Materia de poesía


Qué importan los versos que escribiré después
ahora
cierra los ojos y bésame
carne de madrigal
deja que palpe el relámpago de tus piernas
para cuando tenga que evocarlas en el papel
cruza entera por mi garganta

entrégame tus gritos voraces
tus sueños carniceros

Qué importan los versos donde fluirás intacta
cuando partas
ahora dame la húmeda certeza de que estamos vivos
ahora
posa intensamente desnuda
para el madrigal donde sin falta
florecerás mañana

 

Luis Rogelio Nogueras

Anuncios

Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”


Daína Chaviano: “Continúo soñando con mundos mejores”

 

A Daína Chaviano, la muchacha que revitalizó la ciencia ficción y la literatura fantástica en Cuba en la década de los ochenta, debo recuerdos entrañables. Senel Paz, Daína y yo ganamos el Premio David de 1979 cuando los tres éramos solo proyectos de escritores. Daína decidió marcharse de Cuba en los noventa pero ni sus lectores ni sus viejos amigos la olvidan.

Modesta, talentosa y bella, nunca tuvo enemigos y su dulzura y carisma siguen cautivando a quienes se le acercan, a pesar de que es uno de los nombres de la literatura cubana más conocidos y premiados en el panorama internacional.

Recientemente, Ediciones La Luz, de Holguín, publicó su libro de poemas Confesiones eróticas y otros hechizos. En ellos está nuestra Daína de siempre, sus mundos esotéricos, su vocación por lo maravilloso y extraño y su amor terrenal y desprejuiciado traducido en una escritura enigmática y sobreabundante.

Apenas terminé de leer este libro sentí la necesidad de comunicarme con ella. Y así lo hice. Reveladora de sus cualidades humanas y su culto a la amistad fue la rápida respuesta que dio a mi cuestionario a pesar de que me habían advertido que para las entrevistas ella era “muy especial”.

En la actualidad, Daína Chaviano está considerada una de las autoras más relevantes del género fantástico en Hispanoamérica. La parapsicología, lo sobrenatural y la magia y la complejidad de las relaciones humanas, son algunas de sus obsesiones más arraigadas. Además de dos premios obtenidos en Cuba (el ya mencionado David y La Edad de Oro) ostenta otros de gran relieve internacional como el Anna Seghers, de la Academia de Artes de Berlín, el Azorín de novela en 1998, el Fernando Gallardos en 2003 y el Malinalli en 2014. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

Sin embargo ella confiesa seguir siendo la misma Daína de siempre. Las respuestas que dio paraOnCuba confirman su fidelidad a sí misma y a sus lectores de Cuba y fuera de ella, y evocan lo mejor de sí misma: su vocación por la conciliación y el diálogo entre la Isla y su diáspora. He aquí mis preguntas y sus valiosas respuestas.

¿Por qué publicar en Cuba estos poemas, escritos en los años ochenta en la Isla y no otros libros más recientes?

La publicación del poemario se debe a una invitación que me hizo Adalberto Santos Leyva, editor de Ediciones La Luz, quien me contactó a través de mi página de Facebook. Desde el inicio, la propuesta fue ese poemario. La acepté con gusto, después de que mi agente literaria no pusiera reparos. Aunque había sido escrito en los años 80, se trataba de un libro que no se conocía en la Isla, así es que sería nuevo para los lectores cubanos.

Dedicas tu poemario a Luis Rogelio Nogueras. ¿Qué recuerdos personales y qué valoración literaria tienes de esa persona?

Wichy ha sido una de las personas más importantes en mi vida. Lo conocí poco después de ganar el premio David de ciencia ficción, a principios de la década de los 80. No sé si recordarás que fuiste tú quien nos presentó en el portal de la UNEAC. A partir de ese día se convirtió en mi sombra, en una especie de cómplice y guía existencial que no se separaba de mí. Era un hombre sumamente inteligente, de una memoria extraordinaria, con un sentido del humor muy fino, siempre en función del conocimiento y del chiste intelectual, sin que ese término, en su caso, significara pedante o impostado; todo lo contrario, era un tipo muy chispeante e ingenioso. Me dio a conocer maravillas literarias, desde poetas raros hasta clásicos del erotismo. Fue una relación de cinco años que para mí representaron siglos de aprendizaje. Dejó una huella tan profunda en la joven que yo era entonces que, no solo muchos poemas de esa época, sino incluso dos de las novelas que escribí fuera de Cuba están inspiradas en conversaciones y lecturas que compartí con él. Sigo admirando su poesía, que aún me parece tan buena como la primera vez que la leí.

