Materia de poesía


Qué importan los versos que escribiré después
ahora
cierra los ojos y bésame
carne de madrigal
deja que palpe el relámpago de tus piernas
para cuando tenga que evocarlas en el papel
cruza entera por mi garganta

entrégame tus gritos voraces
tus sueños carniceros

Qué importan los versos donde fluirás intacta
cuando partas
ahora dame la húmeda certeza de que estamos vivos
ahora
posa intensamente desnuda
para el madrigal donde sin falta
florecerás mañana

 

Luis Rogelio Nogueras

Anuncios

Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”


Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”

 

A Daína Chaviano, la muchacha que revitalizó la ciencia ficción y la literatura fantástica en Cuba en la década de los ochenta, debo recuerdos entrañables. Senel Paz, Daína y yo ganamos el Premio David de 1979 cuando los tres éramos solo proyectos de escritores. Daína decidió marcharse de Cuba en los noventa pero ni sus lectores ni sus viejos amigos la olvidan.

Modesta, talentosa y bella, nunca tuvo enemigos y su dulzura y carisma siguen cautivando a quienes se le acercan, a pesar de que es uno de los nombres de la literatura cubana más conocidos y premiados en el panorama internacional.

Recientemente, Ediciones La Luz, de Holguín, publicó su libro de poemas Confesiones eróticas y otros hechizos. En ellos está nuestra Daína de siempre, sus mundos esotéricos, su vocación por lo maravilloso y extraño y su amor terrenal y desprejuiciado traducido en una escritura enigmática y sobreabundante.

Apenas terminé de leer este libro sentí la necesidad de comunicarme con ella. Y así lo hice. Reveladora de sus cualidades humanas y su culto a la amistad fue la rápida respuesta que dio a mi cuestionario a pesar de que me habían advertido que para las entrevistas ella era “muy especial”.

En la actualidad, Daína Chaviano está considerada una de las autoras más relevantes del género fantástico en Hispanoamérica. La parapsicología, lo sobrenatural y la magia y la complejidad de las relaciones humanas, son algunas de sus obsesiones más arraigadas. Además de dos premios obtenidos en Cuba (el ya mencionado David y La Edad de Oro) ostenta otros de gran relieve internacional como el Anna Seghers, de la Academia de Artes de Berlín, el Azorín de novela en 1998, el Fernando Gallardos en 2003 y el Malinalli en 2014. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

Sin embargo ella confiesa seguir siendo la misma Daína de siempre. Las respuestas que dio paraOnCuba confirman su fidelidad a sí misma y a sus lectores de Cuba y fuera de ella, y evocan lo mejor de sí misma: su vocación por la conciliación y el diálogo entre la Isla y su diáspora. He aquí mis preguntas y sus valiosas respuestas.

¿Por qué publicar en Cuba estos poemas, escritos en los años ochenta en la Isla y no otros libros más recientes?

La publicación del poemario se debe a una invitación que me hizo Adalberto Santos Leyva, editor de Ediciones La Luz, quien me contactó a través de mi página de Facebook. Desde el inicio, la propuesta fue ese poemario. La acepté con gusto, después de que mi agente literaria no pusiera reparos. Aunque había sido escrito en los años 80, se trataba de un libro que no se conocía en la Isla, así es que sería nuevo para los lectores cubanos.

Dedicas tu poemario a Luis Rogelio Nogueras. ¿Qué recuerdos personales y qué valoración literaria tienes de esa persona?

Wichy ha sido una de las personas más importantes en mi vida. Lo conocí poco después de ganar el premio David de ciencia ficción, a principios de la década de los 80. No sé si recordarás que fuiste tú quien nos presentó en el portal de la UNEAC. A partir de ese día se convirtió en mi sombra, en una especie de cómplice y guía existencial que no se separaba de mí. Era un hombre sumamente inteligente, de una memoria extraordinaria, con un sentido del humor muy fino, siempre en función del conocimiento y del chiste intelectual, sin que ese término, en su caso, significara pedante o impostado; todo lo contrario, era un tipo muy chispeante e ingenioso. Me dio a conocer maravillas literarias, desde poetas raros hasta clásicos del erotismo. Fue una relación de cinco años que para mí representaron siglos de aprendizaje. Dejó una huella tan profunda en la joven que yo era entonces que, no solo muchos poemas de esa época, sino incluso dos de las novelas que escribí fuera de Cuba están inspiradas en conversaciones y lecturas que compartí con él. Sigo admirando su poesía, que aún me parece tan buena como la primera vez que la leí.

