Dos décimas. De Tony Guerrero para Wichy; de Wichy para Ámbar


Dos décimas, una de Wichy y otra de Tony Guerrero, aparecerán en el libro Enigmas y otras conversaciones en la próxima Feria del Libro de La Habana, a celebrarse en febrero de 2013, en la colección Homenajes de Ediciones La Memoria, en la sección “Entre esos poetas que admiro” del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Víctor Casaus, 17 de noviembre de 2012

UNA ESPINELA HERMOSA
A Luis Rogelio Nogueras (Wichy )

Era una espinela hermosa
que apareció ante mis ojos,
hecha de pétalos rojos
de la más sublime rosa.
Era una voz melodiosa
que yo vengo a hacerla mía.
Era lo que él más quería.
Era su niña en un sueño.
Era el padre que era dueño
del don de la poesía.

Tony Guerrero
Prisión Federal de Marianna
27 de septiembre de 2012

SUEÑO
Los niños, versos vivos
José Martí

Cuando duermes, hija mía,
en el alma de la noche
quizás tu sueño derroche
lo que busco, la poesía.
Y luego al llegar el día
despiertas y se te olvida
el poema que dormida
compusiste sin esfuerzo.
¡Y a otros hacer un verso
les toma toda una vida!

Luis Rogelio Nogueras
(La Habana, 1944-1985)

Una edición para Wichy


Silvio Rodríguez • La Habana • Diciembre 2006, La Jiribilla

 

Palabras de Silvio en la presentación de la sexta edición del libro Que levante la mano la guitarra.

Ustedes saben que no es mi fuerte esto de empezar a sacar palabras de la cabeza, de las tantas que se me ocurren, y en estos breves espacios escoger las que dirían, con más exactitud, todo lo que uno piensa. Pero un poco metiendo la mano al azar menciono que me agradó muchísimo que Iván Gerardo Campanioni a quien hacía décadas que no veía, un gran poeta de esta generación, que menciono porque se lo merece y no porque tenga sesenta años, me saludara unos instantes antes de comenzar esta presentación.

Él fue uno de los poetas que se reunían alrededor de El Caimán Barbudo, aquel primer caimán, y estuvo en aquel tan citado homenaje “Teresita y nosotros”, que fue, efectivamente, el primer recital en el que participé —solo o en colectivo— después de desmovilizarme de las Fuerzas Armadas. Luego hice muchos otros allí en la salita de Bellas Artes, pero al primero que fui invitado y esto tiene gran significación fue para éste convocado por los autores de El Caimán Barbudo que algunos de ellos eran ex compañeros míos de otra aventura literaria y artística que había tenido muchísimo más joven cuando integré las filas de la revista y el semanario Mella.

Yo, también, dediqué a Wichy estas palabritas que hice muy rápidamente para el final del libro y es hermoso ver que todos coincidimos en lo mismo porque Wichy es el ausente. Pero, para los que lo conocimos es más que el ausente; es un amigo entrañable y un hombre que con su lucidez y su brillantez intelectual, con su carácter jovial, fraterno, maravilloso nos persigue, nos acompaña a todos por igual en la memoria y a veces hasta en los actos cotidianos.

Hemos comentado, a todos nos ha pasado, que en algún momento lo vemos, o recordamos cosas que él dice o en esta situación Wichy diría o Wichy haría. Eso es algo que, constantemente, nos sucede por eso está entre nosotros y no es raro que nosotros hayamos coincidido sin ponernos de acuerdo en dedicar el más reciente esfuerzo relacionado con este libro a su memoria.

Víctor decía que en el momento en que se decidió hacer este libro todavía yo no tenía los espacios que, según él merecía o merezco. Es bastante cierto porque la verdad que hacer un libro sobre mí en el momento en que decidieron hacerlo más que un aval en el ámbito de la cultura podía ser una especie de maldición. Incluso, cuando me propusieron esta idea yo me quedé maravillado y no sé si en algún momento les dije: ¿ustedes están seguros en lo que se van a meter?

Ya existía un antecedente y quiero mencionarlo aquí porque no es ocioso y además porque es un nombre que, al menos a mí, me regresa una y otra vez, que es el de Eduardo Castañeda, un compañero de nuestra generación, que fue dirigente estudiantil y que por los avatares de entonces cayó castigado en la Isla de la Juventud construyendo (estuvo durante todo el período de construcción) la presa Viet Nam Heroico y cuando terminó ese trabajo regresó a La Habana y comenzó a trabajar en el Instituto del Libro cuando se estaba fundando. Él fue el fundador de la Editorial Pluma en ristre y recuerdo que uno de los primeros libros que propuso a esa editorial era una antología de mis canciones. Esto fue en una época muy temprana, es decir antes de que me fuera en el Playa Girón o sea tiene que haber sido entre 1968 y 1969.