¿Cómo ha sido tu vida desde que te fuiste de Cuba?

Muy variada y llena de giros inesperados. He pasado momentos difíciles, aunque otras experiencias han sido espléndidas. En términos profesionales, fui traductora, reportera y columnista; también editora y directora de revistas como Discover, Newsweek y Architectural Digest. Impartí clases en la Universidad Internacional de la Florida, mientras hacía un doctorado que finalmente abandoné cuando La isla de los amores infinitos se tradujo a 25 idiomas. Desde ese momento me dediqué a escribir a tiempo completo. Por otra parte, he disfrutado la posibilidad de explorar y acercarme a temas esotéricos que siempre me han interesado, de conocer países y lugares mágicos, de interactuar y moverme en ambientes muy heterogéneos. He recibido reconocimientos y galardones que no esperaba, tanto en universidades como en ferias del libro. Y más importante aún, tengo nuevos lectores que me escriben desde todas partes del mundo. En ese sentido, no me puedo quejar.

¿Qué opinas de la literatura cubana que se escribe tanto dentro como fuera de la Isla?

Como ocurre siempre, hay de todo en calidad y estilos. El problema mayor, a mi modo de ver, es la separación editorial y comercial entre los autores que viven dentro y fuera de la Isla. Los primeros no tienen a su alcance el mercado internacional y los segundos carecen de sus lectores naturales. Esto es algo que obstaculiza el crecimiento y la promoción de cualquier literatura. Es cierto que hay autores que brillan por sí mismos, pero si la nación (y me refiero al conjunto formado por sus habitantes, vivan donde vivan) aspira a contar con una literatura de peso, la peor política posible es el mantenimiento de esa separación. Lo ideal sería que tanto los autores que viven dentro de la Isla como los que viven fuera pudieran publicar libremente en el extranjero y en Cuba, para que los lectores cubanos (estén donde estén) puedan tener acceso a sus autores. Sé que esto dependerá de los cambios internos en la Isla, así es que habrá que esperar.

En Cuba tienes aún muchos lectores, ¿te seduce la idea de publicar toda tu exitosa obra en tu país de origen?

No descarto la idea. Un reencuentro con los lectores de la Isla sería un gran regalo. Siempre me sorprende la cantidad de personas que me escriben desde allá. Pese a las dificultades con Internet, me encuentran a través de las redes sociales, ya sea por mi sitio web, mi blog o mi cuenta en Facebook. Muchos de ellos no habían nacido o eran muy pequeños cuando me fui. Eso me indica que sigue existiendo una conexión entre los libros que publiqué allí y una generación que nació y creció más tarde. Me gustaría mantener esa continuidad con mis libros posteriores.

¿Qué opinas del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y en qué medida crees que favorecerá la relación de la Isla con su diáspora?

Creo que la Isla crecerá cuando abra sus puertas a Estados Unidos, no solo económica y socialmente, sino espiritual y culturalmente. Por un lado, hay casi dos millones de cubanos viviendo en Estados Unidos. Nunca antes Cuba había contado con una reserva humana tan grande en el exterior, deseosa de impulsar el desarrollo de su país de origen. Por otro lado, los propios Estados Unidos han cambiado mucho en los últimos cincuenta años .Su presidente actual (y los que vendrán) eran apenas bebés o no habían nacido cuando surgió el conflicto entre ambas naciones. Podrán existir desacuerdos, pero esas diferencias no significan una enemistad obligada. Hay que pensar más en las generaciones presentes y venideras, y menos en nuestros propios dolores y rencores. No vale la pena malgastar tanta energía en conflictos que, a la larga, no producen ni conducen a nada útil.

¿Ha cambiado algo en la Daína Chaviano que conocimos y la que hoy es una de las autoras cubanas más conocidas en el mundo?