¿Cómo ha sido tu vida desde que te fuiste de Cuba?

Muy variada y llena de giros inesperados. He pasado momentos difíciles, aunque otras experiencias han sido espléndidas. En términos profesionales, fui traductora, reportera y columnista; también editora y directora de revistas como Discover, Newsweek y Architectural Digest. Impartí clases en la Universidad Internacional de la Florida, mientras hacía un doctorado que finalmente abandoné cuando La isla de los amores infinitos se tradujo a 25 idiomas. Desde ese momento me dediqué a escribir a tiempo completo. Por otra parte, he disfrutado la posibilidad de explorar y acercarme a temas esotéricos que siempre me han interesado, de conocer países y lugares mágicos, de interactuar y moverme en ambientes muy heterogéneos. He recibido reconocimientos y galardones que no esperaba, tanto en universidades como en ferias del libro. Y más importante aún, tengo nuevos lectores que me escriben desde todas partes del mundo. En ese sentido, no me puedo quejar.

¿Qué opinas de la literatura cubana que se escribe tanto dentro como fuera de la Isla?

Como ocurre siempre, hay de todo en calidad y estilos. El problema mayor, a mi modo de ver, es la separación editorial y comercial entre los autores que viven dentro y fuera de la Isla. Los primeros no tienen a su alcance el mercado internacional y los segundos carecen de sus lectores naturales. Esto es algo que obstaculiza el crecimiento y la promoción de cualquier literatura. Es cierto que hay autores que brillan por sí mismos, pero si la nación (y me refiero al conjunto formado por sus habitantes, vivan donde vivan) aspira a contar con una literatura de peso, la peor política posible es el mantenimiento de esa separación. Lo ideal sería que tanto los autores que viven dentro de la Isla como los que viven fuera pudieran publicar libremente en el extranjero y en Cuba, para que los lectores cubanos (estén donde estén) puedan tener acceso a sus autores. Sé que esto dependerá de los cambios internos en la Isla, así es que habrá que esperar.

En Cuba tienes aún muchos lectores, ¿te seduce la idea de publicar toda tu exitosa obra en tu país de origen?

No descarto la idea. Un reencuentro con los lectores de la Isla sería un gran regalo. Siempre me sorprende la cantidad de personas que me escriben desde allá. Pese a las dificultades con Internet, me encuentran a través de las redes sociales, ya sea por mi sitio web, mi blog o mi cuenta en Facebook. Muchos de ellos no habían nacido o eran muy pequeños cuando me fui. Eso me indica que sigue existiendo una conexión entre los libros que publiqué allí y una generación que nació y creció más tarde. Me gustaría mantener esa continuidad con mis libros posteriores.

¿Qué opinas del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y en qué medida crees que favorecerá la relación de la Isla con su diáspora?

Creo que la Isla crecerá cuando abra sus puertas a Estados Unidos, no solo económica y socialmente, sino espiritual y culturalmente. Por un lado, hay casi dos millones de cubanos viviendo en Estados Unidos. Nunca antes Cuba había contado con una reserva humana tan grande en el exterior, deseosa de impulsar el desarrollo de su país de origen. Por otro lado, los propios Estados Unidos han cambiado mucho en los últimos cincuenta años .Su presidente actual (y los que vendrán) eran apenas bebés o no habían nacido cuando surgió el conflicto entre ambas naciones. Podrán existir desacuerdos, pero esas diferencias no significan una enemistad obligada. Hay que pensar más en las generaciones presentes y venideras, y menos en nuestros propios dolores y rencores. No vale la pena malgastar tanta energía en conflictos que, a la larga, no producen ni conducen a nada útil.

¿Ha cambiado algo en la Daína Chaviano que conocimos y la que hoy es una de las autoras cubanas más conocidas en el mundo?

Creo que, en esencia, sigo siendo la misma. Continúo soñando con mundos mejores.

¿Cuáles son los proyectos literarios en los que trabajas actualmente?

Acabo de entregarle a mi agente una novela que me ha llevado diez años de trabajo, debido a la cantidad de investigación que requería. Ahora me tomaré un tiempo para realizar otras actividades, como impartir un taller de escritura en el Miami Dade College y preparar la ponencia para un panel sobre literatura fantástica en México. Después decidiré entre tres libros que he dejado a medias, y de nuevo a escribir.

