pero, es sobre todo una vibración mágica dentro de mi ser… siempre recuerdo aquella primera imprenta que vi en mi vida, de Isidro Pruneda (español), contigua al Hotel Comercio, el linotipo, los pliegos, el olor a tinta, los tipos, los clichés, la máquina de playo y brazos, la encuadernación… Veo un libro desconocido y, siento esa vibración. No por gusto pasé adolescencia y parte de mi juventud ante las vidrieras de La Comercial —calle Martí—mirando, cada noche, las novedades que llegaban de La Habana.

No extraño que el único lugar que me hacía escapar de la beca (Hotel Comodoro) era mirar, comprar para un libro era la inolvidable Moderna Poesía —calle Obispo— cuando aún era abierta y democrática. Recuerdo que acompañaba a mi profesor, el poeta Félix Pita Rodríguez,  a cobrar su salario, me hacía el bobo y me regalaba uno o dos pesos y yo, salía como un bólido hacia la Hababa Vieja.

Un libro, qué maravilla sin tiempo y espacio, qué misterio, que sol cognoscitivo. Oh, entrar a una biblioteca, a una librería, es siempre experiencia que me sobrecoge, me impresiona. Esas librerías de la calle Corrientes de Buenos Aires, que no duermen, la del poeta Héctor Yánover —Librería Norte— en la Avenida Las Heras de Palermo…

Caramba, aquellas visitas que yo le hacía a Eliseo Diego, Cintio y Fina,  en sus cubículos de la Biblioteca Nacional José Martí, donde nos leíamos mutuamente nuestros poemas nuevos… Tiempos en que nuestra Biblioteca Nacional estaba siempre llena de escritores…

Incluso, buenos poetas como Sidroc Ramos y Luis Suardíaz la dirigieron. Todos desfilábamos por ese cubículo de la genial bibliógrafa Araceli García Carrranza… Y, allí sigue, para fortuna de la cultura cubana, con su escudero y amor, Julito Domínguez, hundida —literalmente— en montañas de libros?…

El Libro, ¡qué creación del hombre!

Sé que has hecho de las tuyas no sólo en Cuba sino en tus viajes por el mundo  ¿qué te pasó en Brasil con el mambo, es verdad que en Galicia te agredió un cubano, y en Buenos Aires con una viejita,  me contaron algo?

No sé a que te refieres en concreto pero son tanto los chismes que ponen en mi boca… Pero, recuerdo a la señora (88 años) que, en una selva brasileña (Sâo Paulo), al término de mi conferencia y recital, trajo un automóvil, me subió en él y, allá, en su hacienda, me rogó bailara un mambo con ella “en honor a su marido, amante de ese ritmo tan cubano”… Boquiabierto, sin poder negarme, caritativo, no rompí su encanto, no le aclaré nunca que aquello que sonaba en la grabadora no era un mambo sino un vals de Straus…Eso sí, separando con agilidad mis pies atropellados por la acrobacia danzante de la venerable anciana.

Lo de Galicia fue que un señor cubano que me había visto en un diario (de Vigo, Pontevedra), me reconoce en plena calle: “Gran hijo de puta comunista que vienes hacer (sic) propaganda de  Castro aquí”—. “Más hijo e’ puta eres tú y, ¿qué te quitaron allá en La Habana?”. Y, adivine porque, alzando su paraguas para agredirme, vocifera: “Maricón hijo de puta comunista, me quitaron la tienda, mi tienda Ultra de la calle Galiano”. Y, alargando las sílabas en el segundo ataque, repetía: “hi—jo de pu—ta—cas—tris—ta— hi—jo de—pu—ta… ¿cuánto te pagan?— Y yo, muerto de risa porque, ojalá me estuvieran pagando porque tenia hambre, había un perro frío de rabia y yo, sin un kilo en el bolsillo, bueno, como viajamos (algunos) los escritores cubanos.

Tu gran amigo Wichy recomienda a los narradores “observar y estudiar la vida” ¿qué encomendarías tú a los jóvenes que se inclinan hacia la poesía?

Eso mismo.

¿Qué significa La Casa de la Poesía para el poeta, el amigo y el promotor innato que hay en Félix Contreras?

Una institución cultural que hacía falta y, sobre todo, ahí, en esa Habana Vieja donde, cada mañana deambulan buscando libros Federico (García Lorca, alojado en la calle Cuba), Juan Ramón (Jiménez) y Zenobia (Camprubí), Manolito (Altolaguirre, buen poeta y genial impresor en  O´Reilly) y Concha (Méndez), Lezama (Lima), Cintio (Vitier) y Fina (García-Marruz), Gastón (Baquero), Emilito (Roig de Leuchsenring), Eliseo (Diego), Dulce Maria Loynaz (acompañando a Gabriela Mistral por Obispo), visitando librerías (La Minerva, La Moderna Poesía, donde Juan Ramón citaba a sus amigos) e imprentas (Ucar – García y Cia, Teniente Rey 5, donde los poetas de Orígenes imprimían sus libros), los gloriosos gallegos Veloso, Sánchez Editores (O’Reilly y Villegas), republicanos de honda convicción… Y, por la Habana Vieja de los cafés y las fondas, la de los pasteles y dulcerías (hoy en moneda “maldita”), y la poesía del mundo era el centro de las amables tertulias mañaneras. Caramba, la Casa de la Poesía donde, hoy, se abriga con todo ese espíritu.

¿Qué pregunta, no formulada, te gustaría responder?

¿Más de lo que he dicho?…

Puntuales, los gallos despiertan a Mariano


Mariano Rodríguez (La Habana, 24 agosto, 1912-La Habana, 25 de mayo, 1990)

Puntuales, los gallos despiertan a Mariano
Félix Contreras

Los dulces aromas del jardín
primero, y luego los gallos
con su plumaje desde el día
hinchará sus fosforescencias,
despiertan a Mariano
que rápido en la penumbrosa
primavera de la creación,
se pone a dibujar para “estar en mano”.

Colorea
y una onda de su sangre
que nada puede detener,
disemina por doquier
con sus furiosos pinceles
la sensual serenidad
de suaves formas.
Solo el tiempo puro de los gallos
podría detener a Mariano en la mañana,
a su pulso duro