Creo que, en esencia, sigo siendo la misma. Continúo soñando con mundos mejores.

¿Cuáles son los proyectos literarios en los que trabajas actualmente?

Acabo de entregarle a mi agente una novela que me ha llevado diez años de trabajo, debido a la cantidad de investigación que requería. Ahora me tomaré un tiempo para realizar otras actividades, como impartir un taller de escritura en el Miami Dade College y preparar la ponencia para un panel sobre literatura fantástica en México. Después decidiré entre tres libros que he dejado a medias, y de nuevo a escribir.

Caimán no come caimán… pero sí poesía


Del blog de Félix Contreras

De arriba hacia abajo: Víctor Casaus, Froilán Escobar, Luis Rogelio Nogueras y Félix Contreras. (Fuente: https://felixcon.wordpress.com/galeria/)

Por: . 22|6|2015

El Caimán Barbudo es lo más parecido a su circunstancia natal, a los días de su fundación. La nación despertaba de dictaduras, escándalos de corrupción, robos y gansterismo, y se iniciaba la década más fundadora de su historia tras la victoria de 1959: Instituto de Reforma Agraria, Consejo Nacional de Cultura,  Casa de las Américas, UNEAC,  ICAIP, entre otras instituciones.

La cultura toma vuelo, trasciende la magia negra del bongó y la tumbadora, la cultura popular entra en interesantísimo proceso de rescate, redescubrimiento y revaloración: Benny Moré, el son, Arsenio Rodríguez, la guaracha, Antonio Arcaño, la rumba, Rita Montaner, Bola de Nieva, Chano Pozo, Carlos Embale,  Ñico Saquito, El Chori, son rescatados (de Las Fritas de Marianao) y colocados en el sitio de la alta cultura con Saumell, Beethoven, Lecuona, Bach, Ignacio Cervantes, Ignacio Piñeiro, Bizet, Roldán, Caturla, Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier…

Asombrados, vemos y sentimos toda esa eclosión que nos devela de modo directo, sin el dedo “magistral” de la retórica, nuestra cultura, nuestro país. Somos ejemplo de cómo una nueva generación, con recursos y voluntad política del estado, además de inserción en la sociedad, encuentra campo para su realización profesional en el omnipresente nuevo marco institucional de ese proceso de renacimiento cultural que borra el aislamiento, que localiza al individuo y lo lleva a la convergencia con el otro, con los otros.

Época tan radicalmente nueva, fascinante, madre de asombros que hasta los millonarios donan tractores y arados para la Reforma Agraria.

Leíamos —al mismo tiempo— a Martí, Tallet. Guillén (el “malo” y el “bueno”), Machado, Escardó, la Loynaz, Whitman, Eluard, Ballagas, Casal, Boti y Poveda,  Carilda, Agustín Acosta, Pedroso, Florit e igual, al mismo tiempo, descubríamos, sin emoción vergonzante —con Helio Orovio— el Mamoncillo de la Tropical al ritmo de Benny More y su fabulosa Banda Gigante, o a Roberto Faz y su Conjunto, que nos dio con el bolero otra vertiente de la poesía.

¿Dónde y cómo se encuentran los futuros caimaneros?

El único núcleo de jóvenes poetas existente en la isla eran los de El Puente —con editora— con José Mario a la cabeza. Enfrente teníamos, vivos y radiantes, a los grandes poetas de Orígenes (Lezama, Diego, Cintio, Fina, Baquero), dándonos saludable y estoico ejemplo de la necesidad y utilidad de la poesía y también, los más jóvenes de la generación del 50 (muy recelos con nosotros) que igual respetábamos: Retamar (“en cazuela”, parodiaba Wichy), Padilla, César López, Pablo Armando Fernández,  Fayad Jamís, Manuel Díaz Martínez, José Álvarez Baragaño y otros.

Amábamos todo lo que oliera a poesía, la buscábamos en la calle, en el lenguaje del vivir cotidiano y en la parodia. Lo lúdico como antídoto a la retórica finisecular heredada, todo lo que fuera juego, jugar con la palabra y los nombres, todo lo que fuera mecanismo de creación porque poesía era todo, y todo era posible.