Alí Calderón entrevista a Ernesto Cardenal


Fuente: Círculo de poesía | 4 de May del 2012

Alí Calderón* entrevista al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925). Según Fernández Retamar, Cardenal hace “respecto a la gran poesía anglosajona reciente, lo que Darío hizo con respecto a la gran poesía francesa de su momento, es decir, la aclimata en nuestra poesía, en nuestra lengua”. Cardenal mereció el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012.

Alí Calderón: Estamos con el maestro Ernesto Cardenal, uno de los poetas más importantes en la lengua española de hoy. Es un poeta que ha vivido su tiempo intensamente, comprometido también no sólo con el pueblo y la lucha de liberación nacional en distintos países sino con la poesía, con la literatura. Un hombre de acción y un hombre de letras. Maestro, estamos muy contentos de que nos acompañe en este Primer Encuentro Iberoamericano de Poesía Ciudad de México 2006.

Ernesto Cardenal: Gracias, muchas gracias, Alí.

AC: Desde su experiencia, conociendo la literatura, viajando por todo el continente ¿piensa que hay rasgos comunes en la literatura latinoamericana de hoy, en la poesía contemporánea? ¿Puede hablarse de una latinoamericanidad de la poesía?

EC: Creo que cada vez hay un destino más latinoamericano. Realmente estamos cumpliendo ya el ideal de Bolívar de hacer una sola nación. Los latinoamericanos somos latinoamericanos realmente. Cuando yo era joven no era así, teníamos más nacionalidades, más barreras, más fronteras. Y éstas se van borrando. Los escritores y los poetas han ayudado muchísimo a eso, somos muy institucionales, muy latinoamericanos.

AC: ¿Usted cree que ahora la lengua unifica más que la nacionalidad?

EC: Más la lengua, principalmente. La lengua es la cultura, las tradiciones, la historia, todo eso nos une, la lengua madre.

AC: Y desde su experiencia, conociendo la literatura de Latinoamérica ¿considera que hay algo novedoso en la poesía actual?

EC: Esa pregunta es más bien difícil para mí. Hay algo novedoso y algo que no es novedoso, hay algo también que es como repetición en la poesía latinoamericana. Creo que debemos ser también autocríticos, no hacer autoelogio. Yo creo que debemos aprender de otras lenguas, de otras literaturas; en poesía, principalmente, de la de Estados Unidos que me parece la mejor del mundo.

AC: ¿Cuál sería la respuesta de la poesía latinoamericana ante la época que vivimos, la globalización? O puesto de otra manera ¿cuál será la función de la poesía en la sociedad?

EC: La que ha sido siempre. La poesía es la lengua. El hombre comenzó hablando con la poesía. La poesía es el lenguaje, digamos, más elaborado o el lenguaje más concentrado, más sintetizado. Lo que se dice en muchas palabras en la conversación ordinaria o en la prosa ordinaria, en la poesía en muy pocas palabras comunica. Unas pocas líneas de Safo dicen todo un mundo.

AC: En este inicio de siglo ¿usted cree que hay algo nuevo en la sensibilidad del hombre? Usted como artista, como antena de la sociedad ¿cree que hay algo nuevo en la sensibilidad?

EC: Yo creo que sí, cada vez hay más interés por nuestro planeta, por nuestro futuro planetario. Las nuevas generaciones cada vez están apareciendo con esa preocupación, mucho más que antes, mucho más, por ejemplo, que en el tiempo de mi juventud. Entonces no había problemas ecológicos, tampoco entonces preocupación por la crisis ecológica del planeta. Cada vez hay más conciencia. Cada vez hay más crisis, pero también más conciencia de la crisis y cada vez más gente conciente que está apareciendo. Creo que son leyes de la evolución.

AC: Y entrando un poco al tema del estilo de su obra ¿cómo aprecia que ha evolucionado la poesía de Ernesto Cardenal desde Epigramas, de principios de los años sesenta, hasta Cántico Cósmico, por ejemplo?

EC: Creo que es la misma, no ha evolucionado. Únicamente he cambiado de tiempo, no de estilo. Mi estilo, más o menos, ha sido siempre el mismo. Un estilo sencillo, directo, sensible y con diferentes temas. En mi juventud poemas de amor, a las muchachas, después amor a Dios cuando yo tuve una conversión religiosa y Dios se me reveló como la belleza de las muchachas y del mundo.