Realmente era todavía más osadía plantearse en esos precisos momentos un trabajo de divulgación de mi obra porque en esos momentos yo era una persona —como se ha dicho y también magnificado quizás demasiado— que estaba muy cuestionada por algunos.

Me acuerdo que se hicieron hasta las pruebas de galera; fue un libro en que se adelantó muchísimo. Yo revisé las pruebas de galera y las tuve en mi poder durante muchos años después de haberse frustrado aquello.

Se hizo también un pequeño disco que tenía dos canciones por cada lado y se grabó en la EGREM porque era un libro con un disco. Hasta desde el punto de vista editorial era pionero, pero muy pionero, de algo que se ha hecho después al cabo de las décadas. Todo eso fue idea de Eduardo Castañeda y, lamentablemente, por diversas razones, por problemas de lo que fuera, él murió, se quitó la vida y al desaparecer Eduardo desapareció la posibilidad de hacer aquel libro.

Las personas que tomaron la continuidad de aquel trabajo silbaron y miraron en otra dirección y aquello desapareció por completo. Nunca más nadie me habló de esa posibilidad. Años después fue que Víctor y Wichy me hablaron de hacer Que levante la mano la guitarra que en inicios no se llamaba así.

Se trataba de hacer un libro con mis canciones y que tenía que tener entrevistas y reflexiones porque, justamente, por haber sido una persona cuestionada —no sólo yo sino otros compañeros de generación con los que estaba haciendo el libro— nos parecía bueno que nos pronunciáramos, que habláramos, que dijéramos nuestras opiniones sobre el mundo, nuestro compromiso con el arte, con nuestra vida, con nuestro país… en fin, cómo nos situábamos nosotros en la existencia. Por eso este libro tiene tanto de reflexivo.

Nada más que agradecer a Víctor una vez más, a Wichy, al querido Chino Heras, al Instituto del Libro, al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, haber editado este libro y, sobre todo, que se haya conseguido que se venda exclusivamente en moneda nacional: esto es lo que realmente a mí más me gratifica.

Muchas gracias a todos.

Wichy en la Memoria del Centro Pablo


La vida y la obra de Wichy transitan por muchos espacios abiertos en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau para preservar y difundir la memoria de este creador múltiple y diverso, irresistible encantador de serpientes desde su poesía y su personalidad fosforescentes, autor de novelas y guiones cinematográficos de temas y alcances populares, cineasta y traductor, editor y dibujante, creyente escéptico, hermano de muchos y amante de muchas que le admiraron desde la complicidad de las ideas y de las acciones.

Mirar al Rojo fue una de las primeras exposiciones organizadas en el Centro Pablo, para recordar uno de sus aniversarios, en noviembre de 1997.

Allí se reunieron fotos, documentos y videos, precedidos de estas palabras introductorias:

Aquí están las quince mil vidas del caminante Luis Rogelio Nogueras, Wichy el Rojo, y una más: la que viene de estas fotos y estos documentos y estos libros y va hacia el mañana del que hablaba en sus poemas llenos de esplendor e inteligencia. Aquí está mirando a la cámara, haciéndole muecas a la vida y quizás a la muerte, este novelista y cineasta, poeta y ensayista, hermano de sus hermanos, nativo pelirrojo del Trópico y del mundo —y en especial de esta Isla que amó a su manera, a su tiempo, a su aire nuestro y memorable. Aquí está naciendo y viviendo otra vez en un puñado de imágenes y papeles este creador completo y complejo: un simple mortal, un hombre; pero fuerte, ingenioso y justo en la medida humana. Y es bastante.

Víctor Casaus

La Colección Palabra viva, que reúne las voces de creadores latinoamericanos a partir del archivo personal del periodista Orlando Castellanos, ha incluido en su catálogo dos títulos dedicados a la vida y la obra de Wichy.

El primero de ellos, publicado en soporte de casete digital, al inicio de la Colección, se tituló La alquimia y las musarañas  y lleva estas palabras introductorias de su editora Virgen  Gutiérrez:

Entre las tantas cosas que quiso ser de niño —bombero, aviador, faquir, alquimista (entonces desconocía tal palabra) Wichy, El rojo, Nogueras, o cualquiera de los nombres con que fue conocido y amado Luis Rogelio Nogueras, finalmente se hizo escritor porque la literatura viene a ser “como una alquimia de la palabra”.

Creció entre libros, dentro de una familia que veneraba a un pariente novelista: Alfonso Hernández Catá. Pero no se hizo escritor por mimesis sino porque alguien le dijo, cuando era un adolescente, que se parecía a Carlos Pío Urbach. Cuando supo que este escribía, decidió que él debía hacer lo mismo, aunque muy pronto descubrió que su parecido con aquel “era el mismo que podía haber entre un diccionario Larousse y un catcher.” Entonces comenzó a escribir en serio.