Un grupo muy matizado, típico de la diversidad de procedencia socio-cultural. No éramos individuos escogidos o seleccionados, sujetos o atendiendo a un programa ideo-estético, ideológico, religioso o de la francmasonería, etc.

Nos escogió el azar y agrupó la poesía.

El Caimán Barbudo encuentra su núcleo fundador en la Brigada “Hermanos Saíz”, fundada en 1965 en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional. Recuerdo allí ese día a Sigifredo Álvarez Conesa, mi condiscípulo en la Escuela de Instructores de Arte, Manolo Vidal (pintaba y escribía), Helio Orovio, Rafael Escobar Linares, electo de presidente de la sección de literatura —redactor de la revista Mar y Pesca—, Argelio Sosa (becado, cursaba el preuniversitario en Ciudad Libertad), René Allouis (“algo chiflado”, traductor de películas en inglés y en la radio), Maggie y Roger, inseparables, más amantes y con más pegadera que Romeo y Julieta.

Salvo los mencionados Sigifredo y Orovio, no recuerdo al resto de los caimaneros en la Biblioteca. Presumo que los conozco después en la UNEAC, sede de la Brigada, cuando comienzan allí sus reuniones los sábados, de una de la tarde a siete de la noche. Todos éramos inéditos, aún sin ningún interés en publicar. La lectura e interactuar con los otros, ocupaban todo nuestro tiempo.

Tengo nítido mi primer encuentro con Wichy (Luis Rogelio Nogueras) y Froilán Escobar: la Brigada celebra una lectura colectiva de poemas, yo tenía los bolsillos llenos de versos dedicados a un almendro, y Sigifredo —en cuyas manos quedaron para siempre— me pide que lea algunos. Al final fuimos al restaurante Los Siete Mares y yo súper contento, pues tenía también siete mares pero de hambre. Con Froilán, Orovio, Víctor y Wichy intimé más.

La realidad cultural se fue diversificando y con ella, nosotros: unos entraron a la universidad, nosotros, los de poca escuela, al autodidactismo, a comernos el mundo.

Fuente: El caimán barbudo, la revista cultural de la juventud cubana

Transformar para bien la cultura cubana


Lisandra de la Paz • La Habana, Cuba
Fotos: Yaima Amador, Maribel Amador
Fuente: Revista Digital La Jiribilla

Las hojas secas que se arrastran hacia la oscuridad en un bosque donde habita el lobo y el hombre nuevo, descubren a un libro rojo que, desteñido, es más bien color zanahoria. Y esas hojas secas, que nos rodearon y cubrieron de magia e historia no tan olvidada, las desprendieron Pedro Juan, y Senel, y Guillermo, y Luis Rogelio.

En boca de Francisco López Sacha estuvo la presentación, bajo el sello de la Colección Sur Editores, de cuatro libros que reflejarán perpetuamente, mediante la poesía, la realidad cubana.

Cabeza de zanahoria abrió el hueco en la velada por donde se meterían los demás volúmenes. Luis Rogelio Nogueras con su sabido sentido del humor, jugó con los artificios de la inocencia y la infancia. A decir de Sacha, es un análisis, una expresión irónica y burlesca, mediante la cual, paga las deudas con los poetas que lo formaron. Se nota, además, un lirismo que va marcando una nueva generación de poetas, nueva generación que, a su vez, se vio influenciada por este clásico de la poesía cubana. Llega un momento en el libro en que el poema empieza a vivir por sí mismo, por la naturaleza causal de las cosas, lo que constituye un tránsito vital por la historia.

Desde otra orilla de aquel mar que emergió esa tarde, irradió en la sala la luz de Guillermo Rodríguez Rivera con El libro rojo, que miró desde otra perspectiva la poesía coloquial cubana, según el presentador. “Se percibe un conflicto entre el individuo, el poeta y la historia, haciendo un balance de la poesía que le antecedía. Este libro es de por sí una ironía con el Libro rojo de Mao Tse Tung; su búsqueda de decir todo se mezcla con la poesía, el testimonio, la voz del poeta, el sujeto lírico, el narrador…, allí donde está sonando el mundo áspero de la Revolución”.