AC: ¿La muchacha de las muchachas?

EC: La muchacha de las muchachas como dice un místico laico colombiano y, después, eso me llevó también al amor al pueblo y a la revolución. Han sido distintas etapas de mi vida pero, más bien, distintos temas.

AC: Y un poco en esta combinación de religiosidad y de poesía ¿qué le parece fundamental de la época de aprendizaje con Thomas Merton, por ejemplo?

EC: Él fue quien me dio la formación religiosa porque la que yo tenía era la del católico tradicional: devoto y al mismo tiempo infiel a lo que se me enseñaba como preceptos religiosos. Y después, con Merton, yo tuve, digamos, un nuevo cristianismo y aprendí también a ser contemplativo. Enseñándome, él, al ser contemplativo, no tenía por qué separarse del mundo ni aislarse ni despreocuparse de los problemas de su tiempo y de su pueblo. El ser contemplativo era simplemente ser uno más, llevando una vida ordinaria, y eso había que vivirlo de una forma natural.

AC: ¿Qué hay en la poesía de Dios? O ¿de qué manera puede relacionarse Dios con la poesía?

EC: Puede relacionarse y puede no relacionarse porque yo creo que lo mismo es creer en Dios que no creer en Dios. Creo que lo contrario a la fe en Dios no es el ateísmo sino el idolatrismo. En nuestro tiempo, no como la antigüedad, la idolatría es el vicio y la corrupción real y la capacidad del dinero y yo creo esto no vino a fundar una religión. Y si se funda una religión se debe construir la religión del amor al prójimo y yo creo que el cristianismo consiste en amar al prójimo, creyendo o no creyendo en Dios, siendo ateo o no ateo.

1er Encuentro Iberoamericano de Poesía Ciudad de México, 2006.

*Alí Calderón (Ciudad de México, 1982) es poeta, ensayista, editor y crítico literario. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2004 con el poemario Imago Prima, 2005, Universidad Autónoma de Zacatecas. Becario de la primera generación de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía, 2003-2004. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del estado de Puebla, 2006. En 2007 fue merecedor del Premio Latinoamericano de Poesía Benemérito de las Américas con el poemario De ser en el mundo.

¿Qué es para usted la poesía?


Fayad Jamís (Zacatecas, México, 1930 – Ciudad de La Habana, Cuba, 1988). Poeta, pintor y periodista.

Fayad es poeta; Jamís es pintor; Fayad Jamís es a un tiempo uno y otro y maestro por tanto de ambas artes. Ha armonizado las dos agrias terquedades que escandalizaron al Renacimiento con su vocerío en torno a quién era más, si la creación pictórica o la poética… Eliseo Diego (Catálogo de la exposición Zona Postal 4. Museo Nacional. Palacio de Bellas Ar­tes, La Habana, 1977)

3.

¿Qué es para usted la poesía además de una piedra horadada por el sol y la lluvia,
Además de un niño que se muere de frío en una mina del Perú,
Además de un caballo muerto en torno al cual las tiñosas describen eternos círculos de humo,
Además de una anciana que sonríe cuando le hablan de una receta nueva para hacer frituras de sesos
(A la anciana, entretanto, le están contando las maravillas de la electrónica, la cibernética y la cosmonáutica),
Además de un revólver llameante, de un puño cerrado, de una hoja de yagruma, de una muchacha triste o alegre,
Además de un río que parte el corazón de un monte?

¿Qué es para usted la poesía además de una fábrica de juguetes,
Además de un libro abierto como las piernas de una mujer,
Además de las manos callosas del obrero,
Además de las sorpresas del lenguaje —ese océano sin fin totalmente creado por el hombre—,
Además de la despedida de los enamorados en la noche asaltada por las bombas enemigas,
Además de las pequeñas cosas sin nombre y sin historia
(un plato, una silla, una tuerca, un pañuelo, un poco de música en el viento de la tarde)?

¿Qué es para usted la poesía además de un vaso de agua en la garganta del sediento,
Además de una montaña de escombros (las ruinas de un viejo mundo abolido por la libertad),
Además de una película de Charles Chaplin,
Además de un pueblo que encuentra a su guía
y de un guía que encuentra a su pueblo
en la encrucijada de la gran batalla,
Además de una ceiba derramando sus flores en el aire
mientras el campesino se sienta a almorzar,
Además de un perro ladrándole a su propia muerte,
Además del retumbar de los aviones al romper la barrera
del sonido (Pienso especialmente en nuestro cielo y
nuestros héroes)?