A los 22 años ganó con Cabeza de zanahoria el premio de poesía, compartido con Lina de Feria, en la primera edición del concurso David que desde 1967 convoca la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Ejerció diversos oficios: editor de libros y de revistas, periodista, autor de novelas, guionista de cine. Sin embargo, fue la poesía su ocupación predilecta. Con ella obtuvo las mayores satisfacciones y de eso nos habla en este casete para que disfrutemos de su voz ya que él, en una de esas travesuras con que sorprendía a sus amigos, se escondió de nosotros hace quince años. No dudo que ande junto al Dr. Zen poblando islas perdidas o repose en una remota cueva donde lee a Blanca Luz los versos de Apollinaire.

En esta grabación Luis Rogelio Nogueras lee diecisiete de sus poemas y Silvio Rodríguez interpreta su canción, dedicada a Wichy, “La tonada inasible”. Las grabaciones de las entrevistas y los poemas de Luis Rogelio Nogueras han sido tomadas del archivo personal de Orlando Castellanos.

El segundo volumen de Palabra viva dedicado a Wichy fue publicado en soporte de CD con el título de El juego del escorpión y aparece precedido, en el disco y en el sitio del Centro Pablo,  por estas palabras de su editora:

A partir de los 35 años Luis Rogelio Nogueras comenzó a jugar con el año de su nacimiento. Al propio Orlando Castellanos, quien lo entrevistara en varias ocasiones, le dio, al menos, dos fechas diferentes, por ello se incluyen ambas versiones en este disco, aunque podemos afirmar, con conocimiento de causa, que fue 1944 el año real de su llegada a la vida. Al menos, a su primera vida.

Tal vez porque quería engañar a la del vestido morado, o para seguir jugando con sus biógrafos desde otra dimensión (algunos ya han caído en la trampa) se complacía en estas ingenuidades.

Y es que, a pesar de todo su talento, de esa capacidad que tenía para armar sus historias y de su gran sensibilidad para la poesía, Wichy (para nosotros siempre será Wichy) tenía alma de niño. Y para los niños, ya se sabe, el juego constituye el don más preciado de la existencia. Disfrazarse con espejuelos oscuros y un sombrero, llamar por teléfono a un amigo imitando la voz de un húngaro o un francés para dar una cita apócrifa, escribir un poema como si fuera un viejo de ciento ocho años o un niño de tres, eran parte de las cosas cotidianas que le hacían feliz.

Y esa felicidad la transmitía a todos los que le rodeaban porque los hacía partícipes de su mundo imaginado, como si quisiera vivir en una, las quince mil vidas que ideó en sus poemas. Fantaseando, amando, escribiendo hasta el último momento de su lucidez, vivió este cisne salvaje, al que recordaremos siempre a pesar de su escapada a una de esas fábulas que él creó.

El disco incluye siete poemas en su voz: “Oficio”, “Poética”, “Poesía trunca”, “Ama al cisne salvaje”, “La suerte está echada”, “Viaje” y “Nocturno”. Y dos canciones: La tonada inasible de Silvio Rodríguez y Décimas para Martí, textos de Nogueras musicalizados e interpretados por Martín Rego.

Las Ediciones La Memoria del Centro Pablo publicaron en el año 2003 el libro De nube en nube, que incluye crónicas inéditas o poco conocidas de Wichy.

Este libro perteneciente a la Colección Homenajes contó con prólogos y notas de Silvio Rodríguez, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera y Virgen Gutiérrez.

En la contratapa del libro, que puede descargarse íntegramente en formato PDF desde el portal del Centro Pablo, aparece este breve texto introductorio:

Como se verá por las firmas y muchos de los nombres que aparecen en sus páginas, De nube en nube es un libro hecho desde la amistad. Ediciones La Memoria lo publica en su Colección Homenajes para entregar a antiguos y nuevos lectores esta zona menos conocida de la obra de Luis Rogelio Nogueras, uno de los creadores más multifacéticos, imaginativos y rigurosos de la segunda mitad del siglo XX cubano.

Poeta, narrador, ensayista, guionista cinematográfico y realizador de dibujos animados, editor, periodista, traductor, Wichy (o el Rojo, como también puede o debe llamársele) nos dejó una obra extensa e intensa en esos terrenos. En este libro se reúnen por primera vez sus crónicas y artículos dispersos en publicaciones periódicas, con los que el autor recorrió temas y escritores preferidos o acompañó la memoria de sus múltiples viajes.

También en estos textos que acostumbramos a llamar menores —como en su imprescindible obra poética y en el universo de sus novelas y cuento— Wichy nos reafirma aquella máxima horaciana que citaba en sus conversaciones juveniles y que incluyó como exergo en alguno de sus libros: «No moriré del todo».

Así, desde la amistad, la complicidad y la admiración, se ha recordado (se recuerda) en las paredes, los papeles y las pantallas del Centro Pablo la vida y la obra de Wichy. Así se comparten ahora también desde este blog que difunde intensa y amorosamente su poesía y su pensamiento.

Víctor Casaus