Imagen

En la década del 70, momento en que surgió el libro, existían diferencias radicales entre el punto de vista que Guillermo inauguraba y las políticas de esos años en Cuba. “El  problema de la poesía política es que cuando pasa el tiempo, hay que explicar los hechos, porque se van olvidando. Este es solo un pequeño libro doctrinario”, afirmó el autor.

El vacío de la existencia, la inutilidad de todo esfuerzo, la carencia de sentido…, era el verdadero mundo en el que quería entrar Pedro Juan Gutiérrez Arrastrando hojas secas hacia la oscuridad, que la Colección SurEditores regala por vez primeraSacha lo trataba como poesía porque decía sentir la obsoleta calidad de esos textos, “el libro es el destino mismo de seres humanos anónimos que van hacia la muerte”.

Pedro Juan contó que, al terminarlo, sintió casi arrepentimiento porque le pareció demasiado depresivo y melancólico, pero “me he dado cuenta que cada libro que se escribe es solo una huella del momento en que  se escribe, me doy cuenta que uno está vinculado a cada uno de los personajes. La poesía es libertad, porque cuando se escribe, uno no la piensa”.

Imagen

El lobo, el bosque y el hombre nuevo, relato del que posteriormente surgió el guión cinematográfico del filme Fresa y Chocolate, también presentado en esta ocasión, es uno de los cuentos más leídos, más populares en Cuba y más polémicos, que dividió en dos la historia del cuento cubano, alegó el presentador.

Agregó que “el cuento enfocaba un gran problema, el problema del otro, del por qué el otro es discriminado, de por qué no tiene voz, de por qué no puede hablar… ¿Simplemente es por su orientación sexual? Plantea todas las discriminaciones, y no solo la discriminación sexual.

“Se ve la naturaleza del ser, del hombre y la mujer en Cuba en aquellos años, y de aquel muchacho dogmático que se transformó y gritó «voy a ayudar al próximo Diego, y el próximo Diego va a llegar»”.

El guión plantea casi lo mismo, explica Sacha refiriéndose a Fresa y Chocolate. Mientras que el relato es un recuerdo desde el futuro, el guión es lineal. Pero lo más importante en este guión es que se crean bandos de personajes. Primero se ve un David que está en el bando de los simuladores, y después se pasa al bando de los auténticos, el bando de Diego y Nancy.

“¿Por qué no confiar en la humanidad toda? ¿Por qué se ha confiado en los simuladores y no en la humanidad toda?”, son las preguntas que  Francisco López Sacha se hace a propósito de la obra, que, según él, demuestra hasta dónde es necesario ser consecuentes y honestos para llegar a cumplir los sueños de los personajes.

“Todas estas obras –concluyó Sacha- han ayudado a cambiar para bien la cultura cubana”.

A modo de elegía


Poema de Waldo Leyva

No puedo evitar que me sorprenda esa costumbre
nuestra: dar de beber primero a los ausentes.
No se trata de convocarlos a la fiesta,
ni tampoco es un ritual de la memoria.
Los muertos beben solos.
A medida que los años pasan
el silencio sin ruido, ayer imperceptible,
empieza a acompañarnos,
a dejar sus huellas sobre las sábanas,
a sustituir con nuestro rostro la cara del amigo.
Ayer, mientras descorchaba mi añejo de reserva
para brindar por la llegada de otro año
supe, sin duda alguna,
que debía mojar un rincón de la casa.
Para quién era el trago? ¿A quién debía evocar?

¿Acaso a Luis, muerto a los treinta y dos años
cuando la poesía empezaba a crecer
en su garganta y le dolía en el costado
eseescuálido y turbio ángel del desamor?
¿Tal vez a Wichy el Rojo, quien seguramente
continuará en su eterno retornógrafo,
dialogando con Tristan Tzara
o con Guillaume Apollinaire, el soldado polaco
de sus versos?
Los muertos beben solos, me repito,
pero voy con la botella
hasta el rincón más íntimo de casa
donde Ángel Escobar, sudoroso y suicida,
masca alucinado hojas de curujey,
pide al alcor funesto que aparte a los forenses
y sigue diciéndonos, para que no lo olvidemos,
…moriré/ solo de mí: no llevo un clavel rojo
en la solapa, no puedo sonreír:
alguien siempre dispara
su pistola en medio del concierto…