¿Qué es para usted la poesía además de una lámpara encendida,
Además de una gallina cacareando porque acaba de poner,
Además de un niño que saca una cuenta y compra un helado de mamey,
Además del verdadero amor, compartido como el pan de cada día,
Además del camino que va de la oscuridad a la luz (y no a la inversa),
Además de la cólera de los que son torturados porque
luchan por la equidad y el pan sobre la tierra,
Además del que resbala en la acera mojada y lo están viendo,
Además del cuerpo de una muchacha desnuda bajo la lluvia,
Además de los camiones que pasan repletos de mercancías,
Además de las herramientas que nos recuerdan una araña o un lagarto,
Además de la victoria de los débiles,
Además de los días y las noches,
Además de los sueños del astrónomo,
Además de lo que empuja hacia adelante a la inmensa humanidad?

¿Qué es para usted la poesía?
Conteste con letra muy legible, preferiblemente de imprenta.

Waldo Leyva gana el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora


El escritor cubano Waldo Leyva obtuvo este viernes 27 de julio, con la obra Cuando el cristal no reproduce el rostro, el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, en su cuarta edición, según el veredicto del jurado compuesto por los escritores Josu Landa Goyogana (México), Raúl Fornet-Betancourt (Cuba) y Gustavo Pereira (Venezuela), dado a conocer en una conferencia de prensa en la Sala de Teatro 2 de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en Caracas.

Dotado con 100.000 dólares y un diploma, el galardón será entregado a Leyva el 21 de octubre, aniversario del poeta Víctor Valera Mora, “El Chino”, quien naciera en Valera (Trujillo) en 1935 y falleciera en la capital venezolana en 1984. Además, la obra será publicada para su circulación sólo en Venezuela y Leyva pasa automáticamente a integrar el jurado de la próxima edición del premio.

“Cuando el cristal no reproduce el rostro es un libro antológico que concilia, en su recorrido unitario y fervoroso, los dones de la memoria ante el tiempo y la desolación”, dice el veredicto. “La poesía acude para conjurar las traiciones del porvenir Cuando el cristal no reproduce el rostro. Indisolubles resaltan en este libro la claridad expresiva —no exenta de las entrelíneas del misterio prodigado por la nostalgia—, la celebración de ésta como hilo conductor entre la circunstancia que pretexta el tema y el tono ajustado al contenido, cuya música discreta y acompasada rinde tributo a la gran tradición poética de nuestra lengua”.

“El libro que ahora premiamos concuerda por lo demás con el espíritu vitalista de la relación de Víctor Valera Mora con el mundo y la palabra”, agrega el veredicto, al que llegó el jurado tras un par de jornadas cumplidas el 25 y 26 de julio. En la rueda de prensa, Pereira apuntó que no fue fácil llegar a esta decisión, dado que los jueces tenían catorce obras preseleccionadas para escoger entre ellas a la ganadora.

Por su parte, Landa Goyogana dijo que en este premio además se muestra una panorámica de la lírica en América Latina y en el mundo de habla hispana durante un período específico, y entre los concursantes destacó dos grandes tendencias presentes. “Hay una a la que yo adjudicaría el libro ganador, que permanece en una poética y lírica que continúa una serie de valores estéticos que se han ejercido y cultivado por lo menos en los últimos cuarenta años, y otra corriente lírica importante, más joven, más abierta a la cifras novedosas del presente”, expresó.

Fornet-Betancourt resaltó la participación de las mujeres en este concurso en cuanto a cantidad de obras y la calidad de ellas. “Hubo más de treinta obras de poetisas, con una poética fuerte. Me impresionó la vinculación el decir poético y la reflexión filosófica, el erotismo”.

Nacido en 1943 en la población de Remates de Ariosa, en Remedios (provincia de Villa Clara), Waldo Leyva es poeta, ensayista, narrador, periodista, dramaturgo, actor y director teatral. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de estética y de literatura cubana e hispanoamericana, y el periodismo como fundador y director de revistas culturales, entre las que pueden señalarse Del Caribe y Letras Cubanas.

Durante varios años ha impartido talleres de creación poética, participado en recitales y dictado conferencias en Cuba y otros países como México, Argentina, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Brasil, Estados Unidos, Alemania, Austria, Suiza, Rusia, Túnez, España, Italia y otros países de América, Europa y África. Asimismo, con el Grupo Trovandante ha participado en giras por España, Venezuela y México.

Ganador, en 2010, del X Premio Casa de América de Poesía Americana (Granada, España), con la obra El rumbo de los días, Leyva ha publicado ensayos y libros testimoniales, así como producciones discográficas. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, alemán, francés, ruso, portugués, italiano, rumano, húngaro, serbocroata, polaco, búlgaro, árabe y otras lenguas.

Ha destacado como antologista poético y además es autor de los poemarios De la ciudad y sus héroes (1976), Desde el este de Angola (1976), Con mucha piel de gente (1982), El polvo de los caminos (1984), Diálogo de uno (1988), El rasguño en la piedra (1995), Memoria del porvenir (1999), El dardo y la manzana (2000), La distancia y el tiempo (2003), Otro día del mundo (2004), Ocultas claves para la memoria (2005), Agradezco la noche (2005), De la máscara y la voz (2006), Breve antología del tiempo (2008), Remoto adagio (2008), Asonancia del tiempo (2009) y Los signos del comienzo (2009).

El Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora es entregado cada dos años por el Ministerio de Cultura de Venezuela a través de la Fundación Celarg, con el propósito de reconocer la creación poética actual, fortalecer vínculos culturales en el escenario internacional y rendir homenaje a la memoria de Valera Mora. En esta edición del certamen participaron libros de poesía escritos en idioma castellano y publicados en primera edición entre el 31 de diciembre de 2009 y el 31 de diciembre de 2011.

En esta edición del certamen, sobre un total de 156 poemarios, participaron cuarenta y un obras provenientes de Argentina; dos de Bolivia; nueve de Chile; veinte de Colombia; una de Costa Rica; siete de Cuba; once de Ecuador; una de El Salvador; 12 de España; dos de Guatemala; quince de México; cuatro de Panamá; doce de Perú; una de República Dominicana; y dieciocho por Venezuela.

Fuente: Letraria

Vivir quince mil vidas


Por Manuel Orestes Nieto.

Pasan años y ocurren libros, y en el centelleo de la recurrente memoria hay escritores que siempre están, en la evocación y en el momento inesperado.  Eso me ocurre —y creo que le ocurre a muchos poetas cubanos— cuando, como un duende alegre, Luis Rogelio Nogueras reaparece, ocurrente, natural y de talento desbordante. (leer más)

La vida en letras


Entrevista a Luis Marré

El Premio Nacional de Literatura 2008 Luis Marré devela sus inicios en la décima, los difíciles años en La Gaceta y algunos detalles sobre su más reciente noveleta Historias de salchichitas…

Por: Yoel Suárez Fernández

Luis Marré ha conocido el mundo con sus ojos pequeñísimos, y con su breve obra lo ha descrito para sí y para su generación. Y aunque su vista es sólo la mitad de buena que hace diez años atrás deja de preocuparse por los sucesos de hoy. Cercano a la luz de una lámpara (de la que precisa para continuar su dieta selecta de versos y prosa) conversamos sin ambages del pasado, y del presente, de lo que será y lo que no.

De la décima a la novela. ¿Cómo llega a la literatura?

Yo hacía décimas, y se las mandaba a Justo Vega (quien un día las cantó). Y al Indio Naborí le gustaron tanto que las elogió en un programa en que participó. Yo defendía la décima llena de tropos, a la manera del Indio Rubiera o Tacoronte. Los demás eran cronistas que hacían crónica en versos, pero nada de poesía; como Justo Vega y Adolfo Alfonso. Estaban horros de tropos, y para mí eso no era poesía.

Dejé de hacer décimas cuando en una feria del libro me encontré con la poesía de Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez. Ya a Lorca lo había leído, además por radio lo oía recitar. La poesía de Juan Ramón me cautivó. Empecé a imitar y descubrí cómo hacer los versos de arte mayor. Ya los octosílabos los sabía hacer. ¡Todos los guajiros saben hacer octosílabos! Descubrí las sinalefas y dónde poner los acentos para que sonara mejor. De Alberti y Juan Ramón tomé lo mejor, e hice una plaquette por el centenario de Jiménez. Después hice Los ojos en el fresco, que incluye mi poesía personal. La que publiqué en Orígenes, Sur, Estaciones y en alguna revista española que no conservo.