Los muertos beben solos, insisto,
y el ámbar del añejo deja en el aire breve
una línea sin origen ni fin donde Raúl,
desde su enorme silencio, aparta la vieja pistola
de su animal civil y dice a Gelsomina:
Ven…a ver al niño enfermo
que allí en su lecho abandonado yace…
mientras Ignacio Vázquez se pone el pecho
de Sor Juana para decir los versos que le dicta
su esquizofrenia contagiosa.
¿Dónde está Juan Puga? Lo busco por la casa
y vuelvo a mi balcón pero en esta noche de diciembre
no están los flamboyanes florecidos
ni puedo intuir los almendros agrestes de su tierra.
¿Será cierto lo que una vez le dije:
empiezas —y eso duele— a ser olvido?
No tengo Pacharán, querido hermano, pero te ofrezco
este trago de ron. ¿Lo compartimos?
Los muertos beben solos
le digo a los que esperan y ríen satisfechos
sin sospechar que alguien los va a evocar mañana
derramando licor por los rincones.
Naborí ya lo dijo recordando a Simónides de Ceos
Arrobados de sueños y paisaje
creemos infinito nuestro viaje
pero ¡ay! el viaje es demasiado breve.
Hay muertos más recientes, muertos
como Jesús Cos Causse que se llevó algo de mí, raigal,
aunque dejaba, detrás de cada verso algún ruido del corazón.
Negro, brindemos por Nilda Arzuaga;
no sé si ella, en algún sitio del planeta,
se acuerda de tus versos, de aquella noche cómplice
junto a la ventana de Luz Vázquez
pero vamos a repetirlos tú y yo para que los oiga
donde quiera que esté.
Mañana la historia
le pondrá un rostro extraño
a nuestro amor y nuestras cartas serán leyendas
para los poetas de entonces.
Uno no sabe nunca en qué amor acabarse, en qué
salto cruzar las cenizas.
Hay muertos más recientes, lo repito,
muertos que nos dejaron definitivamente huérfanos.
Pienso en Joel, en su ternura brusca,
en su cortante lucidez, en su diálogo intacto con los loa
buscando una explicación para sí mismo,
para nosotros, para esta Isla entrañable que nos duele.
¿Encontraste al Bon dieu hermano?
No tengo el preparado de aguardiente
con las yerbas de monte pero bebe, bebe conmigo
este añejo hecho con las mejores aguas de la tierra.

Los muertos beben solos.

Roberto Fernández Retamar: poesía como un himno


Artículo de Luis Rogelio Nogueras publicado en Granma [La Habana], 4 de noviembre de 1980, p. 6.

Cuentan que, en su lecho de muerte, cierto escritor español le hizo señas de que se acercara a uno de los amigos literatos que lo rodeaban. «Voy a hacerte una confesión» —le susurró con voz apagada; emocionado, el amigo contuvo la respiración y aproximó una oreja a los pálidos labios del moribundo: «Me aburre el Dante.»

No voy a esperar a mi (ojalá lejana) hora postrera para decir cuánto me ha gustado siempre la poesía de Fernández Retamar, esa poesía que desde los gallardos y juveniles endecasílabos de Elegía como un himno (1950) a los maduros versos de Juana y otros poemas… (1980) ha recorrido ya treinta intensos años. Una de las principales virtudes que tiene cualquier antología literaria personal es la de ofrecer —desplegados, por decirlo así, en abanico sincrónico— los avances, estremecimientos y transformaciones de un modo de escribir — en este caso concreto, de un modo de escribir poesía—; pero también —lo cual es, al fin y al cabo, lo más importante— los avances, estremecimientos y transformaciones de un hombre. Es por eso que en Palabras de mi pueblo (selección de poemas de Fernández Retamar publicada recientemente por la editorial Letras Cubanas en su colección Giraldilla) hay algo más que versos: hay tres décadas de una vida, miles de nocturnas y diurnas horas de apasionada fidelidad a la poesía.