Con el tiempo mi poesía cambió un poco: era más coloquial —el coloquialismo estaba de moda. Pero esa no es mi cuerda. Lo mío es la poesía de pensamiento. Y aunque sea coloquial es de pensamiento. Mis poetas favoritos de hoy día son completamente distintos a los de mi juventud. Hace poco releí completo a Juarroz, y a un poeta venezolano que coincidió conmigo en el jurado del premio Casa de las Américas en el 75: Juan Calzadilla. De la gente de mi generación, los autores que más me satisfacían eran Fayad Jamís, por su herencia surrealista —donde están sus mejores poemas—, y Pedro de Oraá, un poeta injustamente olvidado. Y de César López me gusta mucho el Libro de la Ciudad porque es la historia hecha poesía. La intertextualidad que usa.

Usted mismo ha dicho que es vago para escribir.

¡Bueno!, siempre he tenido tareas aparte. Tuve que ganarme la vida trabajando en el campo. Mi familia toda lo trabaja. Hoy día yo soy pobre y ellos son ricos. ¡Cambios que da la vida! (sonríe con sarcasmo). Ellos cultivan flores, crían gallinas, cerdos, conejos. Y fui contador, jefe económico de una fábrica, tuve tareas del Partido, fui secretario de redacción de La Gaceta, estudie Periodismo… ¡Y vivía en Guanabacoa! No vivía cerca de nada. ¡Y no me perdía una exposición! El grupo Los Once cuando hizo la retrospectiva de su obra hace algunos años aparezco yo en las fotos junto a Fayad, Raúl Martínez. Escribía cuando tenía que escribir, nunca adrede. Ahora estoy haciendo una especie de pase de cuentas que es poesía sobre las dificultades. Algunas sobre la miseria (que me ha perseguido desde que nací). Mi madre tuvo nueve hijos. Soy el mayor…y figúrate. Mamá lavaba ropa para la calle, y papá trabajaba con mi familia materna de sol a sol; sin embargo mi tío decía que papá era haragán porque leía, hablaba bien el idioma a pesar de que había llegado solo al tercer grado.

La Biblia nos la leía desde chiquitos, sin ser religiosos. Creía mucho en Cristo y en Dios pero solo nos bautizaba. Mamá era atea completamente. Creía en la Caridad del Cobre, pero como se veía tan mal botó la imagen a la calle. Ella era casi analfabeta. Ella también era la hija mayor.

Su más reciente noveleta ya la ha terminado. Historias de salchichitas. El título fue idea de Arturo Arango y hace referencia a un pene infantil. El volumen habla del machismo cubano. Inicialmente Marré pensó saldría una novela bien larga. Tomó de modelo cosas sucedidas a su hijo y a amigos de su hijo.

Luis me cuenta que a la escritora Nara (Araujo), le gustó mucho el primer capítulo que salió publicado en La Gaceta. De aquello hace ya bastante tiempo. Dice Luis que cuando pasó por su lado Nara le dijo: “Marré, prométeme que vas a terminar esa novela”. Y poco después, la mujer murió producto de una enfermedad que venía carcomiendo su interior. “Eso me sirvió de acicate para continuarla, -confiesa Marré- aunque la reduje a una tercera parte. Debe tener unas 110, 120 páginas con una letra no muy pequeña”. Habla apasionada y extensamente de su más reciente libro. Trata de darme detalle por detalle lo que ocurre a cada capítulo. Narra la juventud de un personaje que tiene amoríos con una joven soviética, la vida de la rusa en la Isla; raras costumbres, güijes, todo converge en la novela.

“Todavía me duele la espalda”

Usted se ha quejado siempre de los años en La Gaceta. Ha llegado a decir que fue su peor momento profesional.

No, no, no. Mientras estuve con Nicolás todo estuvo bien. Después fue un tiempo muy malo. Todavía me duele en la espalda la cantidad de golpes que me dieron en el Consejo Nacional, el obituario de Novas y otras cosas que me dan mucha pena mencionar. Si no es por Ángel Augier y Adolfo Martí, me hubieran botado de la UNEAC.

Pero, ¿siempre fue así en la UNEAC?