Palabras de mi pueblo reúne fragmentos de Elegía como un himno y 131 poemas de otros nueve libros: Patria (1949-1951), Alabanzas, conversaciones (1951-1955), Aquellas poesías (1955-1958), Sí a la Revolución (1958-1952), Buena suerte viviendo (1962-1965), Que veremos arder (1966-1969), Cuaderno paralelo (1970), Circunstancia de poesía (1971-1974) y Juana y otros poemas personales (1980). La selección ilustra magníficamente el porqué del reconocido prestigio de que goza la poesía de Roberto hoy en el mundo de habla hispana.

Íntima y cotidiana. ¿Podrían acomodársele estos adjetivos a la obra poética de Retamar? ¡Y por qué no! Creo —estoy seguro él mismo lo reconocería— es en esos versos suyos, nacidos de experiencias acaso o casi siempre comunes (la Revolución, el amor, la amistad, la muerte), pero que han sido vividas en el papel de una manera íntima e intransferible, donde está lo mejor de su poesía. Los momentos más felices de Alabanzas, conversaciones, de la memorable compilación Con las mismas manos, del intenso cuadernillo Historia antigua, o de Buena suerte viviendo; los grandes poemas de Circunstancia de poesía («Para una torcaza», por ejemplo, o «Aniversario») son aquellos que reconocemos como muy próximos a nuestras más caras y cotidianas experiencias —esos «latidos humanos» del día a día, que van desde la política hasta el amor. No importa si el acercamiento formal a un tema se produce a través de la gravedad o del suave humor (Roberto Fernández Retamar es un maestro del tono, el detalle, la palabra justa). Lo que importa, en este caso, es la convincente, conversadora intimidad que en sus mejores poemas logra trasmitir. Cuando sentimos que un poeta habla por nosotros (el poeta habla por todos, decía Lope); cuando nos reconocemos en sus versos; cuando decimos, después de leerlo, «en efecto: así me fue a mí en este o aquel minuto de mi vida», entonces, se ha producido ese mágico contacto entre el que escribe y el que lee, esa fraternal e invencible relación entre el que habla y el que escucha sin los cuales no vale la pena siquiera hablar de poesía.

Algunos poetas tienen el don tronante de la épica pero no saben susurrar. Poquísimos —como Neruda— truenan y susurran, y en ambos casos el idioma sale enriquecido y ganando el lector.

Roberto Fernández Retamar —el mejor Roberto Fernández Retamar— canta en voz baja. No estoy hablando de esa estúpida y falsa diferenciación entre poetas mayores y menores (¿Garcilaso un poeta menor? ¿Quintana un poeta mayor?) que algunos críticos miopes asocian con el coro y el aria. En voz baja también dijeron lo suyo en su hora Boscán y Machado. ¿Y quién niega que en voz baja no puedan cantarse también himnos?

De esos treinta años de poesía, mi generación ha aprendido mucho. A veces pienso que debe ser una inmensa alegría descubrir (como habrá hecho, en complacido silencio, Retamar) algunas de sus huellas en los poetas que vinieron después. Debe de ser una experiencia extremecedora sobrevivir en la obra de otros, saber que nuestras palabras no cayeron en el vacío, que no escribimos en vano.

Halt!

Minientrada


Halt!

La artillería israelí sigue cañoneando
campamentos de refugiados palestinos
en el sur del Líbano.

(de la prensa)

Recorro el camino que recorrieron 4 000 000 de espectros.
Bajo mis botas, en la mustia, helada tarde de otoño
cruje dolorosamente la grava.
Es Auschwitz, la fábrica de horror
que la locura humana erigió
a la gloria de la muerte.
Es Auschwitz, estigma en el rostro sufrido de nuestra época.
Y ante los edificios desiertos,
ante las cercas electrificadas,
ante los galpones que guardan toneladas de cabellera humana,
ante la herrumbrosa puerta del horno donde fueron incinerados
padres de otros hijos,
amigos de amigos desconocidos,
esposas, hermanos,niños que, en el último instante,
envejecieron millones de años,
pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos desnudos, ateridos
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno.

Auschwitz-Cracovia octubre 21 de 1979