Después que Nicolás Guillén murió, pasé tragos amargos. Fui muy mal valorado, bastante preterido. Hubo un Consejo Consultivo en el que me hicieron polvo. Hernández Novas quería que en los Sonetos a Gelsomina (1991) yo me encargara (como editor de poesía de la Editorial Unión) de que saliera en portada la foto de la actriz italiana Giulietta Masina. Fui al ICRT y en Prensa Latina no pude conseguirla. Tocó a la casualidad que mandó una carta insultando a la editorial, y después se pegó un tiro. Alguien escribió un obituario en el que se daba a entender que el hecho ocurrió porque Novas no estaba conforme con la portada del libro de sonetos.

¿Y en verdad la culpa era suya?

¡No, qué va! En una feria del libro me encontré a la hermana de Hernández y fui a pedirle disculpas. Y ella misma me dijo: “ ¡No Marré! Usted no tiene que explicar nada. Él se suicidó por un desengaño amoroso. Mi hermano no estaba bien de los nervios”.

¿Qué hizo al salir de La Gaceta?

Era jefe de la redacción de poesía en la editorial Unión. Ahí trabajé hasta el 94, cuando me jubilé, porque los muchachos se pusieron a jugar con mi computadora y borraron todo lo que había revisado para un muestrario de la poesía cubana que pretendía imitar la que hizo Juan Ramón (Jiménez) cuando pasó por La Habana.

Otros tragos amargos…

Hace poco me preguntaron que por qué yo no era miembro del Consejo Nacional de la UNEAC, y les dije: “Será porque soy medio leocadio y hablo a veces lo que debo callar”. Yo era amigo de mucha gente que estuvo perseguida. No me daba la gana de retirarle la amistad a nadie. Qué me interesa a mi o que cada quien haga con su cuerpo. Mientras no sea un escándalo público. Bueno, ya hoy se ve de otra manera. Recientemente me encontré en mi núcleo del Partido con un directivo de la UNEAC que me hizo la vida imposible. Y le dije que fue el peor jefe que yo había tenido. No debí habérselo dicho porque es un hombre muy enfermo… ¡Pero todavía me duele la espalda de la mano de palos que me dieron!

Descubrir al poeta. Se ha quejado porque, según usted, la crítica lo ignora.

La primera vez que elogian mi poesía lo hacen en una revista, y fue César López. Joaquín E. Santana también escribió algo, pero no le hice mucho caso. Otra valoración la hizo Marino Wilson, profesor de la Universidad de Oriente. Después que me dieron el Premio Nacional de Literatura en 2008 Manuel García Verdecía, Mercedes Santos Moray y otros han escrito algo.

Es muy selectivo a la hora de compilar poemas para formar un libro.

Si uniera ahora mi prosa y mi poesía, daría una doscientas y pico de páginas. Podría poner mucho más, quizá hasta 500 páginas. Ya hice mi testamento, y pienso antes de morirme, darle candela a todo eso que quede fuera, no sea que después a alguien se le ocurra publicarlo.

Sobre la selección A quien conmigo va usted ha señalado que incluye textos representativos y escritos con un impulso sincero; no por obligación ni presionado por las circunstancias. ¿Ha escrito alguna vez por obligación?

Obligación moral y revolucionaria.

Me han dicho que casi todos sus poemas guardan una anécdota. Le voy a leer tres fragmentos de tres poemas distintos y usted me revela qué historia esconden: “Éramos cuatro jóvenes poetas/ descontentos/ en este mismo sitio/ bajo estos mismo álamos/ nos reuníamos” (En el paseo del Prado)

Esos éramos Fayad Jamís, Pedro de Oraá, yo…y quien era el otro… ¿éramos cuatro poetas? (asiento) Puede ser Francisco, pero cuando aquello él vivía en Caibarien. El poema está dedicado a mi amigo Félix Contreras.

Dice el otro: “Compañero, el fusil/ no temblará en tus manos. / Que no se quede mudo/ mi fusil, si yo caigo” (Canción)

Ese lo escribí cuando había amenaza de invasión norteamericana. En una movilización. Cuando aquel famoso barco de guerra estadounidense estaba frente a las costas cubanas. Y está dedicado a un compañero, que podía ser cualquiera.

“(…) Solo tengo el recuerdo de tu olvido/ y desasimiento en la primera angustia. / Sin embargo, te amo todavía: / esta certeza me ha sobrevenido/ con a conciencia de mi soledad”.

Ese es a una persona que no existe. Es un poema de impresión; de hombre solo.

Fuente: UNEAC